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La guerra en Oriente Medio lasta un mercado de 2.500 millones para Cataluña

El mundo empresarial catalán, según diversas voces del sector exterior del país, nunca ha mirado hacia el Oriente Medio como una región nuclear para su actividad comercial. De los más de 100.000 millones de euros que Cataluña exporta cada año, al menos en los últimos tres ejercicios, solo un 2,5% se distribuye entre Arabia Saudita, Israel, los Emiratos Árabes Unidos y el resto de potencias alrededor de la península Arábiga. Antes de la pandemia y del cambio de ritmo exportador del Principado, según explican desde la Cámara de Comercio de Barcelona, la proporción era más o menos la misma: en 2019, Cataluña exportaba a estos compradores un 2,8% de todo el volumen transitado fuera de las fronteras del Estado español. Sin embargo, 2025 podría haber marcado un punto de inflexión favorable a los intereses catalanes: tal como explican fuentes del mundo internacionalizado del país, el año pasado fue «el que más se incrementaron las operaciones en la región«, con un 15% más que en 2024, unos 2.500 millones de euros. Además, había cambiado la calidad de los acuerdos: la tradicional composición del conjunto de productos vendidos, llena de bienes de consumo y alimentación premium, ha dado un salto industrial hacia la maquinaria, el material eléctrico y los derivados de los plásticos, todos ellos bienes intermedios que estaban fundamentando el cambio de modelo productivo de los principales actores regionales. «Tenían programas de industrialización muy ambiciosos para diversificar sus economías y reducir la dependencia del petróleo«, explican las mismas voces. Y Cataluña, antes de la guerra en Irán y el hueco que esta está generando, se había hecho un lugar importante entre los proveedores de la nueva era fabril del Golfo y Arabia.

Los clientes preferidos de las empresas catalanas en la región, según datos de la agencia para la competitividad de la empresa de la Generalitat, Acció, son también las economías más poderosas de Oriente Medio: los Emiratos Árabes Unidos, que compraron el año pasado productos y servicios catalanes por valor de unos 744 millones de euros; Arabia Saudita, con unos 617 millones de euros en valor adquirido, y la rara avis que supone Israel, el único de los países de la zona que recortó su relación comercial con Cataluña, con unos 560 millones de euros adquiridos, un 6% menos que en 2024. En cuanto a las otras dos potencias, los crecimientos interanuales respectivos fueron más que intensos, de un 20,4 y un 40,4% respectivamente. Observando la distribución sectorial de los flujos comerciales, la medalla de oro se la lleva uno de los sospechosos habituales en el Principado: la perfumería. El curso pasado, supuso el 16% de las compras catalanas a estos países, cerca de los 410 millones de euros, según datos de Acció.

También registran un impulso relevante, de acuerdo con las bases de datos de la Cámara, los productos alimentarios, con unos 470 millones exportados a la región; un aumento de más de un 39% respecto de 2024, con especial protagonismo en paquetes de alto valor añadido, como el cacao, el azúcar, el café o los platos preparados. Los bienes de consumo, mayoritariamente premium, sufren poco por los estragos de la guerra en Irán en la región, por una cuestión de pura distribución de rentas. «Hay que tener en cuenta que la gente que compra en Cataluña tiene un alto poder adquisitivo, y no lo dejará de tener. Y aquellos que sufrirán más la crisis económica, que son las capas económicas más bajas, ya no eran el público objetivo», lamenta Carles Mas, director del área de Economía y Empresa de la patronal catalana de las pequeñas y medianas empresas, Pimec.

Vista aérea del Puerto de Barcelona, con contenedores de exportaciones y cruceros / EuropaPress

Una reindustrialización catalana

A pesar del peso sobre el monto total, el sector exportador no ve en los bienes de consumo la palanca de crecimiento que puede hacer del Oriente Medio una región estratégica para las empresas catalanas. Es, volviendo a ello, aquella industrialización a marchas forzadas la que puede generar valor en el Principado. Según voces sectoriales consultadas, «Cataluña se ha beneficiado mucho» de un proceso que ha buscado fundamentar la creación de riqueza del país en la manufactura, trasladando las ganancias del sector petrolero a una industria más perenne y con más capacidad de redistribución. Solo en Arabia Saudita, la producción industrial se disparó un 9% en 2025 sobre las inversiones públicas del plan de diversificación económica Vision 2030, un proyecto de la corona de Riad para construir una economía más fuerte en el país. Por su parte, los Emiratos han disparado sus exportaciones industriales un 25% año a año, de acuerdo con datos del mismo gobierno, que pronostica un crecimiento del PIB próximo al 5% «acelerado por sectores no petroleros y reformas estratégicas». En este proceso, las empresas de bienes intermedios y maquinaria del Principado habían conseguido poner un pie en un sector «muy complicado», según Mas: de acuerdo con las cifras del Idescat, la región adquirió al tejido empresarial catalán más de 400 millones de euros en máquinas para fábricas y material eléctrico. En los dos mercados esenciales, las compras se dispararon: Arabia Saudita prácticamente duplicó las operaciones referentes a equipamiento industrial, y superó los 52 millones de euros facturados; mientras que los Emiratos Árabes Unidos crecieron cerca de 10 millones de euros desde 2024, hasta casi alcanzar los 49 millones de euros.

Son cifras pequeñas, pero que, según las voces sectoriales consultadas, tenían potencial para convertirse en una tendencia. En muchos segmentos económicos, la región «partía de cero», y «tenía que crear toda la cadena de valor». De hecho, el mundo patronal del país ha identificado que los exportadores catalanes no solo han aportado productos; también conocimiento. Según Mas, entre las empresas que mejor rendimiento han mostrado en el último año están los servicios altamente especializados a las empresas. «Consultorías, ingenierías, firmas de arquitectura…», enumera el representante patronal; en conjunto, iniciativas que muestran el recorrido de la región si tiene margen para continuar apostando por este tipo de transición económica.

El presidente de los EE.UU., Donald Trump / EP
El presidente de los EE.UU., Donald Trump / EP

Optimismo cauteloso

El carácter de las industrias más exitosas en la relación entre Cataluña y Oriente Medio hace que los flujos, según Mas, sean más resilientes de lo que se podría esperar. A diferencia de los bienes de consumo, que se pueden ver más lastrados cuando hay una guerra en el vecindario, «lo que vende el país a Arabia Saudita o los EAU es necesario; no dejarán de comprarlo porque haya un momento de mala racha económica». No queda claro, vale decir, que la sangre tenga que llegar al río: según la técnica del gabinete de estudios de la Cámara de Barcelona, Blanca Zapater, aún hay margen para salvar las economías del Golfo y su área de influencia de una crisis estructural. «Si la guerra dura más de tres meses sin perspectivas de solución, sí que habrá impactos serios. Pero si el impacto acaba siendo puntual, se revisarán las previsiones a la baja, pero sin más agravios», razona la experta. Similar es la perspectiva del director económico de Pimec, que considera que la cadena de valor es lo suficientemente sólida para que el agujero sea pequeño. «Quizás retrocedamos un poco: si el año pasado vendimos 2.500 millones, este año nos quedaremos en 2.200. Pero no desaparecerá: si hemos sido capaces de vender, seremos capaces de aguantar».

Otras voces sectoriales son aún más optimistas, y consideran que, incluso en el peor de los casos, el agravio será temporal. Dado que las exportaciones más fundamentadas en la reforma productiva se tendrán que ejecutar sí o sí, estas fuentes sostienen que «los contratos se pospondrán, o no se cumplirá el 100% de los acuerdos inmediatamente». El alcance económico del conflicto bélico es aún corto; hasta el punto de que desde Pimec «no tienen constancia de afectaciones a los contratos en las primeras semanas». Es decir, aquellas ventas ya pactadas, incluso con una guerra regional, se han ejecutado. Visto esto, Cataluña no parece dar indicaciones de querer huir de Oriente Medio, incluso bajo la lluvia de bombas. «Abrir un mercado nuevo es muy difícil. Salir de él por una coyuntura adversa y luego volver a entrar tiene un costo de oportunidad brutal», explican desde la industria. Mas está de acuerdo: para el representante de las pymes, si bien es cierto que la región «completa las carteras exportadoras sin ser un objetivo central», nadie tiene prisa por cerrar la operativa allí. «Todos los que conocemos que tenían planes en los Emiratos, en Israel o en Arabia Saudita, no tienen ningún plan para no estar allí. Y todos los que están buscando mercados alternativos para esquivar los aranceles de Trump, si tienen una oportunidad en la región, la tomarán», concluye.

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