Pere Navarro (Terrassa, 1959) recibe a Mundo Economía en el DFactory mientras, a pocos metros, los operarios trabajan a todas horas. El Consorcio de la Zona Franca (CZFB) amplía el complejo con una segunda fase que estará operativa a principios de 2027 y que quiere incorporar nuevos sectores y reforzar la conexión entre las empresas y otros agentes del ecosistema económico. Navarro trabaja desde 2018 para construir un modelo en el que la Zona Franca no sea solo suelo para empresas, sino también un espacio capaz de conectarlas entre ellas y con universidades, centros de formación y centros de investigación. Y lo está logrando. En esta entrevista, habla con pasión de la reindustrialización de Barcelona -ha sido alcalde de una gran ciudad industrial-, de las infraestructuras que aún hay que mejorar, de las dificultades para hacer emerger el talento, del acceso a la vivienda y de la necesidad de combinar industria y servicios.
A pocos metros de su despacho hay grúas y operarios que trabajan en la ampliación del DFactory, el proyecto más potente del CZFB ahora mismo. ¿Qué significa esta ampliación y qué aportará al ecosistema industrial de Barcelona y del área metropolitana?
Cuando en 2019 decidimos crear el edificio donde estamos ahora (calle 27 de la Zona Franca), no era tan evidente que debíamos apostar por la reindustrialización del país y que la industria era tan importante para el desarrollo económico. Entonces decidimos construir un edificio arquitectónicamente singular como es el DFactory, con una inversión de 30 millones de euros, para que fuera una especie de pista de aterrizaje de empresas industriales de la industria 4.0: sensórica, robótica, inteligencia artificial, internet de las cosas, impresión 3D, etc. La idea ha funcionado, la oferta ha creado demanda y ahora tenemos una cincuentena de empresas instaladas y pagando alquiler. Aquí dentro, las empresas se conectan, se relacionan y generan proyectos conjuntos. Somos un referente internacional y lo hemos explicado al mundo. Y ahora toca crecer con cuatro nuevos edificios. La construcción es muy rápida y lo necesitamos porque las empresas también necesitan ocupar espacios rápidamente. Aquí tenemos empresas que están creciendo de una manera espectacular, algunas grandes y multinacionales y otras no tan grandes, pero que se adaptan muy bien a los cambios tecnológicos.
La recreación de cómo quedará esta ampliación apunta a algo más que despachos para empresas.
Sí, esta segunda fase es una mezcla de edificios que acogen empresas industriales de diferentes sectores, todas ellas vinculadas a estas tecnologías, pero también será un espacio urbano de mucha calidad, en el que pasarán muchas cosas de tipo cultural, social y ciudadano.
¿Se incorporarán nuevos sectores en esta segunda fase?
Aquí hay empresas que se dedican a la salud, a la logística o a la robótica industrial. Por ejemplo, la salud utiliza la sensórica, la robótica y la impresión 3D. Tenemos robots que operan a distancia, se fabrican modelos para poder operar, prótesis, férulas, y la logística también usa la robótica, la sensórica y la inteligencia artificial. Todos estos sectores comparten tecnologías. Y en esta segunda fase, queremos incorporar el sector agroalimentario, muy importante en nuestro país. Hablamos del sector primario, la agricultura y la ganadería, pero también de la industria alimentaria y de la transformación. También queremos incorporar aún más el sector de la salud, y de hecho, hemos firmado una alianza con el Hospital del Mar y el Hospital Clínic para que exploten la incubadora que tenemos de impresión 3D.
Toda esta actividad necesita también una buena conexión logística. ¿Barcelona está suficientemente preparada para los retos logísticos presentes y futuros? Atraer talentos y empresas también implica ofrecer buenas conexiones.
Hace 2,000 años los romanos eligieron Barcelona porque era un cruce de caminos. Y 2,000 años después seguimos así. Cuando digo Barcelona, digo región metropolitana, un espacio que tiene unas condiciones muy importantes desde el punto de vista de los centros educativos, pero también una tradición industrial muy potente. Barcelona nos puede parecer una ciudad de servicios, pero también tiene un ADN industrial muy potente. Tenemos el puerto, el aeropuerto, estamos en medio del corredor Mediterráneo y en un punto del Mediterráneo muy estratégico. Claramente, las empresas quieren venir aquí.
¿No hay nada que se pueda mejorar logísticamente?
Siempre se debe mejorar. ¡Y se están haciendo muchas cosas! Por ejemplo, la ampliación del puerto y la terminal de Hutchinson. También hay propuestas de ampliación del aeropuerto, y por suerte, el alcalde de Barcelona y el presidente de la Generalitat tienen muy claro que el aeropuerto debe ampliarse y debe dar paso a más tráfico aéreo. El corredor Mediterráneo es uno de los aspectos que también estamos reclamando y que ya se está realizando con inversiones potentes, pero estas grandes infraestructuras no cambian de un día para otro. Los accesos viarios y ferroviarios al puerto también se están ejecutando y nos permitirán dar un paso adelante muy relevante. Aquí tenemos los ingredientes necesarios para que esta zona, que ya es muy competitiva, lo sea aún más.

¿Hay suficiente suelo industrial para acoger nuevos proyectos empresariales en la región metropolitana?
El planeamiento de la región metropolitana es bastante equilibrado. Hay suelo industrial que se está desarrollando y que se ha desarrollado dentro de la región metropolitana, pero sobre todo, hay un aspecto que me parece muy destacable: el 75% del espacio de la región metropolitana de Barcelona son espacios protegidos, como parques naturales y espacios agrícolas. En el otro 25%, creo que hemos llegado a un equilibrio favorable entre espacios de vivienda y espacios productivos en forma de polígonos industriales.
En la Zona Franca estamos en plena ocupación porque muchas empresas quieren venir aquí. Tenemos el polígono industrial de la Zona Franca, de 6 millones de metros cuadrados, y al lado tenemos el polígono Pedrosa, que ya es término municipal de l’Hospitalet. Es un espacio muy especial desde el punto de vista industrial. En todo caso, en la región metropolitana tenemos las condiciones para atraer empresas.
Este crecimiento industrial también necesita talento. ¿Hay suficientes profesionales para compatibilizar la parte tecnológica y la de negocio, o hay que exportar talento?
Estos perfiles híbridos hacen que una persona pueda hacer diversas cosas al mismo tiempo. Hemos pasado de una época en que era muy valiosa la superespecialización de las personas a valorar perfiles que, aunque se puedan especializar más o menos en un tema determinado, puedan entender todo el proceso global. Pero ciertamente, el talento es una de las cosas que cuesta más encontrar. Y no estoy hablando solo de aquí, en todo el mundo. Cuesta más encontrar el talento que el capital, porque de dinero, en el mundo hay mucho. Lo único que están esperando son buenas ideas para invertir. Y no hablamos solo de la inversión especulativa, sino también de fondos de inversión que quieren hacer una inversión más productiva en campos que generan actividad y que son inversiones a más largo plazo, con un rendimiento más limitado pero de una manera más productiva.
Cataluña produce talento en sus centros de conocimiento. ¿No es suficiente?
Barcelona y Cataluña, por suerte, tienen centros educativos a todos los niveles: universidades, centros de formación profesional, primaria, secundaria… Nosotros conectamos el mundo productivo con estos centros, para que sus currículums se adapten a las necesidades que tenemos. Y aquí hay un paso de gigante, porque la tecnología y la IA avanzan más rápidamente que nunca. Cuando hablamos de generar talento, estamos hablando de personas, no podemos fabricar talento. Tenemos emprendedores, y también gente que se ha jubilado y quiere volver a empezar, todo ello forma un gran capital humano. Nosotros básicamente hacemos de conectores entre los dos mundos.
Como entidad pública, ¿cómo ejercen esta conexión que mezcla los ámbitos público y privado?
Hay un aspecto muy importante, la creación de empleo, y en este sentido, somos un espacio donde se crea empleo de calidad y a largo plazo. Algunos critican que aquí lo único que queremos son ingenieros, los trabajadores de cuello blanco. Pero nosotros creamos empleo para todo tipo de actividades. Aquí tenemos empresas de logística, gente que diseña los robots, pero también gente que los utiliza y que los opera. Lo hacemos con una alianza que no es solo un discurso, sino una realidad entre lo público y lo privado, creamos oportunidades y puestos de trabajo en esta plataforma de aterrizaje de empresas que, de otra manera, quizá no estarían ni en Barcelona ni en Cataluña, donde también encuentran una buena estructura logística.
¿Este modelo industrial es compatible con una economía de servicios potente, o quizás habría que reequilibrar la economía metropolitana?
Yo soy industrialista y mi apuesta es aumentar la actividad industrial, porque es la que crea riqueza desde la base, en el mejor sentido de la palabra, y crea puestos de trabajo de calidad. Ahora bien, los servicios son muy importantes. Por ejemplo, el turismo es un activo que genera mucho debate, que se debe ordenar y equilibrar, pero es una fuente de riqueza en la que trabajan miles y miles de personas y que debe preservarse.
A modo de ejemplo, después de que Nissan decidiera irse del polígono industrial, una de las condiciones que pusimos a quienes debían instalarse en la parcela de 518,000 metros cuadrados era que hubiera una parte de logística, pero sobre todo, que se mantuviera la actividad industrial. Y gracias a eso, Ebro está fabricando vehículos en esta parcela. Estamos alineados el Ayuntamiento, la Generalitat y el gobierno central en el objetivo de hacer crecer la industria.
¿Es compatible con una economía de servicios potente que también crece?
Yo creo que sí que es compatible.

Hay otro factor que puede condicionar la capacidad de retener talento: el acceso a la vivienda. Si la gente no puede vivir en Barcelona o sus alrededores porque los precios son muy altos, ese talento también se irá. ¿Cómo se puede reequilibrar esta situación?
Es uno de los problemas que tienen Barcelona y todas las grandes ciudades. Nos encontramos en todas las capitales europeas que el acceso a la vivienda es complicado, porque el espacio es finito y cada vez hay más demanda. Lo que debemos intentar es hacer políticas de vivienda, y Barcelona ya hace tiempo que ha comenzado a hacerlo. De hecho, en algunas estadísticas ya se apunta que los precios de los alquileres se han estabilizado y que las políticas de limitación de los precios de la vivienda y de los alquileres han funcionado.
De hecho, el Consorcio de la Zona Franca también ha puesto un pie en la vivienda. ¿Qué proyectos destaca en este sentido?
Con parcelas que teníamos en la ciudad de Barcelona, básicamente en los cuarteles de Sant Andreu y sobre todo en la Marina del Prat Vermell, hemos hecho un acuerdo con el Ayuntamiento de Barcelona mediante un derecho de superficie para construir aproximadamente 1,700 viviendas de alquiler a precio asequible. Como Consorcio, teníamos derecho a poder vender estos terrenos para construir vivienda a precio de mercado, pero nos ha parecido que, dada esta situación de urgencia, debíamos hacer este gesto. Estamos hablando de estas 1,700 viviendas de precio asequible y de muchas otras promociones que está llevando adelante la ciudad de Barcelona y varios municipios del entorno metropolitano.
En cualquier caso, también es muy importante que la gente tenga trabajo y unos salarios dignos, porque si alguien tiene trabajo y unos ingresos suficientes, siempre puede pagar una vivienda mucho mejor. Debemos conseguir que se construyan estas viviendas y que se controle sobre todo la especulación. En el sector inmobiliario, los fondos que quieren tener rendimientos rápidos han promovido la economía especulativa más que la economía productiva, que es nuestra apuesta.
Debemos intentar equilibrar una cosa con la otra: crear las condiciones para que la gente tenga un trabajo digno, con un salario digno, y crear las condiciones para evitar la especulación con un bien tan básico y necesario como es la vivienda.
¿Cuál es el proyecto que más ilusión le genera y dónde cree que podrá dejar su huella como presidente ejecutivo del CZFB?
Más que una cosa concreta, a pesar de que estamos aquí en el DFactory, yo creo que es la filosofía que alimenta esto: la voluntad de ser útiles a la sociedad desde el sector público, en contacto y en alianza con el privado. Esta manera de hacer y de funcionar es realmente lo que debería impregnar el conjunto de la gestión, de las administraciones y de las empresas. En resumen, la voluntad de ser útiles. Porque hablamos de tecnología, pero también de personas, que viven aquí, que necesitan trabajar, que necesitan vivir y disfrutar. Por lo tanto, esta voluntad de ser útiles al conjunto de la sociedad, para que la gente viva un poco mejor, debe existir.
Cuesta encontrar esta voluntad entre quienes mueven los hilos de la economía mundial.
Los tecnócratas y los grandes actores tecnológicos han perdido ese chip de utilidad por el camino. Tienen el chip de tener el máximo de datos posible, de vender el máximo de cosas para tener el máximo de beneficios posibles en el tiempo más corto posible. Pienso que nosotros debemos alimentar la reivindicación de la persona y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

¿Qué gran oportunidad tiene Barcelona y su entorno desde el punto de vista económico que si no aprovecha ahora, dentro de unos años será demasiado tarde?
Como ciudad, tenemos una gran oportunidad y el Ayuntamiento la está aprovechando: hay varios ingredientes que se integran en un discurso único de progreso y evolución de Barcelona: no estamos hablando solo de planificación urbanística, ni solo del DFactory y del polígono industrial de la Zona Franca o del distrito. Tenemos el puerto aquí, la economía azul, la cultura, el aeropuerto… En Barcelona ocurren una serie de cosas que, si somos capaces de integrarlas como un discurso conjunto, son una oportunidad. Barcelona ya está en el foco del mundo. De lo que se trata es de no dejar de estarlo. Barcelona ya tiene una marca muy potente. Ahora debemos alimentarla, hacerla crecer y seguir siendo un referente. Tenemos todos los ingredientes, debemos creérnoslo y hacer apuestas valientes.
