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En vigor la Ley de Bienestar Animal: adiós a la participación de perros y gatos en estas actividades

Poco se ha hablado de su llegada, pero ha irrumpido con la fuerza de un huracán silenciosamente. La nueva Ley de Bienestar Animal ya está aquí y no solo cambiará nuestra relación con nuestros compañeros de cuatro patas, sino que impone límites muy concretos que muchos desconocen completamente. Este cambio legal podría afectarte más de lo que piensas, sobre todo si eres propietario de un perro o un gato.

Pero, ¿qué actividades quedan ahora mismo en el olvido para nuestros animales? Y lo más importante, ¿cuál es el precio de la ignorancia ante esta nueva realidad que ya está presente?

Oficialmente, desde el pasado septiembre, la Ley 7/2023, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, entró en vigor, publicándose en el BOE en marzo de 2023. Esta normativa busca un reconocimiento y respeto sin precedentes hacia los seres vivos que nos acompañan. Su artículo 25 es el que trae la noticia más impactante: prohíbe de forma directa la participación de animales de compañía en una amplia gama de actividades que hasta ahora eran habituales.

Esta ley, que ha marcado un antes y un después en la conciencia social, ha generado no pocas conversaciones (y alguna que otra polémica, hay que decirlo). Su objetivo fundacional es claro y ambicioso: garantizar una vida digna y sin maltrato para todos los animales. La realidad es que, desde su aplicación, se han restringido significativamente las actividades en las que perros y gatos podían tomar parte, especialmente las que los exponen al público.

Ya no veremos a nuestros peludos en espectáculos públicos, ni en la mayoría de actividades artísticas, turísticas o publicitarias que hasta ahora los exponían constantemente. La intención detrás de esta medida es firme: protegerlos de explotaciones, situaciones de estrés o de riesgos innecesarios, priorizando su bienestar y dignidad por encima del entretenimiento humano o el simple lucro económico. Es una decisión valiente y necesaria que muchos expertos aplauden con entusiasmo, viendo en ella un avance imprescindible en la defensa animal que parecía inalcanzable hace pocos años.

Pero esta normativa va mucho más allá de lo que los ojos perciben a primera vista, abordando un punto absolutamente vital para el futuro de nuestros animales: la cría responsable. A partir de ahora, solo las personas debidamente inscritas en el Registro de Criadores de Animales de Compañía podrán llevar a cabo esta actividad. Incluso para la cría puntual, aquella que se realiza sin una finalidad estrictamente comercial, los animales implicados deben inscribirse formalmente como reproductores y su titular debe estar registrado en la categoría correspondiente, garantizando así un control exhaustivo. Esto es un secreto a voces que, si no se conoce, puede derivar en un error costoso para muchos.

Las excepciones inesperadas y la cría responsable

Pero atención, porque la ley incluye un matiz que ha levantado cierto debate y que es necesario entender con toda su complejidad. Hay una expresión clave que abre la puerta a excepciones: «sin perjuicio de lo que dispone el título IV». Esta letra pequeña del texto legal indica que hay supuestos concretos que cuentan con una regulación propia y específica, es decir, no todos los animales quedan bajo el mismo paraguas de prohibiciones. Un ejemplo muy claro y sorprendente que nos ayuda a entenderlo son los espectáculos taurinos, que se siguen rigiendo por su propia normativa, quedando así al margen de las prohibiciones generales que afectan al resto de animales de compañía. (Sí, nosotros también reflexionamos sobre esta aparente contradicción).

Este punto subraya la complejidad de la legislación y cómo, a veces, ciertas tradiciones o sectores mantienen su regulación diferenciada. No obstante, para la mayoría de perros y gatos, las nuevas normas son innegociables y su aplicación es firme. El objetivo claro es regular la proliferación de animales sin control, asegurando que cada nacimiento sea bajo supervisión y responsabilidad, evitando así problemas de bienestar futuros.

El precio del incumplimiento: multas que hacen temblar

Y ahora, lo que realmente nos hace sentir la alarma y nos alerta sobre la importancia de estar informados: el costo real de no cumplir con la nueva legislación. La ley establece claramente tres categorías de infracciones, y las multas asociadas no son ninguna broma, afectando directamente nuestro bolsillo de manera significativa. Las infracciones consideradas leves pueden conllevar sanciones económicas que van desde los 500 hasta los 10.000 euros. Pero la cosa se pone seriamente comprometida con las graves, que oscilan entre los 10.001 y los 50.000 euros. Y si hablamos de las muy graves, prepárate para una cifra que puede doler: de 50.001 hasta 200.000 euros. (Sí, lo volvemos a decir: doscientos mil euros; una auténtica locura para muchos).

La ignorancia, en este caso, no es felicidad. La factura puede ser muy salada para nuestro bolsillo.

Por ejemplo, la cría, el comercio o la exposición de animales con fines comerciales por parte de personas no autorizadas se considera una infracción muy grave, con todo lo que esto implica económicamente y legalmente. Además de estas multas astronómicas, las infracciones graves y muy graves pueden implicar consecuencias más severas, como la intervención directa de los animales, el cierre temporal de establecimientos o la suspensión definitiva de licencias, autorizaciones o permisos diversos, dependiendo de la gravedad del caso. Esta es la solución definitiva que el legislador ha encontrado para intentar frenar de raíz la explotación y el maltrato. La ley ya está aquí, plenamente activa, y el tiempo para informarse sin consecuencias ha terminado; ahora toca cumplirla escrupulosamente.

Saber todo esto no es solo una cuestión de curiosidad, sino una necesidad imprescindible para cualquiera que conviva con animales. Estar al día con la nueva legislación nos ahorra sorpresas desagradables, multas inesperadas y, sobre todo, nos convierte en propietarios más responsables. Porque al final, su bienestar es nuestra responsabilidad, ¿verdad?

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