«La sarna se encuentra en todo el mundo y afecta a personas de todas las razas y clases sociales. Instituciones como hogares de ancianos, centros sociosanitarios, centros de personas con discapacidad y el entorno familiar son los ámbitos donde se producen con más frecuencia los brotes de sarna, ya que son colectivos que por sus características tienen un contacto más elevado entre sus integrantes». Con esta explicación, la consejera de Derechos Sociales, Mònica Martínez Bravo, contextualiza las cifras de brotes de sarna en centros residenciales de ancianos en Cataluña durante el 2025. La cifra ha sido la detección de 154 brotes, con 1.229 afectados entre residentes, familiares y trabajadores, con casi 10.000 personas expuestas.

Así lo detalla una respuesta parlamentaria firmada por la consejera en respuesta a las preguntas de la diputada portavoz del PP en la comisión de Derechos Sociales, Montserrat Berenguer. El mismo documento, al que ha tenido acceso El Món, asegura que el pasado mes de octubre -mes en el que se detectaron más brotes-, los departamentos de Salud y de Derechos Sociales e Inclusión, para afrontar los brotes de sarna en centros residenciales y sociosanitarios, tuvieron que realizar dos formaciones dirigidas a personal de los servicios residenciales de ancianos sobre la aplicación de medidas generales contra estas enfermedades transmisibles, con un bloque específico sobre brotes de sarna.

Unos cursos que sirvieron para aportar todo un conjunto de documentación con indicaciones específicas sobre diferentes «aspectos clave en los brotes de sarna: diagnóstico, aislamiento y contactos, tratamiento, sectorización, información y seguimiento». Pero sobre todo, y dado lo que explica la respuesta, se hizo especial incidencia en las medidas de protección individual y las recomendaciones de higiene y limpieza.

Mònica Martínez Bravo, en su intervención de esta tarde en el Parlamento/Nico Tomàs
Mònica Martínez Bravo, en su intervención de esta tarde en el Parlamento/Nico Tomàs

Mil usuarios contagiados

Según las cifras aportadas por el departamento a la cámara catalana, en los 154 brotes de sarna detectados hubo 1.000 usuarios de las residencias afectados, el 81,3% de los casos. Los trabajadores que padecieron la enfermedad fueron 218 (17,8%) y solo 11 fueron familiares (0,9%). El pico de los brotes fue en octubre, con 26 brotes que supusieron 272 afectados. En enero, con 15 brotes, hubo 172 personas afectadas. En febrero se registraron 9 brotes, con 74 afectados; en marzo, 8 brotes y 54 contagiados; en abril, 7 brotes con 31 afectados; en mayo, 15 brotes con 103 contagiados; en junio, los brotes fueron 9, con 68 afectados; en julio y agosto, con 13 brotes cada mes, se registraron 73 y 103 afectados respectivamente; en septiembre se detectaron 11 brotes, con 139 afectados; en noviembre, 18 brotes, con 102 afectados, y en diciembre, 10 brotes con 38 afectados.

Los brotes se detectaron mayoritariamente en el Servicio de Vigilancia Epidemiológica de Barcelona Sur, con 38 brotes, que contagiaron a 271 personas, aunque el riesgo fue para 3.186 personas expuestas al contagio. Barcelona Ciudad computó 26 brotes, con 115 afectados y con 1.581 personas expuestas. Los Vallès Oriental y Occidental contabilizaron 23 brotes con 186 afectados y una exposición de 1.753 personas.

Las heridas provocadas por la sarna / EP

Más peligro en caso de demencia

La respuesta parlamentaria determina que «instituciones como hogares de ancianos, centros sociosanitarios, centros de personas con discapacidad y el entorno familiar son los ámbitos donde se producen con más frecuencia los brotes de sarna, ya que son colectivos que por sus características tienen un contacto más elevado entre sus integrantes». Aunque asegura que la sarna no es una enfermedad de declaración obligatoria porque tiene «un tratamiento efectivo o no produce una morbi-mortalidad relevante», sí que es necesario notificar el brote a la Red de Vigilancia Epidemiológica de Cataluña (XVEC), que aplica un protocolo llamado Prevención y Control de la Escabiosis (sarna).

El documento tiene un apartado concreto sobre cómo se debe gestionar un brote en residencias de ancianos y centros de larga estancia. También contextualiza que «el diagnóstico de un caso de sarna en una residencia de ancianos es costoso y frustrante, y causa alarma y angustia a todas las personas implicadas». Asimismo, afirma que «se ha comprobado que en residencias de ancianos el riesgo de sarna es más alto en las personas con demencia». La explicación es que la «presentación de los signos y síntomas no es la clásica, con lesiones en lugares normalmente cubiertos por la ropa, el hecho de no rascarse tanto, no quejarse y no eliminar así los ácaros, y el número de contactos más elevado que otros residentes». La demencia es una enfermedad que afecta a los ancianos, y según añade el documento, «todo esto puede favorecer el retraso del diagnóstico y la aparición de brotes». «Los profesionales sanitarios deberían tener presente que la presentación clásica de sarna difiere en personas residentes de edad avanzada y, especialmente, en aquellas que padecen demencia», alerta el protocolo.

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