El mercado del petróleo no encuentra la paz. El barril Brent ha vuelto a superar los 100 dólares este martes, por primera vez en tres semanas. Lo hace en medio de la desconfianza en la más que frágil tregua entre Estados Unidos e Irán, y ante el golpe al sector que ha supuesto la salida de los Emiratos Árabes Unidos de la OPEP. En este contexto, la referencia europea del crudo se mueve entre los 110 y los 111 dólares, uno de sus picos más altos desde el inicio del conflicto, y más de un 2% por encima del cierre del lunes. El estadounidense West Texas Intermediate, por su parte, se eleva cerca de un 3,5%, y vuelve a rozar los 100 dólares semanas después de haber abandonado estos máximos.
La percepción del sector es que las conversaciones de paz entre Washington y Teherán no están funcionando. Cabe recordar que al cierre que los ayatolás han impuesto en el estrecho de Ormuz desde los primeros enfrentamientos, ahora hay que añadir los obstáculos estadounidenses, que ya han abierto fuego contra varios barcos iraníes que han intentado transitar hacia Asia. El paso, cabe recordar, concentraba antes de la guerra el 25% del tráfico petrolero mundial, y era esencial para las garantías energéticas de muchos de los grandes mercados asiáticos, como China, Japón o Corea del Sur. Los operadores han entrado en pánico después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, alejara el lunes cualquiera de las concesiones que piden sus interlocutores iraníes para terminar de lograr la paz. En el último plan, el gobierno de Mojtaba Jameneí llegó a poner sobre la mesa un acuerdo que abriría inmediatamente el estrecho, sin garantías para su programa nuclear; pero ha sido insuficiente para las autoridades estadounidenses.
A la incertidumbre en el estrecho se ha sumado el terremoto que ha supuesto para el mundo del crudo el anuncio de los Emiratos Árabes Unidos, que ha confirmado este mismo martes que abandonará la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) por la crisis en la región y por sus constantes enfrentamientos con Irán. El ejército de los ayatolás, cabe recordar, ha bombardeado varios objetivos emiratíes a lo largo de las últimas semanas, justificándose en la alianza del país con Estados Unidos. A pesar de que las autoridades de Abu Dabi han insistido en que sus compromisos de abastecimiento permanecen intactos, y que trabajarán con clientes y productores para «garantizar la estabilidad de la energía», el movimiento ha hecho estallar el capital, y los futuros prevén un nuevo aumento de los carburantes y otros derivados del petróleo.

Recortes de demanda
El mundo financiero afrontó el inicio de la guerra con ciertas esperanzas de que acabara pronto. Ahora, más de dos meses después del estallido del conflicto, las previsiones se vuelven más sombrías día tras día. En un análisis publicado el pasado lunes, el banco neoyorquino Goldman Sachs disparó de nuevo los objetivos de precio medio del barril Brent para 2026. Según los expertos, el cuarto trimestre -incluso si ya hace meses que la guerra ha terminado- la referencia comunitaria permanecerá por encima de los 90 dólares, mientras que el West Texas se quedará en los 83 dólares. Este horizonte supone encarecimientos de 10 y 8 dólares respectivamente respecto a las anteriores estimaciones para el final de curso. También han pospuesto su pronóstico sobre el final de la guerra, que ahora sitúan a finales de junio -un «choque sin precedentes», a ojos de los analistas, que puede dejar heridas estructurales en la economía global-. En el peor de los casos, desde Goldman alertan que el barril podría llegar a elevarse por encima de los 120 dólares «si las exportaciones no se normalizan hasta finales de junio».
Además, para el banco, los estragos que las bombas estadounidenses e israelíes están causando en la infraestructura petrolera y gasista iraní han reducido las reservas de los productores. Si estos inventarios «caen a niveles muy bajos», añaden, se podrían desencadenar «subidas de precios no lineales», que lleven el costo de los combustibles a cimas inauditas. Según sus cálculos, las reservas petroleras mundiales podrían descender a «un ritmo récord de 11 millones de barriles diarios», una reducción que podría afectar a los niveles de oferta disponibles para los consumidores. «Las extremas reducciones de abastecimiento no son sostenibles. Visto esto, podrían ser necesarios recortes de demanda aún mayores que los actuales si la crisis de oferta se mantiene», concluyen.

