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El agujero de la derrota arancelaria de Trump se amplía a 166.000 millones

El 2 de abril de 2025 se levantó el telón del nuevo mundo comercial de Donald Trump. El presidente de los Estados Unidos celebraba su primer trimestre de regreso al Despacho Oval, y comenzaba a demostrar que el alcance de la tragedia en este segundo mandato podría ser mucho más amplio que el que siguió a la victoria electoral de noviembre de 2016. Hasta entonces, Trump había abordado la política comercial como si fuera la de defensa, disparando primero y preguntando después; con medidas llamativas, pero contenidas, como los aranceles del 15% al acero y al aluminio. Hace exactamente un año, sin embargo, el mandatario celebró lo que entonces bautizó como el Día de la Liberación: la ruptura total del sistema-mundo, con aranceles universales a todos los países que emulaban el déficit comercial de los EE.UU. con cada uno. Desde un atril en la avenida Pensilvania, detrás del denostado cartel de cartón-piedra con el largo listado de tarifas, Trump declaró el 2 de abril como «el día en el cual los Estados Unidos comienzan a ser ricos de nuevo» –the day we begin to make America wealthy again-. Visto desde abril de 2026, sin embargo, el plan no ha salido como la dirección trumpista preveía: la inmensa mayoría de los costos de las fronteras comerciales los han asumido los consumidores y las empresas norteamericanas, el crecimiento económico del país se ha ralentizado sustancialmente y la inversión extranjera en EE.UU. ha retrocedido a mínimos de 10 años. Además, a finales de febrero, la estrategia de la Casa Blanca recibió un revés difícil de revertir: el Tribunal Supremo declaró ilegal la orden ejecutiva que había utilizado para instaurar los aranceles generales, y obligó al gobierno federal a devolver el grueso de la recaudación. Según han detallado la autoridad aduanera de Washington, el agujero económico que demandan las compañías afectadas se eleva por encima de los 166.000 millones de dólares.

Según detallaron la pasada semana los oficiales comerciales del gobierno federal, el sistema para reembolsar la recaudación ilícita estará preparado a mediados de abril. De acuerdo con los primeros cálculos, entre los beneficiarios constarán unas 330.000 empresas importadoras. Muchas de estas empresas, según ha avanzado la agencia Reuters, han llegado a denunciar a la administración por el perjuicio causado en sus cuentas de resultados. De hecho, algunas importadoras que habrían continuado con su negocio sin problemas en un entorno comercial abierto ven cómo los gastos adicionales vinculados a las tarifas ponen en peligro su continuidad. En este sentido, diversas entidades financieras han olfateado sangre, y están ofreciendo a los afectados créditos con intereses elevados utilizando el repago de los aranceles como aval.

El sistema que está poniendo en marcha la administración Trump para devolver esos 166.000 millones de dólares ingresados de forma ilegal tiene, sin embargo, un punto ciego importante: los consumidores. De acuerdo con un estudio publicado el pasado mes de febrero por la Reserva Federal de Nueva York, el 90% del costo adicional generado por la guerra comercial lo han asumido las empresas importadoras del país, pero también los compradores finales, que han visto cómo los impuestos al negocio en el extranjero se han trasladado a precios en una multitud de productos y servicios. De hecho, de acuerdo con el estudio, el costo fiscal para los consumidores se disparó de media un 10% para los productos importados, desde el 3% en 2024 hasta el 13% en 2025. Esta es una media, cabe decir; pero las empresas afectadas no han podido planificar su negocio exterior a medio plazo en ningún momento del último año, por culpa de las decisiones más que erráticas del mandatario, que han movido la línea fiscal decenas de veces en los últimos 12 meses. En declaraciones a la cadena pública de EE.UU., la NPR, la vicepresidenta de política federal de la liberal The Tax Foundation, Erica York, lamentaba estos vaivenes: «hemos contabilizado hasta 50 cambios arancelarios entre el Día de la Liberación y 2026. Así no hay manera de cumplir un plan de negocio».

Sin premio

El argumento de la Casa Blanca a favor de las tarifas comerciales era claro: el costo podía dispararse inmediatamente, pero el perjuicio económico quedaría compensado por el aumento en la producción industrial local de todas aquellas compañías que se apresurarían a trasladar las fábricas a EE.UU. El boom manufacturero prometido por el presidente, sin embargo, no se ha terminado de concretar; y un año después de la medida, con el programa arancelario ya tumbado, la base de trabajadores industriales del país se ha reducido en más de 90.000 personas, de acuerdo con los datos con la agencia pública de estadísticas laborales del gobierno federal.

Además, el cierre comercial acelerado por el presidente ha provocado una clara retirada del capital de los principales activos norteamericanos. En 2025, con el retorno de Trump al Despacho Oval, la mayoría de grandes casas de análisis financiero recomendaron a sus clientes apostar por los valores norteamericanos, ante la perspectiva de un gobierno pequeño, rebajas en la deuda y desregulación para las nuevas tecnologías, la defensa y la industria de los combustibles fósiles. Un año después, las mismas oficinas aconsejan mirar hacia sectores infravalorados de la industria europea, como el agroalimentario, y dudan de la supervivencia del excepcionalismo estadounidense en el mercado de renta variable. El rendimiento de los principales selectivos bursátiles del país ha sido, cuanto menos, mediocre: el S&P 500 ha ganado poco más de un 16% respecto del Día de la Liberación, según cálculos de los expertos de la bolsa de Londres recogidos por la cadena NBC; mientras que el Dow Jones ha crecido un modesto 11%. Solo el Nasdaq tecnológico mantiene el ritmo, con un 20% de crecimiento impulsado por la burbuja de la IA. Para comparar, en el mismo período, el Ibex-35 se ha disparado más de un 33%, mientras el FTSE 100 británico ha mejorado por encima de los tres selectivos, con un 20,3%. El Stoxx 600 europeo ha crecido en línea con los dos listados generalistas norteamericanos, un 14%, lastrado por las pobres actuaciones del Cac francés y el Dax alemán (+4,5% y +6,7%, respectivamente, desde el Día de la Liberación), reflejo de la mala situación política en ambos países.

Salidas de última hora

La sentencia del Supremo, cabe decir, fue inesperada para el gabinete trumpista. Los conservadores tienen mayoría en el alto tribunal, y las principales decisiones judiciales habían favorecido, hasta ahora, la agenda del presidente. La respuesta del Despacho Oval, en consecuencia, fue inmediata: Trump aprovechó una rendija en la sentencia, a través de una ley de los años 70, para implementar un arancel universal del 10%. Solo unas horas después, lo disparó al 15%, y acusó a sus socios comerciales de haber «estafado a América durante décadas sin ninguna represalia». La guerra en Oriente Medio ha forzado el silencio en el frente comercial en las últimas semanas, pero el presidente ha vuelto a atacar a los flujos exportadores esta misma semana, con un nuevo arancel de hasta el 100% para los productos farmacéuticos con marca registrada.

En una nueva orden ejecutiva, Trump obligará a los fabricantes a rebajar el precio de sus productos en EE.UU. Busca también compromisos explícitos de trasladar parte de la producción a territorio norteamericano. Las compañías que accedan a cumplir solo una de las dos condiciones deberán abonar un impuesto del 20%; mientras que las que rechacen ambas, enfrentarán este 100%. Y, según el entorno del Despacho Oval, aún quedan movimientos bajo la manga. «Lo mejor aún está por llegar: el programa del presidente Trump incentiva la producción doméstica, ayuda a mejorar los salarios y refuerza las cadenas de suministro estratégicas», declaraba, contra todos los datos disponibles, el representante comercial de los Estados Unidos, Jamieson Greer.

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