Dos años después de que el Banco Central Europeo (BCE) iniciara su ofensiva contra la inflación con una histórica subida de los tipos de interés, España sigue sin cumplir el objetivo de la autoridad monetaria. La economía española encadena desde hace más de dos años tasas de inflación claramente superiores al 2% que fija el BCE como referencia para garantizar la estabilidad de los precios, y los últimos datos de Eurostat confirman que sigue siendo una de las grandes economías más alejadas de esta meta.
El índice armonizado de precios (IPCA) español se situó en junio en el 3,6%, casi el doble del objetivo del BCE y ocho décimas por encima del promedio de la eurozona, que ha bajado hasta el 2,8%. La diferencia evidencia que mientras la mayor parte de los países de la moneda única se acercan progresivamente al nivel deseado por Frankfurt, España sigue mostrando una resistencia muy superior a la moderación de los precios.
La situación es especialmente significativa porque llega después del ciclo de endurecimiento monetario más intenso de la historia del euro. Entre el 2022 y el 2024, el BCE elevó los tipos de interés desde el 0% hasta el 4% para frenar una inflación que había llegado a superar el 10% debido a la crisis energética y la guerra de Ucrania. La estrategia ha permitido reducir de manera notable las tensiones inflacionistas en la mayoría de países europeos, pero España sigue sin consolidar una inflación compatible con el objetivo del banco central.

Los datos preliminares publicados este martes por Eurostat refuerzan esta divergencia. Francia ya se sitúa exactamente en el 2%, Alemania ha reducido la inflación hasta el 2,4% y el conjunto de la eurozona vuelve a acercarse al umbral fijado por el BCE. Países como Finlandia, Chipre, Irlanda y Luxemburgo también se encuentran en la franja de cumplimiento del 2%. España, en cambio, se mantiene en el 3,6%, convirtiéndose en la gran economía con una inflación más elevada de la zona euro. No se trata, por tanto, de un repunte puntual, sino de un incumplimiento persistente de los objetivos de estabilidad de precios del BCE, incluso después del ciclo de tipos de interés más agresivo de la historia del euro.
