La historia que nos han contado en los libros escolares suele ser aburrida, lineal y predecible. Nos presentan el siglo XVII como una época de damas de la alta sociedad encerradas en conventos y soldados de bigote afilado conquistando América.
Pero la realidad siempre supera a la ficción de la forma más salvaje posible. Imagina por un segundo a una persona capaz de romper todas las reglas de su tiempo, escapar de un destino impuesto y convertirse en el personaje más temido de dos continentes.
Hablamos de una figura real que combinó en una sola vida la devoción religiosa, el juego clandestino, la espada y una identidad oculta que desafió al mismo Rey de España. (Y sí, alucinarás con cómo terminó su aventura).
La fuga perfecta de un destino de clausura
Todo comienza en San Sebastián en el año 1585. Catalina de Erauso nace en una familia de buena posición que, siguiendo las costumbres estrictas de la época, decide que su destino está entre las cuatro paredes de un convento de monjas dominicas.
Pero el espíritu de Catalina no entendía de rejas ni de plegarias sumisas. A los quince años, después de una violenta pelea con una de las monjas mayores, toma una decisión que cambiaría el rumbo de la historia colonial: robar las llaves del convento y huir corriendo.
Es en este punto de inflexión donde arranca su verdadera metamorfosis. Oculta en la densa vegetación de los bosques vascos, desmantela sus hábitos religiosos y, usando unas tijeras e hilo, confecciona sus primeros pantalones de hombre.
El nacimiento del soldado más letal del Imperio
Bajo falsas identidades masculinas como Francisco de Loyola o Alonso Díaz Ramírez de Guzmán, el joven recién creado comienza a encadenar trabajos como paje y marinero. La península se le queda pequeña muy rápidamente.
Catalina embarca rumbo a las Américas, la tierra de las oportunidades y de los hombres sin pasado. Allí se alista en los tercios españoles y se traslada a la sangrienta guerra de Arauco, en la actual Chile, uno de los frentes más brutales del planeta.
Su ferocidad en el campo de batalla sorprende a sus superiores. No le tiembla el pulso. En una batalla mítica, salva la bandera de su compañía tras masacrar a varios enemigos, lo que le vale el codiciado ascenso al rango de alférez.
El problema es que la adrenalina de la guerra se traslada rápidamente a las tabernas de las colonias. El nuevo alférez desarrolla una peligrosa adicción al juego de cartas y un orgullo desmedido que lo mete en constantes duelos a espada.

Una máquina de matar con suerte divina
Catalina se convierte en una ludópata conflictiva. Sus contemporáneos la describen como un hombre de pocas palabras pero de espada rapidísima. El recuento de sus víctimas en peleas callejeras comienza a crecer de forma alarmante.
La tragedia total llega una noche oscura en la ciudad de Concepción. Catalina se bate en duelo a ciegas contra un contrincante que la había insultado en una partida de cartas. Tras atravesarlo con su acero, descubre horrorizada que acaba de matar a su propio hermano de sangre, Miguel de Erauso.
Este suceso la persigue durante años, pero no frena su espiral de violencia. Acumula condenas a muerte de las cuales siempre consigue escapar gracias a la velocidad de sus caballos o a la protección de iglesias locales que le conceden asilo sagrado.
La suerte no dura para siempre. En 1623, gravemente herida tras una descomunal tangana en Perú y creyendo que morirá, decide confesar su mayor secreto al obispo de Huamanga: «Soy mujer y he vivido como un hombre».
El examen médico que paralizó a Europa
El obispo, impactado por la revelación, ordena a un grupo de comadronas que examinen físicamente al alférez. El veredicto médico es demoledor: no solo comprueban que es biológicamente una mujer, sino que además certifican que sigue siendo virgen.
Esta última palabra lo cambia todo en la mentalidad ultracatólica del siglo XVII. La virginidad la exime de las acusaciones de brujería o perversión sexual. Catalina deja de ser vista como una criminal y pasa a ser tratada como un milagro viviente.
Su retorno a España es un fenómeno de masas absoluto. La gente se aglomera en los puertos para ver a la famosa Monja Alférez. El mismo rey Felipe IV la recibe en la corte y decide mantenerle su sueldo militar por los servicios prestados a la Corona.
¿Pensabas que la historia acababa con un retiro pacífico? Qué va. Catalina viaja a Roma, donde el Papa Urbano VIII le concede una dispensa papal única en la historia del Vaticano: el permiso oficial para continuar vistiendo ropa masculina el resto de sus días.

El misterioso final en las rutas de México
Aburrida de la fama cortesana en Europa, Catalina decide regresar al único lugar donde se sentía verdaderamente libre. En 1630 vuelve a América bajo el nombre de Antonio de Erauso.
Allí monta un próspero negocio de transporte de mercancías con mulas entre Veracruz y la Ciudad de México. Los que la conocieron en esta última etapa de su vida aseguraban que continuaba siendo un tipo duro, propenso a las peleas y que usaba un esparadrapo negro para disimular los pechos.
Su muerte en 1650 sigue rodeada de misterio. Algunos cronistas dicen que murió de una enfermedad repentina junto a un río; otros aseguran que desapareció en extrañas circunstancias durante uno de sus viajes comerciales por las montañas.
Al final, te das cuenta de que la vida de la Monja Alférez rompe cualquier molde actual sobre la identidad y la rebeldía histórica. ¿A que te dan ganas de repasar todo lo que creías saber sobre el Imperio Español?

