Las empresas catalanas, resignadas ante el caos provocado por el accidente ferroviario en Gelida. La parada total del servicio de Rodalies para revisar el estado de las infraestructuras catalanas ha dejado sin acceso a sus lugares de trabajo a cientos de miles de trabajadores, lo que supone una amenaza para la estabilidad del tejido productivo. En este sentido, la patronal catalana de las pymes, Pimec, ha recomendado a sus asociados que activen sus mecanismos de flexibilidad interna para garantizar la actividad. El presidente de la entidad, Antoni Cañete, ha hecho un llamado a conceder a los empleados que no pueden desplazarse un día de teletrabajo en los casos en que sea posible hacerlo, o bien adaptación de la jornada cuando la tarea no se pueda adaptar al formato en remoto. Cañete ha celebrado la reacción de los negocios catalanes al caos en el transporte, y llega a asegurar que «se sufrió un colapso peor los días que hizo tan mal tiempo que no hoy». «Ha habido un primer momento de inquietud, pero todas las partes han tenido un nivel de respuesta muy elevado», ha celebrado.
A pesar de la buena sensación general respecto a la respuesta laboral y empresarial, Cañete se ha deshecho en reproches hacia el gobierno español por los «incumplimientos presupuestarios y las carencias de inversión» en el sistema ferroviario catalán. Ya sin una crisis como la de este miércoles, ha recordado el líder patronal, el caos que sufre Rodalies un día cualquiera «genera una pérdida diaria de 2,2 millones de euros en costes laborales»; así como un coste de oportunidad de 3,2 millones de euros, correspondientes a aquellos avances comerciales que no se producen porque el trabajador llega tarde al trabajo por culpa del tren. Los accidentes de los últimos dos días y la necesidad de comprobar el estado de salud de las vías, para el presidente de Pimec, son prueba de las «consecuencias» de que no se hayan ejecutado las inversiones necesarias. «Hace años que tenemos una política de muchos titulares y poca acción», ha criticado Cañete, mirando hacia las instituciones. Y llegan en un mal momento, dado que el tejido catalán de negocio se encuentra en un punto «de cambio», en el que no se pueden permitir el «deterioro» de una pieza insustituible de la movilidad laboral como es el transporte público.

En alerta por la huelga de maquinistas
La crisis en las Rodalies catalanas ha hecho estallar la tensión entre Renfe y Adif y sus trabajadores. El sindicato de maquinistas, de hecho, ya ha convocado una huelga para denunciar el mal estado de las infraestructuras, y el peligro que esto supone para la integridad de conductores y pasajeros de los trenes. Bajo esta amenaza, Cañete ha trasladado el «respeto total y absoluto a la protesta», que considera justificada; si bien llama a que «el derecho a la huelga no choque con el derecho de los usuarios». «Si la economía se resiente, no habrá los recursos necesarios para invertir», ha justificado el presidente de Pimec, que busca vías institucionales para garantizar el buen funcionamiento del transporte público. «Lo que está pasando es muy grave, y se deben tomar medidas para que no se repita», ha enfatizado.
Optimismo moderado en las empresas
El estallido ferroviario ha hecho estragos en la agenda de la patronal, que esta mañana ha presentado su informe anual de perspectivas económicas. A pesar del mal ambiente internacional, el documento, elaborado por el equipo de investigación de la entidad y el Observatorio de la Pyme, constata que hay un «optimismo moderado» entre los empresarios. «Ven las noticias, y conocen la inestabilidad geopolítica», ha reconocido el presidente del Observatorio, el catedrático de economía en la UPF Oriol Amat. Pero su negocio concreto va en alza, con una mayoría de negocios esperando que aumenten los pedidos durante el 2026. El informe, que ha sido completado con el testimonio de más de 400 pequeñas y medianas empresas del país, sostiene que se miran con preocupación las turbulencias en Estados Unidos; pero que los efectos materiales de estas son más reducidos que los que generan, por ejemplo, la inestabilidad política en Francia o la crisis industrial en Alemania, dos clientes mucho más cercanos a los exportadores catalanes que no los EUA.
Las disrupciones en las cadenas de valor que han provocado la guerra comercial y los horizontes inquietantes en el ámbito internacional dejarán una factura más elevada a las empresas, que prevén tener que pagar un 5,7% más a proveedores. Una cifra que se trasladaría a precios, con el correspondiente impacto en el bolsillo de los consumidores. A esto se sumará que la banca, temerosa ante las tribulaciones, no atenderá todavía las demandas del sector privado de mejorar las condiciones de financiación y, por tanto, el acceso a préstamos seguirá siendo complicado, más aún para las pymes. Ante este rompecabezas de estimaciones, Amat recomienda a las empresas que hagan previsiones para escenarios diversos, desde un «moderadamente optimista» hasta una crisis total, para dibujar las hojas de ruta que deberán implementar.



