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Bruselas tropieza con el «fiasco económico» de las nucleares en plena crisis petrolera

Bruselas ha vuelto a estallar bajo presión. Pocos días después del inicio de la guerra en Irán, cuando la crisis petrolera aún era una proyección y el último dato de precios de consumo se situaba dentro de los cálculos del Banco Central Europeo, la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, abrió la puerta a deshacer una década de estrategia energética para abrazar a un viejo amigo: las centrales nucleares. Con todos los reactores alemanes e italianos cerrados, y en camino del cierre definitivo de las plantas españolas, la jefa del ejecutivo comunitario aseguró, ante la primera potencial restricción de hidrocarburos, que haber dado la espalda al átomo en el mix energético de los 27 había sido «un gran error estratégico«. Las declaraciones de la conservadora alemana, acompañadas de un paquete de gasto dedicado a nuevas salidas nucleares, encendieron los ánimos de parte de su espacio político, pero también han levantado polvareda entre observadores y expertos del sector energético, quienes ven un contrasentido lastrar la transición renovable para dar marcha atrás hacia una tecnología que, en palabras del investigador del Centro de Economía Global y Geopolítica de Esade (EsadeGeo) Juan Moscoso, «no es sostenible ni es viable económicamente». «No tiene ningún sentido«, sostiene el experto, en conversación con Món Economia.

Similar es la postura de Jaume Morron, una de las voces autorizadas del mundo energético catalán y antiguo gerente de la patronal de la eólica del Principado, EolicCat; que alerta que un giro atómico como el que contempla Von der Leyen sería un «fiasco económico«. Morron ya hace tiempo que critica el retorno de las reivindicaciones nucleares que vuelven a escucharse en el Estado español y en Cataluña, especialmente a raíz del apagón general del 28 de abril del año pasado. Contra la postura de Von der Leyen, que veía en el abandono de las renovables una «decisión política» que habían tomado los liderazgos europeos a favor de las renovables, asegura que no han sido las instituciones las que han marginado las centrales: ha sido el propio mercado. «A los primeros que tendrá que convencer será a los antiguos gestores, que prefieren invertir en tecnologías más baratas y más provechosas», argumenta. Ya lo hicieron, de hecho, cuando fue el canciller alemán, Friedrich Merz, quien flotó la idea a finales del 2025. Entonces, Berlín lanzó un globo sonda para implementar una «moratoria del desmantelamiento» de las centrales inactivas en el país. Sin abrir la puerta a ningún paso atrás, operadores de la talla de E.ON o EnBW reiteraron que «las licencias para retirar las centrales estaban activas y el proceso no se detendría». «Deshacerlo costaría años y una inversión ingente», declaró entonces Georg Stamatelopoulos, director de EnBW, en referencia a una de las estructuras, la de Neckarwestheim 2, en el estado federal de Baden-Württemberg.

En este sentido, tanto Morron como Moscoso coinciden en que un movimiento a favor de la nuclear generalizada tiene una probabilidad más que baja de prosperar en Europa. «Las empresas que las operan cada vez más las están deteniendo», indica el experto eólico. Pero no por obligaciones legales, sino por un mandato puramente económico: el precio que impone el mix renovable, mucho más bajo, expulsa la nuclear del mix, y provoca que tener los reactores abiertos no sea rentable para los operadores. Se dio, por ejemplo, en abril del 2025, semanas antes del apagón, cuando la eólica sostenía buena parte del sistema. Entonces, los reactores de Almaraz y Cofrentes quedaron apagados porque los precios eléctricos no justificaban la producción. Las entidades favorables al átomo, en el momento, denunciaban «la alta carga impositiva» como origen de este desequilibrio; si bien las cifras revelan una brecha mucho más amplia que la que pueden causar los impuestos. En aquellas semanas, el precio de la luz se movía alrededor de los 12 euros el MWh, mientras que el costo de producción atómico era cercano a los 30 euros. «Los costos son ingentes. El debate económico es falso», recalca Moscoso.

Ursula von der Leyen y Donald Trump, en Escocia / REMESA / HANDOUT por la Comisión Europea

La quimera de las nuevas centrales

Los expertos indican, así, que cualquier expansión de las nucleares quedaría fuera del baremo eléctrico de los últimos años, especialmente en aquellos entornos donde la eólica y la fotovoltaica funcionan correctamente. Como recuerda Morron, aquellos países que están instalando nuevos reactores han asumido gastos multimillonarios: sin ir más lejos, la central de Hinkley Point C, en el condado inglés de Somerset, tendrá un costo total -ajustado a la inflación- de unos 48.000 millones de libras esterlinas. Al cambio, se trata de una movilización de 55.000 millones de euros, que servirá para instalar dos reactores con una capacidad total de 3.200 MW de generación. Según el exgerente de EolicCat, el costo de amortización de una instalación tan cara es «elevadísimo», lo que dispararía el precio por MWh de la electricidad generada una vez esta acceda al mercado. En Francia, los montos son más bajos, porque los seis nuevos reactores que busca instalar el gobierno de Emmanuel Macron se situarán mayoritariamente en localizaciones ya operativas. Aun así, el gasto -mayoritariamente público- se disparará hasta los 80.000 millones de euros. «Con estas cantidades, se pueden instalar parques eólicos o fotovoltaicos capaces de generar seis veces la misma energía que los reactores», revela Morron. El desequilibrio, pues, no es favorable a los generadores atómicos.

Este salto queda reflejado claramente en los precios energéticos. Según el portal EUNERGY, que recoge los datos de precios de todos los países de la Unión Europea, el megavatio hora ha costado este viernes en Francia unos 115 euros, con un mix energético ocupado al 68% por las nucleares y solo en un 28% por las renovables, de acuerdo con los datos de la Unión Europea. En el Estado español y en Portugal, con cerca de un 60% de generación renovable, el precio ronda los 11 euros por MWh. Cabe decir que otros países con una alta carga de renovables no tienen esta suerte: en Dinamarca, por ejemplo, el precio supera los 110 euros este viernes; así como en Alemania, ambos con ratios de renovables más elevadas que la península ibérica. Los expertos locales apuntan al aumento de la demanda de gas natural, sin infraestructura local para una cierta independencia en la gestión -como las gasificadoras que operan en el Puerto de Barcelona, entre otros puntos estratégicos de la región-; en un momento en que los hidrocarburos permanecen disparados por culpa de la guerra en Irán. En este contexto, el mercado marginalista europeo, que continúa anclando al gas el precio general de la electricidad, lastra la capacidad del viento y el Sol para rebajar la factura para los consumidores.

La acelerada europea a las nucleares, sin embargo, explora también otros caminos, como es el de los minireactores; unas estructuras de menor capacidad con costos más limitados. Ahora bien, Morron recuerda que este tipo de motores ya habían funcionado en los inicios de las centrales. «Los reactores modulares ya existen; y ya no funcionaron en los inicios de la nuclear comercial porque eran muy caros y la industria buscó economías de escala», reflexiona el experto, recordando experiencias como las de las centrales de Vandellós 1 o Zorita. «Son como los aerogeneradores sin aspas: cuando funcionen con precios equivalentes a las renovables, podremos hablar. Hasta entonces, no son viables», critica.

Fotografía de un molino de la Conca del Barberà / Mireia Comas
Fotografía de un molino de la Conca del Barberà / Mireia Comas

Un impulso político

Según Moscoso, no se deben buscar justificaciones técnicas para el retorno del discurso renovable -porque, según el investigador de EsadeGeo, no las hay-. La iniciativa es mayoritariamente política. Para el economista, Von der Leyen ha visto cómo, con la crisis petrolera, se abría una nueva amenaza a la soberanía industrial y económica europea. Visto este temblor, Bruselas busca alternativas para dejar de depender del gas y el petróleo rusos, del Golfo o de Estados Unidos, visto que ninguno de estos actores parece ser amistoso. Ahora bien, señala que los reactores como motor de autonomía estratégica tienen un gran agujero: los aparatos están en Europa, pero no está el material imprescindible para hacerlos funcionar. «Europa tiene muchas cosas. Pero, justamente lo que no tiene, es uranio», ironiza el experto. Y añade: «Hay en pocos lugares del mundo, por tanto, el riesgo geopolítico se mantiene». Morron argumenta en la misma línea; y recuerda, de hecho, que los grandes comercializadores de uranio enriquecido son, esencialmente, enemigos del proyecto europeo. «La mitad del uranio enriquecido que consume la UE viene de Rusia, y allí está el 70% del enriquecimiento. También hay en Kazajistán y en Estados Unidos», enumera. Por lo tanto, la nuclear «no es una solución a la dependencia energética».

A juicio de Moscoso, este es, de hecho, uno de los factores que explican el giro pronuclear. Entre los grandes defensores de los reactores en el Europarlamento destacan los grupos de la extrema derecha comunitaria. Todos ellos, apunta, próximos al Kremlin. «No quieren que Rusia pierda su negocio de uranio», diagnostica el experto en geoestrategia. De hecho, varios portales de noticias e influencers próximos a Moscú llevan dos semanas haciéndose eco de todas las referencias de Bruselas a las nucleares, en defensa del sector. A pesar del impulso político, sin embargo, los expertos consultados descartan un proyecto europeo a gran escala para recuperar el átomo. «El papel lo aguanta todo, pero el mercado será quien decida. Las empresas tienen el objetivo de tener la cuenta de explotación en verde, y no se sumarán a esta aventura», concluye Morron.

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