¿Imaginas un pirata legendario? Seguramente piensas en un hombre rudo, con la barba despeinada y una botella de ron en la mano. La imagen clásica nos ha vendido una ficción, pero la realidad siempre es más fascinante. Sobre todo, cuando la verdad desgarra el mito.
Porque hoy te revelaremos el secreto de una de las figuras más temidas de los océanos. Un personaje que protagonizó historias de una brutalidad inaudita, pero con unas costumbres que harían palidecer a cualquier dandi londinense. Prepárate para el choque.
Hablamos de Bartholomew Roberts, el hombre que asaltó más de 400 barcos. El pirata galés más eficiente de la historia, conocido por su comportamiento casi contradictorio. Pero lo que hacía cuando no estaba saqueando era lo realmente sorprendente.
Su historia comienza en el año 1682, con el nombre de John Roberts. Comenzó como grumete con solo 13 años, aprendiendo todos los secretos del mar. Su sueño, como muchos, era dirigir un barco. Pero la oportunidad real tardó en llegar. Con 35 años, era maestro en el barco negrero Princess.
Su destino cambió radicalmente en 1719. El Princess fue atacado por dos barcos piratas. La tripulación, incluido Roberts, pasó a formar parte de sus captores. El capitán, Howell Davis, también galés, vio el potencial en Roberts, su rapidez de adaptación.
La muerte de Davis fue un punto de inflexión. Un cañonazo fatal acabó con él. La tripulación, entre la euforia y la embriaguez, eligió a Roberts como su nuevo líder. Para asegurar la lealtad, Roberts ordenó un ataque de venganza sin demora contra la fortaleza donde había muerto Davis, arrasándola.
Su código de disciplina: té y serenatas
Roberts impuso un régimen que rompía con la imagen tradicional del pirata. Medidas drásticas para los prisioneros, aunque respetaba la vida de las mujeres. Y lo más impactante: intentó mantener a sus hombres sobrios con castigos severos, dando él mismo ejemplo.
Él solo bebía té. Sí, té. El mismo hombre que dirigía batallas feroces, volvía a su cabina para disfrutar de una infusión. (Nosotros también alucinamos con la imagen).
Mi prioridad era la disciplina. No podía permitir la borrachera que destruía otras tripulaciones. Y sí, el té era mi única compañía.
A cambio de esta disciplina, Roberts recompensaba a su tripulación con generosidad. La primera gran hazaña fue en el puerto brasileño de Bahía. Con un solo barco, atacó 42 embarcaciones portuguesas a punto de zarpar hacia Lisboa.
Rompió su formación, provocó su desbandada y se concentró en el barco más importante. El botín fue colosal: azúcar, pieles, tabaco y 40.000 monedas de oro. Un éxito que lo catapultó a la leyenda.
Tras esta proeza, permitió a sus hombres descansar en las Islas del Diablo. Después, puso rumbo a Barbados, Martinica y las costas americanas, donde continuó su incesante cadena de robos. Incluso en Terranova, repitió la operación de Bahía, enfrentándose a 22 barcos desprevenidos.
El estilo de un conquistador brutal
Para escapar de la Marina británica, Roberts se dirigió a Guinea. Allí, capturó varios barcos negreros y, posteriormente, vendió a los esclavos. Su audacia y su dominio de la navegación le permitieron enfrentarse a más de 400 barcos, según las crónicas de la época.
Pero su imagen en combate era tan única como sus manías. Se presentaba con su mejor chaqueta de damasco, pantalones de seda y un tricornio de plumas. Dirigía la lucha desde la primera línea, manteniendo la lealtad de su tripulación.
Sus curiosas costumbres no terminan aquí. Secuestró a un sacerdote para que oficiara a bordo y atendiera espiritualmente a sus hombres. Además, era un melómano apasionado. Pagó generosamente a un trío de músicos para que amenizaran la vida del barco y le tocaran serenatas en su cabina. (Sí, un pirata con banda sonora personal).
Este contraste entre la brutalidad y la sofisticación es lo que hace de Roberts una figura tan compleja. Pero no todo era té y música.
El lado oscuro: un legado de terror
Roberts también mostró una crueldad extrema. En un incidente de octubre de 1720, ordenó cortar las orejas a un grupo de cautivos holandeses. Algunos fueron colgados y sus cuerpos, usados como blanco de tiro. (Un recordatorio escalofriante de la época).
Exigía grandes cantidades de oro a los capitanes de los barcos esclavistas capturados. Un capitán se negó. Roberts cubrió su barco con alquitrán y lo quemó hasta reducirlo a cenizas. Con 80 esclavos africanos a bordo. A su suerte, el pirata se mostró totalmente indiferente. Una prueba de su carácter implacable.
Su carrera meteórica estaba destinada a acabar. En 1722, dos barcos de la Royal African Company zarparon con una misión clara: acabar con el pirata. El 10 de febrero, el HMS Swallow, comandado por el capitán Chaloner Ogle, avistó el barco de Roberts, el Royal Fortune, con 40 cañones y su bandera ondeando.
La caída de una leyenda
El combate fue corto, pero feroz. Roberts murió con sus mejores galas, con sus insignias y su sombrero coronado por plumas rojas. Una ráfaga le destrozó la yugular. Se negó a ser capturado. Sus hombres arrojaron su cuerpo por la borda, tal como les había ordenado, para evitar que los británicos se apoderaran de él.
La muerte de Roberts marcó el final de una era. A su regreso a Londres, el Rey Jorge I felicitó personalmente al capitán Ogle. Había liberado el comercio británico de aquel «terror de los mares». El Almirantazgo lo ascendió a comodoro y le concedió el tratamiento de sir.
Los miembros de la tripulación de Roberts fueron juzgados por piratería y asesinato. 52 de ellos fueron colgados en el castillo de Cape Coast, en Guinea. Fue la ejecución pública de piratas más grande de la llamada edad de oro de la piratería. Otros 20 fueron condenados a trabajos forzados, otra forma de muerte lenta.
La historia de Bartholomew Roberts nos recuerda que la realidad es mucho más rica y llena de matices que cualquier ficción. Este hombre, el «Rey del Atlántico», que bebía té y escuchaba serenatas mientras lideraba una flota de terror, es un testimonio de la complejidad humana. Y entenderlo, es una validación definitiva de que esta lectura valía tu tiempo. ¿O quizás, solo el precio de no conocer uno de los secretos más grandes del mar?
