Amb curiositat
L’alliberament en España de 25 «superdepredadores» de Noruega sigue dividiendo a los conservacionistas cinco años después

A menudo pensamos que los proyectos de reintroducción de fauna, como las noticias que llegan de Andalucía con el torillo, siempre reciben un apoyo unánime de la comunidad científica y ecologista. A primera vista, la idea de mejorar la biodiversidad suena a un éxito seguro, una solución definitiva para nuestros ecosistemas.

Pero, ¿qué pasa cuando una decisión aparentemente lógica divide en dos a los expertos, hasta el punto de generar una polémica que cinco años después sigue tan viva como el primer día? Prepárate, porque esta historia esconde un secreto que pocos conocen.

Estamos hablando de la liberación, en el año 2021, de 25 ejemplares de un auténtico superdepredador de Noruega: el pigargo europeo (Haliaeetus albicilla). Este proyecto, impulsado por el Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (GREFA) en el norte de España, concretamente en Ribadedeva (Asturias), ha desatado una tormenta de reacciones que nadie vio venir. (Nosotros tampoco, la verdad.)

El equilibrio de la naturaleza es delicado. Introducir un depredador puede ser un riesgo que vale la pena asumir, o un error monumental con consecuencias ocultas para nuestra fauna.

El pigargo europeo es una de las águilas más grandes del continente, un depredador imponente que se encuentra principalmente en zonas de humedales y masas forestales. Su dependencia de estos hábitats, junto con la sensibilidad a las perturbaciones humanas y la contaminación, lo hacen vulnerable. Sin embargo, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo cataloga como de «preocupación menor» gracias a su amplia distribución por Europa y Asia, con poblaciones especialmente abundantes en Noruega y Rusia.

Precisamente esta abundancia global es la primera piedra de la discordia. Los detractores del proyecto argumentan que el excelente estado de conservación de la especie en otras partes del mundo hace que su reintroducción en España no sea una prioridad ni, según ellos, una necesidad imperiosa para la conservación global. Esta es la primera alerta que nos llega.

La batalla por la historia: ¿extinto o ausente?

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) incluyó al pigargo europeo en su Listado de especies extintas en todo el medio natural español, lo que abrió la puerta a su reintroducción. Según GREFA, esta inclusión recibió el respaldo del comité científico que asesora al MITECO y las comunidades autónomas, e incluso el Grupo de Especialistas en Translocaciones de Conservación de la UICN apoyó el proyecto.

GREFA defiende que el pigargo es fundamental para los ecosistemas. Como depredador generalista y carroñero, se alimenta en función de la abundancia, seleccionando individuos enfermos o heridos y cadáveres. Esto lo convierte en una especie «sanitaria» y bioindicadora de humedales, crucial para el control de poblaciones más numerosas. Su recuperación en la cornisa cantábrica, insisten desde GREFA, beneficiaría directa e indirectamente a otras especies, incluidas las amenazadas, y ayudaría a detectar problemas importantes en los hábitats.

Esta visión positiva, sin embargo, choca frontalmente con la de varias asociaciones ecologistas como SEO/BirdLife y la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies. Su reclamación principal es clara: no hay evidencia científica suficiente para catalogar al pigargo europeo como especie extinta en España. Si no estuvo como reproductor históricamente, su reintroducción no tiene sentido desde una perspectiva de conservación pura.

Investigadores de la Universidad de Oviedo, como David Álvarez, Alfredo Fernández-Oranjuren y Germán Orizaola, publicaron un artículo el año de inicio del proyecto donde subrayaban que las pruebas de extinción y presencia histórica deben ser irrefutables. En el caso del pigargo, según ellos, no es así. (Es como un rompecabezas que no termina de encajar.)

La documentación utilizada por el MITECO para la catalogación se basa en referencias de dos nidos en Mallorca a finales del siglo XIX, restos fósiles en Ibiza y Canarias, y menciones de cría en otras zonas costeras. Pero los científicos críticos lo califican como «informes sobre restos arqueológicos, diversas citas de ejemplares solitarios y indicios dudosos de cría», muy lejos de las pruebas indiscutibles que se exigen.

El peligro del superdepredador: ¿una amenaza real?

Otro punto de fricción crucial es el posible impacto del pigargo sobre la fauna protegida. La Coordinadora Ecoloxista d’Asturies lo expresa sin rodeos: “Es un águila de gran tamaño que se alimenta de peces, aves y mamíferos y que no está amenazada. Al contrario, su población aumenta a lo largo de su enorme área de distribución”.

Los investigadores de Oviedo alertan sobre posibles efectos negativos en especies como el cormorán moñudo o el salmón atlántico, que ya se encuentran en un estado de conservación muy desfavorable. (Esto ya no es solo un debate científico, es un toque de atención para nuestro patrimonio natural.) La llegada de un superdepredador como el pigargo podría generar problemas graves por competencia o, directamente, por depredación.

GREFA, por su parte, niega rotundamente que la liberación haya tenido un impacto negativo. Su presidente manifestó hace años que «demonizar a los pigargos reintroducidos mostrándolos como catastróficos para las especies amenazadas, la ganadería o incluso los animales domésticos, es superar una línea roja«. Esta defensa subraya la importancia de no caer en alarmismos y de confiar en el rigor del proyecto.

La tensión entre la necesidad de restaurar ecosistemas y el riesgo de afectar lo que ya tenemos es una constante en la conservación moderna. Este caso del pigargo europeo es un claro ejemplo de cómo proyectos con la mejor de las intenciones pueden generar divisiones profundas cuando la base científica no es irrefutable o las consecuencias a largo plazo son inciertas. Es una lección imprescindible sobre la complejidad de la naturaleza.

Cinco años después de la liberación de los pigargos, estas majestuosas águilas continúan sobrevolando la cornisa cantábrica, con sus primeros polluelos nacidos en libertad que dan esperanza a unos y alimentan la preocupación de otros. La polémica, sin embargo, sigue tan viva como siempre. ¿Qué nos deparará el futuro para esta especie y los ecosistemas que ahora habita?

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