Amb curiositat
Un búho desafía a miles de flamencos y se erige como el más popular en el festival del Delta del Ebro

El Delta del Ebro se ha convertido, un año más, en el punto de encuentro de ornitólogos y amantes de la naturaleza de todo el mundo. El 12º Delta Birding Festival, que reunió a cerca de 4,500 visitantes en el recinto de MónNatura Delta del Ebro, prometía el espectáculo habitual de los flamencos, miles de ellos tiñendo el cielo de rosa con sus vuelos hipnóticos al atardecer. Un paisaje de ensueño que parecía inalterable.

Pero esta edición escondía un secreto, un giro inesperado que robó el corazón y las miradas de todos los asistentes. Una presencia silenciosa, un ser de la noche que, contra todo pronóstico, eclipsó los grandes reclamos del festival. (Sí, nosotros también alucinamos con esta historia).

Hablamos de un búho cornudo, científicamente conocido como Asio otus. Esta criatura nocturna se dejó ver en un eucalipto en la urbanización Eucaliptus, prácticamente a pie de calle, y pasó de ser una observación aislada a convertirse en el fenómeno viral del festival. Su inusual aparición de día permitió que cientos de personas pudieran admirarlo y fotografiarlo, convirtiéndolo en el verdadero protagonista de esta edición, superando la popularidad de cualquier otro ave, incluso la de los flamencos o figuras emblemáticas del sector.

El animal, que ya había hecho acto de presencia en ediciones anteriores, se convirtió en un rostro familiar, un auténtico VIP para la comunidad ornitológica. La gente lo conocía como «el del eucalipto del jardín de la urbanización» o simplemente «el del año pasado», y muchos incluso lo bautizaron con el nombre de Uhu, por su aparente inmovilidad. Su actitud impasible, con sus característicos penachos en forma de cejas, transmitía una superioridad casi cómica, mirando a los curiosos con un aire de infinito hastío. Pero lo que nadie esperaba, y lo que añadió un nuevo capítulo a su leyenda, fue la confirmación de que no era uno solo. Resulta que había varios búhos cornudos compartiendo ese espacio, multiplicando el efecto de sorpresa y devoción.

La revelación de que había más de uno de estos magníficos búhos fue un auténtico regalo para todos nosotros. A veces, los secretos mejor guardados están justo frente a nuestras narices, y el Delta fue la prueba.

Más allá del búho: los secretos del Delta

Mientras el búho cornudo acaparaba flashes, el festival era un hervidero de actividad y descubrimientos. Otras especies, menos mediáticas pero igualmente fascinantes, captaron la atención de los expertos. Desde la búsqueda de un singular mosquitero hasta la observación del raro cormorán pigmeo o la titina citrina, el Delta demostraba su inagotable riqueza. Otro momento de emoción colectiva fue la eclosión de dos huevos de lechuza común en el nido de la reserva de Riet Vell, una escena de vida captada en directo que generó gran alegría entre los asistentes.

Pero no todo fueron plumas y cantos. El festival también ofreció espacios para la reflexión y las historias humanas detrás de la observación de aves. La foca monje fue, sorprendentemente, uno de los temas estrella en algunas conferencias, demostrando que la naturaleza siempre tiene sorpresas ocultas. Además, las casetas de información sobre viajes ornitológicos por todo el mundo invitaban a soñar con países lejanos y especies exóticas, regalando desde adhesivos hasta chocolate de Ecuador. Y en el terreno de los objetos, los prismáticos Swarovski presentaron su nueva gama con un detalle curioso: el color naranja se suma al tradicional verde militar. Un cambio surgido de la solución a un «problema»: muchos ornitólogos perdían sus valiosos aparatos entre la vegetación.

Incluso Jordi Sargatal, reconocido ornitólogo y Secretario de Transición Ecológica, compartió una anécdota curiosa que podría ser un truco de marketing: su colección de botellas de vino con etiquetas de aves y la constatación, según un estudio, de que estas botellas se venden más. Una pequeña revelación que liga la pasión por las aves con el consumo cotidiano.

Retos y revelaciones: el futuro de la ornitología

Más allá de la observación y la belleza, el festival fue un foro de debate sobre los retos actuales de la conservación. Ana Rivas, con su iniciativa «Voces Pajareras», puso el dedo en la llaga sobre un error sistémico: la persistencia del machismo en el sector de la observación de aves. Su encuesta reveló que las mujeres experimentan incomodidad, presión y menosprecio un 20% más que los hombres, una realidad que lleva a muchas a abandonar esta afición o practicarla en solitario. Su propuesta es un llamado imprescindible a la creación de redes de apoyo, una solución para un problema que afecta a nuestra tribu.

La alarma también sonó fuerte con Alex Berryman, quien advirtió sobre la imprevisibilidad de las extinciones de especies debido al cambio climático y otros factores. Nos recordó que no podemos dar nada por hecho, y que hay una preocupación global por el impacto en lugares como Brasil. No obstante, ofreció un rayo de esperanza: la existencia de un centenar de especies que, aunque dadas por desaparecidas, podrían reaparecer en lugares remotos. Una visión que nos invita a una expedición constante, a no perder nunca la ilusión por la búsqueda. Nos queda poco tiempo para actuar ante esta tendencia alarmante.

La historia del búho cornudo en el Delta no es solo una anécdota curiosa, es un recordatorio potente: la naturaleza siempre nos puede sorprender, y a menudo, los mayores tesoros están justo a nuestro lado, esperando ser descubiertos y valorados. Debemos ser vigilantes.

La conferencia de Peter Boesman, uno de los mayores expertos mundiales en el canto de los pájaros, nos transportó a otro nivel. Escuchar voces de especies ya extintas es una experiencia escalofriante y maravillosa a la vez, un secreto del pasado que se materializa en el presente gracias a la tecnología. Su pasión por documentar sonidos alrededor del planeta nos recuerda que cada nota, cada canto, es un tesoro frágil que debemos preservar. ¿Cuál sería su canto favorito? El choric de caña, un detalle que nos hace conectar con la simplicidad y la belleza de la vida.

Esta edición del Delta Birding Festival, con su búho cornudo como ícono inesperado, ha reafirmado su carácter imprescindible. Desde la grandeza de los flamencos hasta la revelación de un machismo aún presente en el sector, pasando por las voces de aves que ya no están, la experiencia ha sido un mosaico de emociones y aprendizajes. Nos ha recordado que observar la naturaleza no es solo mirar, sino también escuchar, sentir y, sobre todo, actuar. ¿Estás preparado para lo que vendrá?

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