El Banco Central Europeo vive un extraño período de aguas tranquilas en medio de las turbulencias económicas internacionales. En plena guerra abierta entre el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el de la Reserva Federal, Jerome Powell, Europa disfruta de una mala salud de hierro que permite a los dirigentes monetarios de la Unión esperar en la trinchera los movimientos de los rivales. El consenso de los analistas de mercado, según una reciente encuesta de la agencia Reuters, apunta que Frankfurt mantendrá estáticos los tipos de interés en el 2% en la reunión de este febrero, que se celebra en la sede del Banco entre miércoles y jueves; y que los dejará intactos también durante buena parte del curso. En las últimas semanas de 2025, cabe recordar, las previsiones económicas alemanas y la división frente a Estados Unidos levantaron los ánimos entre los más conservadores del gobierno monetario continental, y perfiles como la economista alemana del BCE Isabel Schnabel, o el presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, abrieron la puerta incluso a aplicar nuevas subidas de tipos de interés en los próximos meses para curarse en salud ante posibles procesos inflacionistas. Con el inicio del año, las malas perspectivas que sostienen las principales economías del continente y el misterio que aún dicta el programa económico estadounidense han forzado a los halcones a dar un paso atrás, y todo apunta a que no se forzará un encarecimiento del crédito a corto plazo. «Los tipos están en pausa, por muchas razones: Alemania está estancada, Francia tiene un crecimiento débil y España crece, pero con los sectores de siempre», alerta el profesor de Economía de la Universidad de Girona, Joaquim Clarà.
Ante esta realidad, Clarà alaba la paciencia del regulador monetario europeo. Según el profesor, el denominador más importante de la ecuación monetaria del Banco Central es el del futuro presidente de la Reserva Federal, el exgobernador federal Kevin Warsh. A pesar de que su perfil es técnico, y ya había sido un miembro relevante de la Fed en contacto con Wall Street desde 2008, Warsh es «mucho más cercano a Trump» que Powell, hecho que abre las puertas del banco central a las demandas de la Casa Blanca. Y la demanda principal es una bajada de tipos contundente. Para el experto, la política económica de Trump sigue la máxima empresarial de la búsqueda de liquidez a cualquier precio. Es esta máxima la que justifica su intención «de inundar el mercado de dólares» por la vía del crédito, sin atender a otras variables macroeconómicas.
Más allá de los efectos inflacionistas que las demandas trumpistas podrían tener en el país, una rebaja intensa de la ratio de intereses desde Washington devaluaría aún más el dólar, que ya se encuentra hundido respecto del euro, con un factor próximo al 1,20 a favor de la moneda comunitaria. Si la principal divisa comercial del planeta cae aún más, los expertos alertan que habría problemas serios para la UE en términos como la compra de hidrocarburos y otros productos energéticos, o incluso la participación en cadenas de suministro de las materias primas, todas ellas marcadas por la moneda de EE.UU. En este sentido, cualquier movimiento que haga Frankfurt que altere la relación con el dólar debe ejecutarse con «cautela». Si mantiene esta pausa, argumenta el profesor, la institución que preside Christine Lagarde «conserva el margen de reacción» en caso de que el nombramiento de Warsh provoque un terremoto económico. «Si ahora movemos los tipos por miedo, nos podemos encontrar con situaciones aún más complicadas«; como una reducción de tipos de más de un punto -como la que pedían los aliados de Trump- en EE.UU., sin poder enfrentarla con la política monetaria propia. «Ahora, todavía hay tiempo para no tener que actuar hasta que sea necesario hacerlo», razona.

La mala salud europea
Por ahora, observando las cifras macroeconómicas, no hay motivos para endurecer la gestión monetaria en la Unión. Este mismo miércoles se han conocido los datos de inflación de la eurozona, con un retroceso sustancial para cerrar el año, hasta el 1,7%. El IPC de los países de la moneda única, pues, se encuentra tres décimas por debajo del objetivo del 2% que marca la acción del Banco Central. Entre esta estabilización de la cesta de precios y la mala situación productiva en algunas de las principales economías de la Unión, hay voces que, incluso, se atreven a pedir rebajas de tipos. Es el caso del analista de XTB, Manuel Pinto, que contempla incluso «una reducción de 25 puntos básicos en las próximas reuniones», para evitar «movimientos estructurales» que hagan tambalear la economía local. Según el experto, los acuerdos comerciales con EE.UU. generarán una «desinflación adicional» que mostrará, durante la primera mitad de 2025, una «desinflación adicional» que permitirá calentar el mercado interno con un flujo de crédito más generoso. En este sentido, ve un cierto carácter performativo en las alertas de los halcones: «no creo que nadie tenga interés en subir los tipos con una inflación al 1,7% y los datos de PIB que hay».
En el caso alemán, de hecho, la posición de sus enviados al BCE ha sido modulada por el mal comportamiento de la inversión interna. A pesar de que la agencia estatal de estadística Destatis ha comunicado un ligerísimo crecimiento del producto interior bruto para cerrar 2025 -del 0,3%, escaso, pero suficiente para romper siete trimestres de flirteo constante con la recesión técnica-, la creación bruta de capital ha caído cinco décimas, y la inversión en maquinaria y bienes de equipamiento industrial ha sufrido un batacazo contundente, del 2,3%. Tampoco interesa un crédito más caro en Francia, España e Italia, que acumulan aún tasas de endeudamiento gigantescas -del 113, el 102 y el 135% del PIB, respectivamente-, que no quieren amortizar a costos aún más elevados. «Las circunstancias son económicamente malas. El gasto en intereses de la deuda en Francia ya supera al de Educación y compite con el de Defensa», detalla Pinto, que considera que solo este yugo debería ser suficiente para que los gobernadores presionen por una rebaja.

