Viure bé
Álvaro Puche, entrenador personal: «Si solo caminas, caminas hacia la enfermedad»

Caminar se ha convertido en el hábito universal para cuidarse: es barato, accesible y encaja en cualquier agenda. El problema es que muchas rutinas se quedan aquí, aunque las recomendaciones de actividad física de la OMS apuntan a un enfoque más completo para proteger la salud a largo plazo. En este matiz suele estar la diferencia entre sentirse ágil con el paso de los años o empezar a notar que algo se va apagando.

El cuerpo se adapta rápido a lo que repites. Si el estímulo siempre es el mismo, llega un punto en el que los beneficios se estabilizan y lo que no entrenas comienza a perderse sin hacer ruido. Esta pérdida es silenciosa al principio, pero se hace evidente cuando subir escaleras cuesta más, cuando la espalda protesta o cuando la estabilidad ya no es la de antes.

El aviso se ha hecho viral porque toca un punto ciego muy común: el entrenador personal Álvaro Puche insiste en que caminar es positivo, pero quedarse solo en caminar no protege lo que más se deteriora con la edad. Su mensaje no va contra el paseo diario, va contra la idea de que basta con sumar pasos para mantener el cuerpo funcional durante décadas.

Por qué caminar se ha convertido en el ejercicio comodín

Hay razones claras por las que caminar es el primer consejo que reciben muchas personas. Es una actividad de bajo impacto, mejora la adherencia al ejercicio y permite aumentar el movimiento total del día sin necesidad de material. Además, para quien parte del sedentarismo, comenzar a caminar puede ser el cambio que desencadena mejoras rápidas en energía, sueño y estado de ánimo.

Lo que sí consigue un paseo diario bien planteado

Caminar aporta beneficios reales, especialmente cuando se hace con cierta intención (ritmo vivo, continuidad y regularidad). Entre los efectos más consistentes que se describen en guías de salud pública y programas de promoción de actividad física están:

  • Mayor gasto energético y mejor control del peso cuando se combina con una alimentación adecuada.
  • Mejor tolerancia al esfuerzo en tareas diarias: desplazamientos, encargos, escaleras ocasionales.
  • Menos tiempo sentado, un factor independiente asociado a peor salud cuando se acumula durante años.
  • Mejor bienestar mental por exposición a luz natural, desconexión y rutina estable.

La clave es entender que caminar es una base sólida, pero no es un programa completo. La base mantiene, pero lo que construye y preserva capacidades específicas necesita otros estímulos.

El límite invisible: el cuerpo se vuelve eficiente y deja de “aprender”

El organismo progresa cuando recibe un reto que lo obliga a adaptarse. Si el estímulo es siempre similar (misma ruta, mismo ritmo, misma duración), el cuerpo se hace eficiente: haces lo mismo con menos esfuerzo. Esto es bueno para ahorrar energía, pero implica que dejas de entrenar cualidades que requieren más intensidad o más carga.

El problema no es solo el estancamiento. Lo que no se utiliza tiende a disminuir, y en el contexto del envejecimiento esta pérdida se concentra en capacidades muy concretas: potencia, fuerza, estabilidad y masa muscular. Son las que sostienen la autonomía.

El dato que cambia la conversación: músculos, fibras rápidas y envejecimiento

Cuando Puche habla de pérdida de fibras rápidas, está señalando un fenómeno muy conocido en ciencias del deporte: con la edad, la capacidad de generar fuerza y potencia cae antes y más que la resistencia básica. No es un detalle técnico, es lo que explica por qué una persona puede caminar 45 minutos y, aun así, tener dificultades para levantarse del sofá sin apoyos o para reaccionar ante un tropiezo.

Sarcopenia: el riesgo que no se ve hasta que aparece

La pérdida de masa y fuerza muscular asociada a la edad se conoce como sarcopenia. No es solo un tema estético: implica menos capacidad para sostener posturas, menos reserva física y más vulnerabilidad ante caídas y periodos de inactividad. En sistemas sanitarios como el británico se describe como un problema que afecta movilidad y autonomía, aumentando el riesgo de caídas y fracturas en edades avanzadas.

La buena noticia es que el músculo responde al entrenamiento incluso en edades tardías. Por eso las instituciones de salud pública insisten en incluir trabajo muscular de manera regular. En España, los materiales de promoción de salud del Ministerio de Sanidad incorporan ejercicios de fuerza y recomiendan practicarlos al menos dos días por semana en adultos, dentro de una estrategia de actividad física más completa.

Para consultar pautas y ejemplos, puede ser útil revisar las recomendaciones de actividad física para adultos del Ministerio de Sanidad, además de guías visuales con ejercicios sencillos en casa.

Por qué el entrenamiento de fuerza no compite con caminar, lo complementa

Caminar trabaja principalmente la resistencia de baja a moderada intensidad y refuerza el hábito de moverse. El entrenamiento de fuerza añade lo que el paseo no puede dar por sí solo: un estímulo suficiente para mantener masa muscular, mejorar la calidad del tejido, reforzar tendones y elevar la capacidad de producir fuerza. También mejora tareas cotidianas: cargar bolsas, subir escaleras, levantarse del suelo, mantener el equilibrio al girar o frenar una caída.

Este enfoque no exige gimnasio ni rutinas extremas. Exige intención: introducir un estímulo que “obligue” al músculo a adaptarse. En la práctica, se puede lograr con autocarga, bandas elásticas, mancuernas ligeras o máquinas, según preferencias y contexto.

Cómo convertir tu caminata en una rutina que proteja el cuerpo de verdad

El objetivo no es abandonar el paseo, sino reorganizar la semana para que caminar continúe siendo el hilo conductor y, alrededor, aparezcan los dos elementos que suelen faltar: fuerza y variedad. La OMS resume esta idea en dos líneas: actividad aeróbica regular y trabajo muscular al menos dos días a la semana.

Una semana tipo realista: pasos, fuerza y estabilidad

Este esquema es orientativo y se adapta por edad, lesiones y nivel. Si hay patología cardíaca, dolor persistente o limitación funcional, lo adecuado es consultar con un profesional sanitario antes de aumentar intensidad.

DíaObjetivoEjemplo práctico
LunesCaminar con intenciónPaseo 30 a 45 min a ritmo vivo, con 5 min finales suaves
MartesFuerza totalSentadilla a silla, empuje a pared, remo con banda, puente de glúteos
MiércolesVariedad y terrenoCaminar con subidas o escaleras en bloques cortos
JuevesMovilidad y equilibrioTrabajo de tobillos y cadera, soporte unipodal, caminar en línea
ViernesFuerza y potencia controladaLevantarse y sentarse más rápido manteniendo técnica, zancadas cortas asistidas
SábadoPaseo largo45 a 75 min cómodo, con paradas activas
DomingoRecuperación activaPaseo suave 20 a 30 min o descanso completo

Los cuatro movimientos que más retorno dan con poco tiempo

Si el tiempo es limitado, conviene priorizar patrones básicos que impactan directamente en autonomía:

  • Sentarse y levantarse (sentadilla a silla): base para piernas y cadera.
  • Empujar (pared, banco o suelo): refuerza pecho, hombro y tronco.
  • Estirar (remo con banda o máquina): estabiliza espalda y mejora postura.
  • Bisagra de cadera (puente de glúteos o peso muerto ligero): protege la zona lumbar y mejora potencia.

Con 2 sesiones semanales de 20 a 35 minutos, el cambio suele notarse antes en la vida diaria que en el espejo: subir escaleras con menos fatiga, levantarse con más seguridad y caminar más “alto”, con mejor postura.

Errores frecuentes que hacen que caminar no sea suficiente

Muchos planes fallan por detalles que parecen menores. En realidad, son los que explican por qué alguien acumula miles de pasos y, aun así, siente que se va quedando corto.

Siempre el mismo ritmo, siempre la misma ruta

Si la caminata es siempre cómoda, el estímulo cardiovascular y muscular es limitado. Una opción simple es introducir cambios sin correr: tramos a paso rápido, subidas, escaleras o intervalos cortos. La variedad es una manera de progresar sin añadir impacto.

Separar movimiento de entrenamiento

Caminar es movimiento. Entrenar es otra cosa: implica progresión y un estímulo concreto. Cuando se confunden, se sobreestima lo que se está haciendo. La solución no es complicarlo, es etiquetarlo: paseo diario para sumar actividad y dos días de fuerza para preservar capacidades.

Qué vigilar para hacerlo seguro y sostenible

La fuerza no es sinónimo de riesgo si se aplica con criterio. Lo importante es empezar por lo que se puede hacer con buena técnica, aumentar poco a poco y respetar el descanso. Señales para ajustar: dolor agudo, mareo, sensación de inestabilidad nueva o empeoramiento claro de síntomas previos.

Para muchas personas, la mejor estrategia es combinar: caminar casi cada día para mantener el hábito y añadir fuerza dos días por semana. Este pequeño cambio es el que suele transformar el paso del tiempo: menos dependencia, más capacidad funcional y más margen para continuar haciendo vida normal.

Nou comentari

Comparteix

Icona de pantalla completa