La presencia de las máquinas tragamonedas en bares lleva una tendencia de ligeras bajadas desde la pandemia, pero la presencia de estas máquinas recreativas continúa siendo superior en aquellos municipios que tienen una renta por debajo de la media catalana. Más concretamente, la presencia de tragamonedas en estas localidades es un 40% mayor que en otras ciudades. Según el análisis que ha desarrollado la ACN, la Agencia Catalana de Noticias, de los datos del Departamento de Economía y Finanzas, Cataluña tenía un poco más de 28.000 máquinas tragamonedas instaladas en bares en 2024, lo que representa una máquina en un tercio de los establecimientos del país.

Más concretamente, hay 15.502 bares y restaurantes donde se pueden encontrar máquinas tragamonedas, lo que representa el 33,6% de los establecimientos que tienen licencia para tenerlas. Aunque este porcentaje sigue siendo elevado, ha disminuido comparado con hace 10 años. En aquel momento, se podía jugar a estas máquinas recreativas en un 44% de los establecimientos con licencia para ello, lo que en cifras totales representa 19.042 locales.

En cuanto al número total de máquinas, en 2024 había 28.150, una cifra ligeramente por encima de la del año anterior, pero que sigue representando una caída comparado con hace una década, cuando había casi 3.000 máquinas más. En estos últimos años, la presencia de estas máquinas recreativas ha disminuido un 10%, sobre todo a raíz de la pandemia. En este período, de 2019 a 2020, la presencia de máquinas tragamonedas se redujo de más de 30.500 hasta 28.830.

Más juegos en línea

Según la Asociación Nacional de Empresarios de Máquinas Recreativas de Cataluña (Andemar), la reducción de locales y de máquinas responde a una progresiva transformación del sector de la restauración, es decir, a la proliferación de establecimientos especializados (cafeterías, vinotecas, ejemplifica) en detrimento de los “bares de barrio”, aquellos donde más habitualmente se instalan este tipo de dispositivos. Además, también se apunta al auge del juego en línea, tanto entre los jóvenes como en otros grupos, que explicarían este retroceso de las máquinas de juego en los locales de restauración.

La situación económica influye en el juego y la adicción

Dos de cada tres municipios catalanes tienen algún establecimiento con al menos una máquina tragamonedas. La presencia de estas máquinas es superior en aquellos municipios con rentas más bajas, mientras que en aquellas localidades con una renta media más alta hay menos proporción de tragamonedas. De hecho, en conjunto, los municipios de más de 1.000 habitantes con rentas por debajo de la media de Cataluña (19.140 euros con datos de 2022), tienen 21,5 bares con máquinas tragamonedas por cada 10.000 habitantes, mientras que la ratio en municipios situados por encima de la media de ingresos baja hasta 15 establecimientos, un 40% menos.

En esta línea, el médico psiquiatra especialista en adicciones Josep Maria Fàbregues corrobora que la situación económica de la persona “influye mucho en la adicción” a las máquinas porque “el premio pesa”. El hecho de que el premio sea inmediato y que sea proporcionalmente alto explica que en unas zonas más desfavorecidas la posibilidad de crear esta relación (entre ingresos bajos y más oferta de juego) sea mucho más alta”, argumenta.

El psiquiatra recuerda que, a menudo, detrás del juego problemático hay situaciones de conducta impulsiva e incapacidad de dominar los estímulos y el deseo. Por eso lamenta que el acceso libre en locales de restauración “es muy potente, sin restricción ni control” y que por eso “las recaídas son muy altas” entre las personas con problemas de adicción. “Pueden jugar personas que no tienen la edad o que reconocen problemas con la ludopatía”, remarca el doctor.

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