El inicio de semana en los principales mercados de renta variable en la Unión Europea no ha dejado ninguna buena noticia. La guerra en el Oriente Próximo ha arrastrado a los índices de España, Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido a mínimos de meses. Este mismo lunes, el Ibex-35 abrió la sesión con pérdidas cercanas al 3% y, aunque logró reconducir la situación, cerró el día en negativo; suficiente para perder la meta de los 17.000 puntos que tanto se había celebrado a principios de 2026. El DAX 40 alemán se dejó un 1% de su cotización total, mientras que el FTSE 100 de Londres perdió medio punto, lo mismo que el IT40 italiano, que abandonó los 44.000 puntos durante el día. Al mismo nivel que el listado madrileño quedó el de París: el -0,65% del CAC40 francés queda empequeñecido por el batacazo de sus vecinos, a pesar de que algunas de sus empresas, especialmente las industriales, se encuentran entre las que peor se han comportado en el 27. Metalurgia, banca, inmobiliarias… muchos de los sectores que componen un porcentaje elevado de las acciones que se mueven cada día en el continente han hecho retrocesos importantes. Una industria, sin embargo, no solo ha sobrevivido: la defensa. En plena escalada bélica, parte del capital que ha huido de otros lugares ha querido refugiarse entre armas. Al menos en una Europa que, según los principales think tanks de la unión, es cada vez más compradora.
Según Stoxx, la joint venture entre Deutsche Börse AG y SIX Group AG, las firmas especializadas en defensa rinden a un ritmo mucho mejor que el del mercado general. En las primeras 10 semanas del curso, los principales valores militares de la Unión se han incrementado más de un 10%. Aunque las primeras jornadas de la guerra les han afectado, lo han hecho a una escala más baja que al conjunto del mercado, con un retroceso por debajo de los 2,5 puntos desde las primeras ofensivas. Contra el resto de la tendencia financiera, este lunes el selectivo gana siete décimas, con algunos protagonistas especialmente destacados. Es el caso de la italiana Leonardo, una de las fabricantes más icónicas. El listado de las 40 cotizadas más potentes de la península ha caído siete décimas en el día, mientras que la firma que preside Stefano Pontecorvo se incrementa más de tres puntos, y gana cinco desde el inicio del mes de marzo.
No es tanta la distancia que recoge el principal fabricante alemán del sector, pero aún es sustancial: Rheinmetall, el fabricante de carros de combate con sede en Düsseldorf, se incrementa dos puntos durante la jornada, y ya acumula un +4% desde el inicio del curso, con acciones que superan los 1.600 euros por unidad. En comparación, el DAX40 alemán recorta siete décimas su potencial general. En el caso francés, la alegría va por barrios: el CAC40, que había comenzado el día con bajadas menores que sus homólogos, ha tropezado con una caída de un punto porcentual en la jornada. La ganadora del mundo de la defensa ha sido Thales, el grupo tecnológico especializado en la industria aeroespacial, que ocupa la 16ª posición en la lista de los grandes contratistas de defensa del planeta. La compañía, radicada en Neully-Sul-Seine, rechaza la mala racha del selectivo parisino y acelera cerca de un 2,6%, mejorando el valor de los títulos hasta los 248 euros. Por otro lado, la también especializada Safran no ha tenido esta suerte, y baja a exactamente el mismo ritmo que el listado general: un -0,98%.

Más compradores
Más allá de la escalada bélica forzada por la administración Trump, ya sin los guarda-raíles que la habían limitado en su primera estancia en el Despacho Oval, la industria europea de defensa ha encontrado nuevos clientes tanto en casa como fuera del espacio atlántico. China enlaza tres años consecutivos elevando el gasto en defensa en un 7,2% interanual. Este año el anuncio se ha quedado en el 7%, una ligera rebaja que no ha sido suficiente para asustar a los inversores. Por su parte, Europa entra en su primer año de trato excepcional a la industria de defensa, con excepciones marcadas en las reglas de gasto comunitarias que permiten que los países miembros accedan al mercado de la seguridad global sin las restricciones de Bruselas.
Esto, según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz -un think tank sueco especializado en estrategias defensivas globales- ha permitido que Europa se haya convertido en el principal importador de armas en los últimos cinco años. Entre 2021 y 2025, según el reciente estudio, los 27 han triplicado las compras foráneas de material militar. Aunque los gobernantes mantienen el discurso de la autonomía estratégica, el grupo de expertos constata que Estados Unidos sigue siendo el vendedor mayoritario del nuevo armamento de la Unión; con cerca del 50% de las operaciones. De lejos, les siguen Francia y Alemania, ambos con menos del 10% de la cuota.
Trump sacude las empresas
A pesar de las ventas al alza en el mercado europeo, las empresas estadounidenses no han podido beneficiarse de la tendencia alcista que ha creado su presidente con el ataque sobre el Oriente Próximo. Las cinco principales empresas estadounidenses del sector de la defensa se han levantado con una tendencia bajista clara: RTX, el gigante militar fruto de la fusión entre Raytheon y United Technologies, cae cinco décimas; mientras que Honeywell se deja más de un 0,8%. Lockheed Martin retrocede ligeramente, poco más de una décima, mientras que Northrop recorta cerca de un 0,7% y General Dynamics cae más de un 1,6%.
La razón de este batacazo, en la tendencia contraria a la del resto del planeta, es puramente administrativa: el Pentágono, la autoridad militar vinculada al gobierno federal, ha impuesto un «período de evaluación» a los contratistas de defensa del país, para «garantizar que su rendimiento está alineado con las prioridades del país». En una polémica orden ejecutiva emitida el pasado mes de enero, el presidente obligó a las empresas a dedicar su beneficio a reinversiones en crecimiento, y amenazó con ejecutar contratos públicos para aquellas corporaciones que hayan priorizado dividendos o recompras de acciones «por encima del rendimiento» industrial. El secretario de Guerra de la administración de Washington, Pete Hegseth, protagonizó uno de sus tradicionales desplantes cuando aseguró que «el Departamento trabajará con aquellos que lo hagan bien -y fiscalizará a los que no». «No más recompras, no más salarios ridículos para los CEOs, no más bonos ejecutivos, especialmente para aquellas empresas que no entregan pedidos cuando toca», amenazaba.



