¿De qué hablarán –si hablan—Pedro Sánchez y Pere Aragonés la semana próxima?

"Tanto unos como los otros insisten en que se puede negociar una cierta ‘conllevanza’, buscando ganar tiempo al menos hasta después del verano"

A decir verdad, ni los medios de comunicación nacionales ni los cenáculos y mentideros de Madrid se ocupan desde hace ya bastantes días prioritariamente de la actualidad catalana: hay otras muchas cuestiones en los afanes informativos que, por unas razones o por otras, se imponen en los titulares. Y es que Cataluña sigue siendo una asignatura pendiente, incómoda, tanto para la política gubernamental de Pedro Sánchez como para la de una oposición conservadora que ha perdido casi toda su influencia en la vida pública catalana. Y esa incomodidad, por supuesto, tiene su reflejo en lo que es prioritario para los medios de comunicación, que solo encuentran ambigüedades cuando preguntan sobre el futuro de las relaciones entre Cataluña y el resto de España.

Es una situación esta, la del desinterés informativo, que muy previsiblemente va a cambiar la semana próxima, que es cuando, en principio, y sin que figure una fecha aún en las agendas oficiales, se van a ver Pedro Sánchez y el presidente de la Generalitat, Pere Aragonés, por primera vez tras las elecciones catalanas…y tras las madrileñas.

El hermetismo que habitualmente reina en La Moncloa sobre casi todo impide incluso especular con probabilidades de éxito acerca de en qué acabará la ‘cumbre’ Sánchez-Aragonés. En el Gobierno central, esta es la verdad, no se detectan señales de nerviosismo ante la inminencia de un encuentro que, por sus escasos precedentes y también por cómo está la situación, tendrá forzosamente que ser bastante trascendente. “Ha de ser importante o será un fracaso”, opinan medios que se dicen próximos a los preparativos de una futura Mesa de negociación.

Lo que se ha podido detectar cuando intentamos saber cómo están las cosas es lo siguiente (y ruego que se tenga en cuenta que nada de lo que sigue se basa en declaraciones oficiales, sino en conversaciones con personas que podrían tener una cierta implicación en las relaciones entre el mundo oficial catalán y el del Gobierno central):

*El encuentro se celebrará, aunque aún no haya fecha definitiva, a corto plazo, porque esta es la voluntad de ambas partes: ofrecer, al menos, la sensación de que aún hay contacto.

*Tanto el Gobierno central como el Govern pretenden rodearlo de una atmósfera positiva, que responda al deseo, expresado por portavoces de Esquerra, de que el Gobierno central “presente una alternativa real a la independencia”. Una alternativa que vaya mucho más allá de los algo más de cuarenta puntos concretos pendientes en la negociación bilateral, desde la ampliación de El Prat hasta la gestión autonómica del IRPF. “Aragonés y Sánchez deben hacer una negociación mucho más política que técnica”.

*En Madrid se descarta que esta alternativa pase por la convocatoria de un referéndum de independencia, ni por la concesión de una amnistía (iría contra la Constitución) a los presos. Es probable, por tanto, que una parte de la conversación entre Pedro Sánchez y Aragonés gire en torno a cómo y cuándo se concederían unos indultos, que es tema intensamente polémico en una sociedad española que parece partida en dos por esta cuestión.

*Existen temas genéricos que serán necesariamente abordados, entre ellos la ‘desjudicialización’ de la vida política en lo que a Cataluña se refiere.

*Sánchez pedirá a Aragonés muestras de ‘realismo’: “la independencia de Cataluña es hoy por hoy imposible y la Generalitat debe saberlo; de hecho, lo sabe”.

*La financiación autonómica no debe ser un escollo entre la Generalitat y el Gobierno central: hay fórmulas para abordarla desde planos novedosos.

*El Gobierno central admitiría que Oriol Junqueras, en su caso, formase parte de la Mesa de negociación, pero no como presidente de la delegación catalana. Es este un tema inaceptable para una parte de la sociedad del resto de España. Y Aragonés pasa por ser una figura ‘moderada’ con la que todo diálogo será algo más fácil que, por ejemplo, con Quim Torra, aunque siempre estará condicionado por las presiones que vaya recibiendo el president de la Generalitat por parte de sus ‘aliados’ de Junts y de la CUP.

*Sánchez explicará a Aragonés la difícil posición en la que algunos de los temas más sensibles en la relación entre el Govern y el Gobierno central ponen al Ejecutivo del PSOE y Unidas Podemos: “a la Generalitat, sin embargo, no le conviene que el Gobierno central se debilite más, porque cualquier alternativa sería peor para ella”, dicen en medios socialistas, refiriéndose a un hipotético futuro Ejecutivo del Partido Popular apoyado por Vox y Ciudadanos.

*El caso de Puigdemont es cada día que pasa más sensible para los círculos gubernamentales madrileños: el retorno de la inmunidad concedido por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea al expresident, a Comín y a Ponsatí es un hito más en los reveses que la Justicia española sufre en Europa en lo referente al tratamiento judicial del ‘procés’ . Pero ambas partes coinciden en que Puigdemont es un asunto ‘espinoso’, difícil de gestionar para el Ejecutivo del PSOE, sí, pero también para Esquerra Republicana de Catalunya. ¿Qué ocurriría, por ejemplo, si Puigdemont se plantase de pronto en la plaza de Sant Jaume, como ha insinuado algún abogado? Pondría en un aprieto al Gobierno central, sin duda, pero también al de la Generalitat.

Este parece ser el marco de un encuentro ciertamente difícil para ambas partes. Pero tanto unos como los otros insisten en que se puede negociar una cierta ‘conllevanza’, buscando ganar tiempo al menos hasta después del verano. Después, dicen medios paragubernamentales en Madrid enarcando las cejas, “vendrán otra Diada, otro uno de octubre, en fin…cualquier Mesa negociadora, con las premisas situadas en el peor de los escenarios, tendría muy difícil llegar a resultados positivos para una u otra parte, o para ninguna de las dos partes, y entonces ¿qué?”.

Así, creo, están las cosas. Continuará la semana próxima probablemente…

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