Durante unos días a mediados de 2025, Larry Ellison era el hombre más rico del mundo. El propietario del gigante tecnológico Oracle, uno de los pioneros de Silicon Valley que se coló en el negocio de internet con contratos militares durante los años 80, había cambiado sustancialmente su estrategia desde el boom de la inteligencia artificial, y los retornos eran evidentes. La especialización en computación en la nube y gestores de bases de datos que lo habían llevado al éxito ya no tenían el potencial de maximizar retornos, y la IA era la joya más apreciada del sector tecnológico. En los últimos años, Oracle se ha erigido como uno de los grandes inversores del planeta en nuevos centros de datos y otras infraestructuras críticas imprescindibles para la expansión de las herramientas generativas y automatizadas, hasta el punto de que se espera que confirme una dedicación de capital de 50.000 millones de dólares en 2025; muy por encima de los ya hipertrofiados 35.000 millones que había proyectado a principios del curso. El capex en IA, según la hoja de ruta delineada, multiplica por tres los ingresos; y el margen operativo ya ha descendido un 1% respecto al año anterior. En este contexto financiero, la compañía busca desesperadamente garantizar las inversiones comprometidas, y ya en la presentación de resultados enfatizó la «disciplina financiera» como palanca de acompañamiento de la transformación. Una «disciplina» que se ha traducido en recortes masivos de trabajadores: el pasado martes, la multinacional anunció un proceso de despidos masivos que podría afectar -a falta de datos oficiales- a 30.000 de sus 160.000 empleados en todo el mundo.
Vale decir que Oracle había firmado contratos de computación que aún están por ejecutar, por valor de unos 550.000 millones de dólares, según detallaba recientemente el nuevo co-consejero delegado, Clay Magouryk; y se mueve ahora para tapar esta brecha. En buena medida, esta deuda provenía de un acuerdo masivo con Open AI, la creadora de ChatGPT, por valor de unos 300.000 millones de dólares. Desde estos nuevos compromisos, el mercado ha castigado la acción de la tecnológica, que ha perdido un 25% de su valor en solo tres meses, desde el inicio del curso. De hecho, si se compara con los máximos alcanzados en septiembre -justamente antes de los cambios organizativos que aceleraron el giro hacia la IA- las pérdidas son aún más escandalosas, de más del 50% de la valoración. Entonces, los títulos valían más de 400 dólares. Ahora, no llegan a los 200.
Voces del mercado consultadas ponen a Oracle como el ejemplo de los excesos inversores en el sector. «Era una de las favoritas para liderar el boom, pero ahora sus márgenes se han deteriorado y comienza a generar caja negativa», valora Javier Cabrera, analista de XTB. El batacazo que muestra su gráfico bursátil, postilla, es la prueba de que «la paciencia se está acabando» entre los inversores, que confiaban en retornos infinitos. «Hasta ahora, valía todo. Pero ahora estamos en una segunda fase de las inversiones, y habrá mucho más escrutinio», argumenta el economista.
Capital antes que empleados
La compañía se ha abstenido de hacer cualquier comentario respecto al desgarro de la plantilla. De hecho, ni siquiera ha confirmado la cifra de personas despedidas. Según las informaciones publicadas por la BBC, se han confirmado unos 10.000 despedidos durante la semana, si bien las cifras de costos de reestructuración que incluía la multinacional en sus estados financieros sugerían una influencia mucho más elevada. De acuerdo con la agencia Reuters, Oracle prevé un gasto de entre 1.600 y 2.100 millones de dólares en compensaciones para los empleados despedidos. El batacazo en el empleo se ha hecho, además, fuera de los ritmos que prevé la legislación laboral estadounidense. Si bien la ley obliga a las empresas de más de 100 empleados a informar de cualquier recorte grupal de la fuerza de trabajo con 60 días de antelación, los damnificados por la estrategia de Ellison no tuvieron ningún margen para reaccionar. De acuerdo con varios medios estadounidenses, el expediente se ejecutó con un correo electrónico masivo que informaba de la ruptura inmediata del contrato laboral.
La plantilla, vale decir, llevaba meses esperando un movimiento de estas características. A finales del tercer trimestre de 2025, Ellison despidió a su entonces consejera delegada, Safra Catz, y la sustituyó por los ejecutivos Mike Sicila y el mismo Magouryk, los líderes de la expansión de la infraestructura de cloud computing. El mercado vio este movimiento como una pista de la estrategia a corto plazo, con las inversiones gigantescas en los fundamentos computacionales de la IA que finalmente se han ejecutado. Entonces, Magouyryk ya alertó a los empleados del terremoto. «La demanda por la infraestructura de IA continúa superando la oferta, como se puede ver en el agujero en nuestras obligaciones de rendimiento», declaraba. La agencia estadounidense Bloomberg avanzaba, poco después del nombramiento, «recortes sustanciales» en la plantilla, que se han materializado solo unas semanas después.

Ellison, bajo la lupa
Según la lista de milmillonarios de la misma Bloomberg, que realiza un seguimiento en tiempo real de la riqueza absoluta de los hombres más adinerados del planeta, los movimientos de Oracle han erosionado con fuerza el patrimonio de Ellison. Desde principios de 2026, el magnate tecnológico habría visto cómo desaparecían unos 50.000 millones de dólares de su fortuna personal, y ha caído hasta la sexta posición entre los magnates más ricos, superado ahora por perfiles como el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, o el de Amazon, Jeff Bezos. El primero en la clasificación sigue siendo el propietario de Twitter y CEO de Tesla y Space X, Elon Musk.
La vida pública de ambos magnates, el año pasado codo a codo por el liderazgo económico del planeta, ha tomado caminos opuestos. Musk comenzó el 2025 hipotecando su imagen pública con una campaña gigantesca a favor del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump; y llegó a formar parte tangencial de su gabinete a través del ahora difunto DOGE –Department of Government Efficiency-, dedicado a aplicar recortes masivos al presupuesto federal. La relación entre las dos figuras hizo un agujero sin precedentes en la valoración de Tesla, que pasó de máximos de 460 dólares la acción antes de las elecciones a poco más de 240 dólares en el punto álgido de su vida política. Tras la ruptura, tanto las ventas como la valoración de la firma de vehículos eléctricos han vuelto a la normalidad; y, de hecho, ha llegado a superar su pico anterior, con unos 480 dólares por acción en los últimos días del año pasado.
Por el contrario, Ellison ha sido la cara visible de la amistad de Trump con las élites tecnológicas. El mandatario neoyorquino lo ha descrito como «un amigo cercano», y ha alabado su figura y la de su hijo, David Ellison, como «grandes hombres» en el mundo de los negocios del país. El acercamiento entre ambos se ha materializado en dos adquisiciones gigantescas que han añadido a la cartera de Ellison un imperio mediático: en agosto de 2025, Skydance Media, la productora y vehículo financiero de la familia Ellison, cerró la compra del histórico estudio cinematográfico Paramount. La fusión dejó en manos del tecno-oligarca, entre otros activos, la cadena CBS, una de las referencias informativas del país. Rápidamente, los Ellison impusieron cambios editoriales en la sección periodística del medio, situando a la opinadora Bari Weiss -despedida del New York Times por su discurso ultraconservador y proisraelí, cercano al trumpismo- como jefa de información en CBS News. Desde entonces, la administración ha forzado el fin del contrato de uno de los presentadores estrella de la firma, el cómico Stephen Colbert, por las críticas a su acción de gobierno; y ha obligado a editar a su favor la entrevista que concedió allí.
Tras la victoria con la CBS, Paramount Skydance se lanzó a una batalla con Netflix para integrar otro histórico del cine y la televisión, como es la Warner Brothers. Una batalla que, finalmente, ganó, contra el criterio de la dirección de la compañía adquirida. Como en el primer caso, más allá de los activos en la pantalla grande, Ellison se ha apoderado de un conglomerado periodístico del tamaño de la CNN; y, con ella, de todas sus subsidiarias internacionales. La fusión aún no se ha concretado, pero los analistas locales ya prevén un giro a la derecha similar al que impuso en la CBS. Todo ello, vale decir, está vinculado a la capacidad financiera de Oracle; que, a corto plazo, está en duda.


