Los halcones planean sobre la política monetaria de la Unión Europea y sus principales socios comerciales. Ante una posible nueva ola de inflación impulsada por la guerra en Irán, los gobernadores de los bancos centrales de los 27, así como sus homólogos en el Reino Unido, Noruega o los Estados Unidos, ya contemplan la salida tradicional para evitar las espirales de precios: una subida de los tipos de interés que reduzca el crédito y, a su vez, el consumo. Ahora bien, autoridades económicas y expertos de diversos ámbitos han alertado contra esta maniobra. Según las voces críticas, el choque que está causando el aumento generalizado de precios que ya se ha notado en Cataluña en marzo no es de demanda, sino de oferta. Es decir, no hay demasiado dinero circulando para comprar carburantes, el principal actor del estallido del IPC; sino una gran tensión en el precio en origen del producto por la incertidumbre global que está causando el conflicto en Oriente Medio. De acuerdo con esta tesis, forzar a la ciudadanía a comprar menos no serviría para rebajar el IPC. Como argumentaba el decano del Colegio de Economistas de Cataluña, Carlos Puig de Travy, encarecer los préstamos «no es la solución«.
Vale decir que ciertos observadores macroeconómicos ya asumen, como mínimo, una mano monetaria más firme para los primeros meses del 2026. Según las últimas previsiones de la OCDE, la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra mantendrían intactos los tipos de interés durante todo el 2025. La estimación ya ha cambiado los cálculos de las bolsas de Londres y Nueva York, dado que los inversores asumían que las magnitudes monetarias bajarían en los próximos meses, y permitirían activar el flujo de capitales. Enfriada esta posibilidad, los índices Nasdaq y S&P 500 caen un 1,25 y un 2,5% respectivamente; mientras que el FTSE 100 inglés acumula pérdidas cercanas al 8% desde el inicio del conflicto.
La huida hacia adelante de Frankfurt
Sería el Banco Central Europeo, de acuerdo con los cálculos del organismo internacional, quien dispararía primero entre los grandes institutos emisores, con un incremento de 25 puntos básicos que se podría esperar para mediados de 2026. La presidenta del regulador monetario, Christine Lagarde, ha roto su tono institucional usual y ha poco menos que confirmado la hoja de ruta de la OCDE: en una conferencia en Alemania celebrada el pasado miércoles, la banquera francesa avisó que incluso «un aumento de la inflación no persistente» podría activar una subida de tipos. «Si el choque supera con mucho nuestras previsiones de inflación, aunque sea durante poco tiempo, estaríamos en posición de tomar medidas políticas», ha alertado. Según Lagarde, no hacerlo sería un «riesgo comunicativo», en tanto que insertaría en los mercados la noción de que «el BCE puede decidir no actuar» ante espirales inflacionistas.
A raíz de estas declaraciones, el sentimiento de la banca europea ha virado hacia posiciones conservadoras. Si hace no hace el 60% de los expertos financieros comunitarios consultados por la agencia Reuters en su última encuesta de situación monetaria consideran que los tipos de interés deberían permanecer intactos durante todo el año. La ratio aún es elevada, pero retrocede con mucha fuerza respecto de la anterior consulta, celebrada dos semanas antes, y que registraba un apoyo a los tipos congelados superior al 90%.

Aun así, voces tanto independientes como del mismo BCE han intentado presionar el freno. En la presentación de la encuesta trimestral a los economistas catalanes, el director técnico del Colegio, Xavier Segura, señalaba que los movimientos inflacionistas del mes de marzo no indican aún cambios estructurales en los precios. El IPC general, recordaba Segura, se disparó hasta el 3,3%, muy lejos del 2% en el centro del objetivo monetario; pero la inflación subyacente -aquella que excluye los elementos más volátiles de la cesta de precios, como la energía o los alimentos no preparados- se mantuvo estable en el 2,7%. Esto indica, reflexionaba el experto, que aún no hay efectos de segunda ronda sobre el conjunto de la cesta de precios y que, por tanto, una subida de tipos rápida podría ser prematura y excesiva. Similar era la lectura que hacía recientemente el investigador sénior de EsadeGeo Juan Moscoso. En conversación con Món Economia, Moscoso sentenciaba que «las subidas de tipos no son un buen escenario». «Europa tiene que hacer algo más que regular», reclamaba; en defensa de nuevos movimientos fiscales para estimular la economía y evitar una situación de estanflación.
El debate alemán
Incluso entre los halcones del BCE, el consenso sobre la ruta monetaria no está garantizado. El presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, ya ha comenzado una campaña de presión para elevar los tipos en 25 puntos básicos tan pronto como en abril, en la reunión del consejo de gobierno que se celebrará los días 7 y 8 del próximo mes. En declaraciones a la misma Reuters, el alemán -una de las voces más duras entre los partidarios del crédito caro- alertaba que «cada día que pasa contribuye a aumentar los riesgos inflacionistas, especialmente desde el punto de vista de la política monetaria». En este contexto, Nagel ha reclamado a sus homólogos europeos que «no tengan miedo de encarecer el dinero porque piensan que es demasiado pronto».
Por su parte, la economista del consejo de gobierno, la también alemana Isabel Schnabel, ha hecho un llamado a la prudencia. En una ponencia en Zúrich, Schnabel -vista en el mercado como el perfil más cercano a los halcones entre los cargos técnicos del BCE- argumentó que, con los datos actuales de precios, «no hay prisa para tomar ninguna acción». «Tenemos tiempo para observar los datos y considerar lo que está pasando realmente: si hay pruebas de efectos de segunda ronda, si la demanda es fuerte y cuán probable es que el choque inflacionista se convierta en estructural», alertaba. En este sentido, la experta considera que «estamos en una posición diferente» de la que sufrían los 27 en las primeras semanas de la espiral de inflación del 2022, generada por la guerra en Ucrania. Recuerda que, en aquel momento, los consumidores europeos guardaban niveles históricamente elevados de ahorro, acumulados durante los meses sin actividad de la pandemia. Ahora, en plena normalidad en las finanzas familiares y sin aceleradas anómalas de consumo en el horizonte, Frankfurt tiene «más tiempo para analizar con cuidado» el entorno comercial. «Si la inflación persiste, tendremos que actuar con decisión», sentencia. Pero no, como alegan los gobernadores, ya de primer momento.




