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“¿Buitres? Nosotros somos palomas de la paz”

Enric Jiménez y Sara Martínez se conocieron a los 14 años. Tienen dos hijos. Ahora pasan las veinticuatro horas del día juntos. En 2010 fundaron Somríe –Somos respuesta inmobiliaria eficaz–, una empresa humilde, pero que abarca cinco líneas de negocio. Él, más lanzado; ella, más reflexiva. Ambos, con seguridad y un cierto sentido del humor. Finalmente, ganan dinero. Solo un poco, pero lo ganan. Los mueven –dicen– unos valores que no son los generales del sector. Asesoran y acompañan al comprador, “que es quien paga la fiesta a todos”, y quieren sacar al mercado “vivienda asequible”. ¿Eso es función social? Cuando alguien les dice que no por eso dejarán de llamarlos buitres, responden: “¿Buitres? Nosotros somos palomas de la paz”.

Ustedes nacen en 2010, justo cuando hay el gran estallido de la llamada burbuja inmobiliaria. ¿Cómo se les ocurre crear una empresa en el momento en que cierran tantas?

Yo vengo del sector desde hace treinta años. Durante los primeros quince trabajo en promotoras y constructoras. Comienzo como un pequeño comercial en Mataró en Finques Pous, una inmobiliaria que ya tenía 90 años. De allí paso a trabajar con la familia Sans, en Volumètric, los antiguos propietarios de las marcas de ropa interior Abanderado y Princesa. Más tarde, en una promotora más grande, valenciana, que evidentemente en aquel momento quiebra. Finalmente, trabajo dos o tres años con la familia Abad, con las hermanas Abad, en Barcelona, como gerente.

Una vez tengo toda la visibilidad del sector inmobiliario, como que yo era el director comercial y de ventas de las promotoras, me di cuenta de que el comprador tenía un problema serio. Era quien pagaba la fiesta a todos. El que terminaba pagando a los bancos, los notarios, los inmobiliarios… Nadie velaba por sus intereses. En un momento de crisis –dicen que crisis es oportunidad–, sabía que en otros países –Estados Unidos, Francia, Canadá…– había una figura que trabajaba única y exclusivamente para los compradores. Y entonces pensé: “Hombre, si ahora el momento es tan difícil y los compradores tienen problemas para comprar porque todo está parado, ¿por qué no empezamos con una empresa diferente?”. Le pusimos Somríe, porque yo venía de estudiar en Esade, en marketing. Los compañeros me dijeron: “Tú que eres muy positivo, Somríe: Somos Respuesta Inmobiliaria Eficaz”. [Ríen].

Recuerdo que hicimos nuestra página web llena de sonrisas y que nos preguntaban si éramos dentistas. Una clínica dental. En fin, aquello era darle la vuelta al sector y pensar en algo un poquito diferente.

De todas formas, en plena crisis, inclinarse por el comprador cuando ya no había, porque los bancos ya no daban hipotecas, era muy temerario.

Era difícil, sí. Además, yo tenía un buen sueldo. Mi mujer trabajaba también y teníamos dos niños pequeños. Era difícil tomar una decisión arriesgada. Los amigos y la familia nos prestaron apoyo, pero… Yo vengo de una escuela que piensa a medio y largo plazo. El cortoplacismo no me interesa. Tomamos una decisión que seguro resultaría muy dura a corto plazo, sí. Y fue durísima. Había meses que pagábamos el alquiler de la oficina o la hipoteca. La una o la otra. Ambos en el mismo negocio, con niños pequeños… Cada mes que pasaba era una losa. Cada mes eran tres mil euros del alquiler, la hipoteca… Íbamos pidiendo pólizas de crédito que pagábamos unas con otras. Apostamos por un proyecto que creíamos que a largo plazo sería bastante bueno. El tiempo nos ha dado la razón.

Entraron ustedes en un sector desprestigiado. Muchísima gente piensa que es el reino de los especuladores, de los abusones y de los buitres…

Yo siempre he dicho que nos ven como piratas.

En lugar de una sonrisa, podían haber puesto en la página web la bandera pirata…

[Ríe] Con pata de palo y loro en el hombro. Sí, pero precisamente eso motiva nuestra filosofía: querer hacer diferente. Nuestra intención era justamente la contraria. Recuerdo una de las primeras entrevistas que nos hicieron cuando arrancábamos con un titular que decía: “Quiero cambiar el sector inmobiliario”. Y la gente me decía: “Olé, muy bien, ánimo, campeón!”. En todo caso, fue así y más, porque nosotros hemos terminado formando a nuestros competidores. Siempre hemos pensado que, si formamos la competencia, habrá más pastel para repartir.

Ahora son, entonces, una plataforma inmobiliaria integrada…

Correcto.

«Buscamos socios que puedan invertir el noventa por ciento en cada proyecto» / Anna Munujos

¿Y eso qué es?

[Sonríe]. Nosotros hemos logrado con el tiempo ir de cero a cien y cubrir todo el proceso. Tenemos una empresa que se dedica a conseguir producto, activos y oportunidades en el mercado. Para nuestros clientes y para un club que tenemos. Esto es Property Buyers, que capta activos inmobiliarios en el mercado. Gente que trabaja para encontrar oportunidades. Desde fondos como el de la Sareb hasta pequeños propietarios que tienen un problema y quieren deshacerse de él. Nosotros captamos oportunidades y las llevamos a un club que es una coinversión, no un crowdfunding. Lo que hacemos es invertir entre el diez y el quince por ciento de cada proyecto. Buscamos socios que puedan invertir el resto. Con rentabilidades aseguradas al diez por ciento, que pueden llegar al veinte.

Es decir, que yo tengo una cierta cantidad, me pongo en contacto con ustedes y…

Y te decimos: “Tienes estos proyectos”. Uno en Les Borges Blanques, otro en Mataró, otro en el Valle de Arán…

Proyectos de promoción inmobiliaria.

El ochenta por ciento son promoción inmobiliaria y un veinte por ciento definidos por una palabra que ahora está muy de moda: tóxicos. ¿Qué es un activo tóxico? Un activo con okupas.

¿Okupas vulnerables?

¡No! A nosotros no nos gusta salir en la tele. Gente que no es vulnerable. Hay unos señores que se dedican profesionalmente y nosotros tenemos las herramientas para negociar con ellos y que se vayan. Hay gente que, sencillamente, no paga el alquiler. Y aún hay quienes trafican con drogas o incluso que trafican con pisos. Hay gente que se dedica profesionalmente a ocupar, que venden llaves… Nosotros lo que intentamos es negociar siempre a través de nuestro departamento legal. No les enviamos a los matones esos que salen por la tele. No hemos trabajado nunca con ese tipo de perfiles. Solemos enviar a mujeres, que en la negociación son mucho más cercanas. Una mujer permite tranquilidad en el momento de la negociación. Y lo conseguimos. Desocupamos, pintamos, limpiamos y transformamos y vendemos.

¿Alquilan y venden?

No. Siempre vendemos. Nosotros tenemos también una patrimonial, pero que no se dedica a la vivienda. Llevamos una residencia de estudiantes en Lleida; un edificio turístico en Triana, un pequeño hotelito con un restaurante en Sietemo, en Huesca; una residencia de ancianos…

Dice que buscan fondos de la Sareb. ¿Van también a subastas públicas?

No. Habíamos hecho alguna prueba en eso, pero nos salió mal. Ganamos una y perdimos otra. La que ganamos no la ganamos, porque el deudor puede igualarte y se lo queda él. Si ganas, puedes no ganar y si pierdes, pierdes. Por lo tanto, perdimos ambas. Y tardaron un año en devolvernos el dinero. Probamos, pero vimos que no valía la pena. Y no hemos vuelto.

Una rentabilidad del diez hasta el veinte por ciento es especulación.

No, porque aportamos valor. Si compramos a la Sareb, por ejemplo, compramos viviendas que están acabadas al setenta por ciento. Que ellos se quieren quitar de encima. Luego automáticamente adjudicamos a cada vivienda entre 70.000 y 80.000 euros de inversión. Buscamos un margen de promotor. Ese veinte por ciento teórico, que termina siendo entre un quince y un dieciocho, cuando has pagado todos los gastos, termina en un once o un doce por ciento, que es un margen de promotor. Y siempre vendemos a precio de mercado. Tenemos promociones que vendemos a precio de VPO, por ejemplo, en Lleida. Sin serlo.

La Sareb tiene muchos pisos que se quedaron parados en el primer momento de la crisis, sin terminar de construir. Las plataformas reivindicativas piden a las administraciones que los terminen y que los dediquen a vivienda de protección oficial…

Como no lo hacen…

¿Y por qué no lo hacen?

Ni saben, ni quieren saber, ni tienen el dinero.

Eso es un desastre. No me extraña que la gente se queje.

Es un desastre, sí. Yo mañana solucionaría el tema. Levantaría el teléfono y les diría: “A ver, Sareb –como que la Sareb es pública…–, de todos estos pisos los que se puedan habitar, todos a alquiler social, todos. Y se acabó”. Si son 200.000, pues, 200.000.

¿Y por qué no lo hacen?

Porque no preguntan a profesionales. Los ministros de vivienda ni saben ni quieren saber. Y su entorno no es profesional. Los profesionales que estamos al día a día les podríamos ofrecer a raudales, de soluciones. De media, Pedro Sánchez ha hecho 9.000 viviendas de protección oficial. Los anteriores gobiernos, del PSOE o del PP, habían hecho muchos más. Felipe González, 100.000. Aznar y Zapatero, 60.000 o 70.000. De media anual, ¿eh? Y ahora tienen récord histórico de recaudación de impuestos. Si con este récord histórico no hacen vivienda, los transportes públicos van como van, la sanidad va como va… No sé dónde meten el dinero.

Hablábamos de Property Buyers…

Son los que cogen los activos. Gente que trabaja en Valencia, en Sevilla, en Barcelona… Estamos en unas veinte ciudades. Ellos captan el producto. Nosotros no lo tenemos. Cuando viene alguien y nos pide algo concreto, miramos si es viable y, si lo es, lo buscamos. Así empezamos y cuando salía un producto que el cliente no quería o que no respondía a la demanda, nos lo quedábamos nosotros. Por ejemplo, en el caso de una herencia complicada no quiere meterse nadie. Entonces lo cogemos nosotros y lo transformamos.

En un momento determinado entendimos que necesitamos inversores porque nosotros no somos millonarios. Hay gente que nos llama, por ejemplo, nos dice que tiene 20.000 euros y que obviamente con eso no puede comprar nada ni puede dar una entrada. O no quiere. Empezamos así el club. Con préstamos participativos a proyecto. Ellos pueden elegir dónde los invierten. El mismo producto es el que da la garantía, porque, además, nuestro grupo tiene cero apalancamiento bancario. Como en el momento de la crisis los promotores con los que yo trabajaba sufrieron mucho y vengo de una escuela de no hipotecar los activos, tenemos cero apalancamiento bancario en todo el grupo.

Yo creo que todo esto no les debe evitar una cierta mala imagen. El sector donde trabajan lo propicia…

Nos pueden llamar fondo buitre, porque un fondo buitre conlleva ser un gran tenedor. Es decir, tener más de diez viviendas en toda España.

[Sonríe]. Son un fondo buitre.

[Ríen]. Más simpáticos, eso sí. No aquellos consejos con veinte señores con corbata y cara de malo. Pero nos lo pueden llamar, sí. Y que conste que estamos intentando dar vivienda asequible al mercado. Nosotros tenemos dos hijos de 21 y de 23 años. Ellos y sus amigos tienen muy difícil poder encontrar vivienda. Nosotros les ofrecemos con un precio que oscila entre 150.000 y 220.000 euros. Con 30.000 de entrada y una hipoteca mensual de 500-600 euritos pueden ir tirando…

¿En Barcelona?!

En Barcelona, imposible. En las afueras, sí. Nosotros somos de Mataró. Hay poblaciones que sí y hay que no.

«No invertimos en las grandes ciudades» / Anna Munujos

En Barcelona, entonces, no tienen nada.

Nosotros no invertimos ni en Barcelona ni en Madrid ciudad ni en Málaga. Huimos de las grandes ciudades, del mercado caliente. Como ya me lo conozco, este mercado, huimos de él. Vamos donde hay una necesidad de vivienda. Y lo hacemos por proximidad. En el caso de Lleida, trabajamos en Les Borges Blanques, en Alcarràs… Allí haremos ahora cien viviendas. En la ciudad de Lleida un piso cuesta 380.000 euros y nosotros vendemos de obra nueva por 220.000.

El ochenta por ciento de nuestro negocio es este. También hemos tenido algunas grandes casas. En Marbella, por ejemplo. Porque ha sido una oportunidad y porque allí tenemos socios. Pero normalmente nos gusta la vivienda asequible.

¿Por qué hemos llegado a un punto en que hay tan poca oferta y tan cara? ¿Qué ha fallado en todo el sistema por el camino?

Los políticos y los técnicos de ayuntamiento están asustados. No desarrollan suelo, porque en la época de ¡Viva la vida! todos hacían el egipcio. Hacían mucha más oferta que demanda había. ¿Ahora qué pasa? Como que la gente está asustada, todos se han frenado. Nosotros tardamos dos años y medio para conseguir una licencia. Tardan muchísimo. Es horroroso. E igualmente tienes que tener la inversión hecha mientras esperas dos años para que te den esa licencia. Y en dos años se ha encarecido el precio de construcción. Yo hoy tengo un presupuesto que dentro de dos años ya no me servirá.

¿Quién sufre este precio al alza? El comprador final, que paga más caro. Si esto lo agilizamos, el comprador comprará más barato. La inversión de cualquier promotor está dentro del tiempo. Al final el tiempo hace que una apuesta sea buena o mala. El tiempo es básico. La parte política es un freno, pero después la parte técnica aún lo complica todo más. Tienen tantas normativas… La europea, la estatal, la autonómica, la local… Uno dice esto y el otro dice aquello, y el técnico dice: “Yo no firmo nada, porque, si firmo, me voy esposado”.

Todo esto es un desastre.

Total. Y al final sufre quien no debería sufrir, que es la gente joven, la gente que necesita una vivienda. Todo esto podría ser mucho más ágil y mucho más económico. Se va encareciendo todo porque se va haciendo bola. Esto no viene de hoy. Esto viene de 2015. La obra nueva ha caído en picado. Después está toda la historia de la vivienda de protección oficial. Se tiene que hacer, claro, pero, cuando te obligan, como es el caso de Barcelona, a hacer un treinta por ciento en cada promoción, ni que te regalen el suelo. Los costos de construcción se disparan. Nadie se meterá para perder dinero. Y tampoco a hacer VPO.

Explíquelo bien…

Sí. Yo tengo un suelo que vale cero y construir vale más en algunas zonas que la vivienda de protección oficial. ¿Quién se meterá para perder dinero? Los precios de las VPO tienen que ir modulándose. Si yo tengo un bajo en la calle, de 70 metros, y tengo un ático que da al mar con esta superficie, esto no puede valer igual. Está mal resuelto.

Y aún otra cosa en el caso de los alquileres. Imagínate que les hago caso, pongo precio de índice y un piso que vale 1.200 lo saco al mercado a 800. Al día siguiente tengo 800 llamadas, de las cuales 80 son gente que me gusta. Tengo una lista y en el top hay ingenieros, gente que viene de otros países y que cobra 8.000 euros al mes… En la posición 70 u 80 está el pobrecito que trabaja en Mercadona. Entonces, dejo fuera de la partida a quien necesita la ayuda. ¿Qué hace el propietario? Encima, no le dirás a quién tiene que alquilar la vivienda.

El 30 por ciento de construcción de vivienda pública en cualquier promoción ¿qué resultados ha dado? Fue una idea de la alcaldesa Ada Colau, Jaume Collboni dijo que la modificaría, pero necesita el apoyo de los Comuns y no lo ha tocado. 

Ha perjudicado mucho el mercado. Ahora ha mejorado porque puedes hacer las VPO en otro lugar. Tú imagínate eso antes en el caso de un edificio en el paseo de Gracia. Los propietarios de vivienda pública no podían pagar ni los gastos de comunidad. Ahora hay más sentido común. Pero es lo que decimos. En otro lugar si el promotor gana dinero en la parte del setenta por ciento y la del treinta es “lo comido por lo servido”, jugará. Pero que sea “lo comido por lo servido”, que no le cueste dinero. Porque, si no, le puede restar del otro lado.

Si le resta del otro lado, los pisos sin protección serán más caros aún…

Correcto. Ahí está. Eso pasa.

«Si subimos hasta arriba y miramos, nos asustamos, y lo dejamos estar» Anna Munujos

O sea, que la mayoría de compradores pagarán más. ¿Y ustedes cómo sobreviven en este enjambre?

Nosotros sufrimos. Pero yo siempre he tenido dos líneas a seguir en la vida. El medio-largo plazo y la microeconomía, no la macroeconomía. Entiendo todas estas historias de Ormuz, pero no he pasado nunca por ahí. Miro de hacer bien nuestro trabajo, el día a día. La gente habla bien de nosotros. Si subimos hasta arriba y miramos, nos asustamos, lo dejamos estar y entramos de directivos de una gran promotora, con dos buenos sueldos y para casa. Tenemos un equipo bonito y nos gusta hacer lo que hacemos. Por lo tanto, microeconomía, medio-largo plazo y hacer las cosas bien.

El sector es un bosque lleno de lobos. ¿Cómo se puede competir con los lobos por muy bien que miren de hacerlo bien?

Siendo buena persona.

¡Ep!?

Sí.

Los lobos muerden.

Sí. Pero cuando los respetas te respetan. Cuando tienes una línea muy marcada y nadie te puede decir que te has ido… el lobo nos puede pisar y nos puede aplastar, sí, pero los evitamos. Cuando hay lobos en un proyecto, pues, hacia el otro lado. Ya se las apañarán entre ellos. Tenemos un volumen que no es grande para aliarnos con los lobos, porque somos medianos, pero tampoco es aquello de hacer algún pisito e ir tirando. Estamos en un punto donde no todo el mundo está y, además, donde no gusta a todo el mundo estar. Invertimos en Chiclana de la Frontera, en los alrededores de Lleida, donde hemos hecho mucha compra, en el Valle de Arán…

¿En el Valle de Arán?! ¡Eso es el bosque!

Sí, pero en un lugar diferente. La familia de Sara es de allí. Hemos subido a Bausen y allí todavía hay bordas. Hemos tenido que esperar dos años, pero bien…

Nada. Comprar una borda en el Valle de Arán…

Tenemos trece y de aquí a nada entregamos la primera. Son casas unifamiliares, que salen entre los 250.000 y los 300.000 euros.

Demasiado barato me parece a mí.

A ver. Son lo que son. En Salardú tenemos otras dos y cada una vale más de un millón, pero están a pie de pista. Como te decía, la familia de Sara es de Bossòst y conocemos bien la zona. Pensamos que en Bausen –sobre todo, también, por la parte de los franceses, que está muy cerca–, para la gente que busca tranquilidad y no el avispero… Son unas casitas pequeñas, de ciento cincuenta-doscientos metros…

Hombre, eso no es una casita pequeña…

Siendo una borda, tampoco son grandes casas. Además, estás allí, no tienes nada y tienes que coger el coche para todo. Hay un pequeño bar y poco más. Es un lugar que te tiene que gustar. [Ríen].

En la página web dicen que triplicarán la entrega de viviendas. Pasarán de las 75 del año pasado a las 225 del año que viene. En un mercado tan duro y tan tensionado, ¿cómo se puede crecer así?

Porque ya las tenemos compradas. Las viviendas de Borges Blanques, por ejemplo, las hemos comprado este año y las entregaremos el año que viene. Son 63. Tenemos producto para entregar este 26 y el 27 que ya es un hecho.

Es una previsión fácil…

Esta la hemos clavado. [Ríen]. Ahora, para el 28 quizá solo haremos cien. No es un crecimiento exponencial que triplicamos cada año.

¿Cuántas viviendas han entregado ya?

Desde el comienzo, con las que ya tenemos cerradas para entregar, estaremos cerca de los quinientos. Somos pequeños.

Y ahora dicen que se quieren expandir a México, a Brasil y a Argentina. ¡Que no les pase nada!

Sí, porque allí hay gente de aquí. Tenemos amigos y socios que son de aquí, que trabajan allí y hemos convenido con ellos replicar el modelo. Nosotros no nos vamos a meter a hacer una inversión en países extranjeros que no conocemos. En Argentina, por ejemplo, nos encontramos con un problema. Hicimos una operación con un amigo que es de aquí, de Arenys, y que vive allí toda la vida, ¿y qué nos pasó? Ganas un 15 o un 20 por ciento, pero la moneda bajó y perdimos dinero. Son tan fluctuantes, aquellas monedas… Además, está la inflación… Quien está allí sí que gana, pero tú no. La idea es copiar un modelo que funcione allí. Que lo hagan desde allí. El inversor tiene que ser de allí y tienes que recibir allí, porque, si lo haces desde aquí, no sale.

Por todo el estado tienen 95 franquiciados. ¿Qué es un franquiciado?

Alguien que tiene toda la estructura, una plataforma… Les enseñamos nuestro modelo y nos quedamos con una pequeña parte de su facturación. Copian el modelo y lo desarrollan en una zona concreta.

Eso también es hacer el buitre.

[Ríen]. No. Nosotros somos palomas de la paz.

«Siempre lo hemos entregado todo, siempre hemos dado la cara» / Anna Munujos

¿Toda la gente que pasa por sus manos queda contenta?

Sí. Siempre lo hemos entregado todo, siempre hemos dado la cara. Podemos fallar en algún punto concreto en algún momento, porque no somos perfectos. Pero yo vengo de promotora y sé que la gente es muy exigente cuando coges un piso de obra nueva. Te miras el parquet, que si suena, que si tal… Si hemos fallado en algún momento, evidentemente, hemos dado la cara. Nosotros no somos perfectos. Eso lo tenemos clarísimo. Pero intentamos hacerlo de la mejor manera posible. Somos personas que sabemos ganar, pero que también sabemos perder. A veces se tiene que perder para aprender. Nosotros hemos perdido mucho. Nos hemos equivocado mucho. Hemos perdido dinero, nos hemos metido en historias que no tocaban, como el mundo de la restauración… Vas pinchando y vas pinchando hasta que dices basta y te dedicas a lo que controlas. ¿Qué sabe el gato de hacer cucharas?

¿La empresa da beneficios?

Sí. Ahora sí. Hace dos años que los hacemos. Hemos sufrido durante cinco años, pero ahora ya no. Nosotros dos nos conocemos desde los catorce años. Estamos juntos y tenemos los mismos amigos. Nos juntamos cada viernes con los amigos de la escuela, que vienen a casa desde hace treinta años. Obviamente, no por Navidad. No cada viernes, pero casi. Tenemos los mismos amigos, pues. Salimos de casa por la mañana y volvemos por la noche hablando de todo lo que nos preocupa. Que si un hijo, que si un millón en esa inversión…

¡Qué aburrido! ¿Y qué pasará el día que se separen?

[Contestan a la vez]. Nooooo. Es difícil. Eso es complicado. Nos conocemos tanto, que es muy difícil. Las cosas que hemos sufrido y que hemos vivido nos han hecho más fuertes. Ahora que nos va mejor quizás discutimos más, pero la base familiar que hemos tenido siempre… Nos ha pasado de todo y eso ha reforzado mucho la relación. Ahora, vas en un avión, vuelves en un tren, ¿discutes por esto o por aquello? Es evidente, pero es que estamos veinticuatro horas al día juntos. [Ríe él].

Madre mía… ¿Qué expectativas tienen de crecimiento, aparte de las aventureras ultramarinas?

El crecimiento lo determinarán la oportunidad y el mercado. Nosotros vamos a velocidad de crucero. Aunque tengamos menos facturación, la estructura está cubierta porque hemos empezado a patrimonializar y con los alquileres de la patrimonialización hacemos. El año que viene creo que terminaremos en break even para pagar la estructura. Una vez pagada la estructura, que todos tienen el sueldo asegurado, iremos tomando decisiones. ¿Que un año tenemos que crecer y tenemos que vender 300 viviendas? Perfecto. ¿Que el otro año tenemos que vender 100? Perfecto. “¿Qué le ha pasado al grupo Somríe, que facturaba treinta y ahora factura doce? Nada. Que hemos comprado menos.

No son una empresa muy convencional.

No. Ahora hemos empezado a ganar dinero. Una vez pagados los sueldos y toda la fiesta, nos quedan 200.000 euros, que para una empresa de este volumen tampoco es tanto. Me dicen: “Tú no eres muy crack en todo esto, ¿verdad?”. No. Yo soy una persona a la que le gusta que mi equipo esté contento, que la gente esté contenta y, si nos sobra un poco de dinero, pues, perfecto.

Palomas, queda claro…

La gente me dice: “Escucha, Enric, ¿por qué no vendes un poco más caro, que podrías hacerlo?”. Porque a mí me parece que ya tenemos suficiente margen. Puede quedar bastante bucólico e incluso aquel que no me conozca puede creer que estoy un poco flipado, pero de verdad que ayudar a la sociedad, a la gente joven, a la gente mayor, es uno de nuestros objetivos. Pensar en inmobiliaria y que la gente que haya detrás sea normal es inverosímil. “¿Qué me cuentas? ¿De verdad?”. Pues sí. Somos gente normal. Venimos de familia humilde. Todo lo que tenemos nos lo hemos currado. Como sabemos que la gente puede sufrir, estamos alineados con ellos. Tenemos un sueldo que de momento nos permite vivir bien. Estamos bien. Nuestros hijos están bien, están sanos. Tenemos a los padres vivos y unos amigos que nos quieren. Y dices: “Por favor, que no se rompa nada, que con todo esto vamos sobradísimos!” Y si encima ganamos dinero…

Se han referido antes a comprar pisos ocupados. ¿Qué opinan de un sistema que es tan permisivo con la picaresca?

Obviamente, yo diferenciaría las ocupaciones por necesidad. En esas no hemos entrado nunca. Hay gente que es vulnerable y se tiene que ayudar. Pero estoy en desacuerdo en que quien los tenga que ayudar sea otro señor que tiene un problema, que quizás está pagando una hipoteca y que paga sus impuestos. ¿Se les tiene que ayudar? Sí, pero que lo haga el estado.

Después están los malos. Con los malos todo tendría que ser mucho más ágil, mucho más ejecutivo. La madre de Sara tuvo en la primera planta de su edificio durante la pandemia a unos señores que no pagaban y que, además, traficaban con droga. Cada semana venía la policía y nada. Su madre tuvo una depresión. En otro país habría llegado la policía, los habría esposado y para casa. Dos años duró todo aquello. Venía la policía y los tipos fumaban y les tiraban el humo en la cara. Esta parte tendría que ser mucho más ejecutiva. Hay gente mala ocupando viviendas. Claro que tenemos que ayudar a alguien que no puede pagar la hipoteca. También lo deberían hacer los bancos. Ahora, cuando alguien tiene la cara dura…

«Maricarmen, se la veía una mujer reivindicativa, le gustaba el rock and roll» / Anna Munujos

¿En qué tipo de grupo incluirían a Maricarmen?

Creo que en este caso hay un mixto. Da mucha pena que una señora tenga que estar así en sus últimos días de vida. Pero también te digo que se la veía una mujer reivindicativa y que le gustaba el rock & roll. Si ves la historia total, hay cosas de un lado y hay de otro. En nuestro caso ¿qué habríamos hecho? Nosotros habríamos negociado con ella antes y no habríamos llegado a este punto. Reaccionaron demasiado tarde.

Llegamos a elecciones en España con Maricarmen de bandera y con su sector, el de ustedes, como el hombre del saco…

Con nuestro sector y con lo que está pasando estamos más tranquilos porque en Catalunya vamos bien sobrados. Aquí se han limitado los precios y se ha hecho de todo. Como que ya lo conocemos, no estamos tan asustados. Ahora, yo pediría pactos de estado. Que alguien se pueda entender en lo que realmente es importante.

Eso no es posible.

Debería serlo. Nosotros vamos cada día en transporte público. Es tan duro lo que nos pasa… Y nosotros, al final, aún podemos trabajar con el ordenador, pero hay gente que llega cada día tarde al trabajo, sufre estrés… Después ves los Ferrocarriles de la Generalitat, que sufren alguna incidencia, pero… ¿No pueden copiar el modelo? ¿No pueden hacer las cosas mejor? Los políticos deberían poner en el centro a las personas. Esa sería la solución…

¡Ay! En su caso, quizá convendría que los gobiernos hablaran más con ustedes…

Se solucionarían muchas cosas, porque lo que les diríamos es de sentido común. Es obvio que nosotros buscamos un beneficio cuando hacemos una inversión, por eso trabajas, pero hay tantas cosas que se podrían arreglar si hablaran con los profesionales, si se dejaran asesorar por profesionales… Todo sería mucho más rápido, arreglarían muchas cosas. Tomando decisiones que serían muy positivas, ayudarían a la sociedad.

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