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La transición energética, impulsada por las guerras y no por la lucha contra el cambio climático

La transición energética ha sido una de las grandes obsesiones del sector energético en los últimos años. Una transición que después de parecer quedarse en punto muerto está reviviendo en los últimos años. La reacción a las guerras de Ucrania y de Oriente Medio y los equilibrios geopolíticos en todo el mundo han impulsado más la transición energética que la lucha contra el cambio climático y las medidas impulsadas por la UE. Los expertos señalan que la dependencia de los combustibles fósiles -sobre todo con la ruptura de la importación con Rusia y la crisis abierta en Ormuz, por donde pasa gran parte del petróleo mundial. Un hecho que ha vuelto a recordar la necesidad de «descarbonizar la economía, pero no solo por el clima, sino también para reducir la dependencia y el impacto de los incrementos de precio», tal como señala Stefan Sipka, jefe de Prosperidad Sostenible para Europa en el European Policy Centre (EPC) de Bruselas. Según Sipka, esta dependencia energética sería el «talón de Aquiles» de los 27 y solo las renovables podrían solucionarlo.

Desde 2022 con la guerra en Ucrania y el bloqueo a todas las importaciones rusas. En declaraciones hechas a la ACN la investigadora en jefe de energía en Europa del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero (IEEFA, por sus siglas en inglés), Ana Maria Jaller-Makarewicz, asegura que se ha demostrado que esta dependencia es «el punto más débil» de los 27 y asegura que a partir de la invasión rusa los gobiernos europeos han tenido que adaptarse y asegura que «la transición hacia las renovables es una transición hacia la seguridad energética». Añade que los datos del Banco Europeo de Inversiones muestran una inversión de 418.000 millones, una cifra cerca del doble de 2015.

Adaptarse y mantener los niveles de inversión y apuesta

Desde el estallido del conflicto en Ucrania las medidas que se han tomado han ayudado a reducir un 20% el consumo de los combustibles fósiles aunque a principios de 2026 la UE comenzó a depender del gas. La llegada de la guerra a Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz sirvió de recordatorio para no «bajar la guardia» con la implementación de la transición energética. Según Jaller-Makarewicz hay que reducir la demanda de gas y aumentar la de energías limpias, un hecho con el que Skipa coincide, ya que hay que ser «más ambiciosos» en reducir la dependencia de estas energías y no depender de unos cambios geopolíticos que son extremadamente volubles. Entre las apuestas de Skipa está la propuesta de la Comisión Europea, AccelerateEU, que busca mejorar la competitividad de la economía mientras se impulsa la descarbonización y la electrificación.

Una torre de distribución electricidad - Europa Press
Una torre de distribución electricidad – Europa Press

Los expertos, sin embargo, recuerdan que en el caso del Estado español esta transición y posición de liderazgo que ha tomado el gobierno español «no es suficiente» aunque desde el EPC aseguran que el Estado español es «más resistente» a los impactos energéticos porque ha invertido en renovables en los últimos años. De hecho, Jaller-Makarewicz señala que la inversión no solo se ha hecho en energías renovables, sino que también se ha invertido en la red eléctrica y en buscar cómo reducir el precio de la electricidad para el consumidor final.

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