La guerra en Oriente Medio ya ha golpeado de lleno la cesta de precios en Cataluña. Según los datos adelantados por el Instituto Nacional de Estadística, la inflación se ha disparado durante el mes de marzo hasta el 3,3%. La gasolina y, en menor medida, la factura de la luz han contribuido a disparar los precios de consumo en un mes marcado por la crisis petrolera. Sobre los precios de los carburantes y la energía, pues, el IPC registra el aumento más pronunciado desde la primavera de 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania hizo explotar el mercado del gas natural. El índice se sitúa en su nivel más elevado desde el verano de 2024, cuando aún no se había completado el proceso de desinflación del anterior terremoto de precios.
Los estragos energéticos de la guerra en Irán concentran toda la subida de precios del mes, según indican los datos del INE. Además de la gasolina, que ha subido en línea con las sacudidas del barril Brent, también ha tensado la cesta la luz, que se ha abaratado menos que en el tercer mes de 2025. El instituto estadístico, sin embargo, aún no detecta efectos de segunda ola sobre la inflación subyacente: la core, que excluye los elementos más volátiles del mercado -la energía y los alimentos no procesados, por ejemplo- se ha mantenido estable mes a mes en el 2,7%.

La Moncloa elogia las renovables
A pesar de la subida de precios, la situación, según el análisis del ministerio español de Economía, podría ser peor. Según el departamento que dirige el nuevo vicepresidente primero del gobierno de Pedro Sánchez, Carlos Cuerpo, la presencia de renovables en el Estado ha contribuido a contener la subida, porque ha introducido en el mix energético elementos no afectados por la guerra en Irán. «La apuesta española por las renovables -que ahora mismo fijan el precio de la luz en el 84% de las horas, frente al 25% del año 2019- actúa como escudo contra el choque energético por la guerra en Irán», aseguran desde el ejecutivo. Para evitar que lo haga si el conflicto continúa, desde Economía defienden el decreto de medidas anticrisis aprobado el jueves en el Congreso de los Diputados; con una serie de intervenciones para evitar que la espiral energética «se traslade de forma permanente a la inflación y al poder adquisitivo de los hogares».
Cabe decir que aún queda por ver el efecto de contención sobre el precio de la gasolina y el diésel -y, a su vez, sobre el IPC general- que tendrán las bonificaciones fiscales anunciadas por la Moncloa en los últimos días. La retirada del IVA a los carburantes, así como las rebajas del precio del diésel profesional para sectores como el transporte o la agricultura, deberían contribuir a limitar la escalada de precios.




