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La gasolina dispara la inflación hasta el 4,9%

El aumento del precio de los combustibles ha vuelto a poner presión sobre la inflación española. El Índice de Precios de Consumo (IPC) ha escalado hasta el 4,9% interanual en septiembre, seis décimas más que en agosto y la tasa más elevada desde febrero de 2023, según el avance de datos publicado este martes por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Con este repunte, los precios encadenan tres meses consecutivos de ascensos y vuelven a situarse cerca del 5%. El principal responsable de la aceleración es el componente energético. El INE señala el encarecimiento de los combustibles y lubricantes para los vehículos personales como el factor que más ha empujado el índice al alza, en contraste con el descenso que habían registrado estos productos en septiembre del año pasado.

También ha contribuido, aunque en menor medida, la evolución de los paquetes turísticos, que este septiembre han bajado menos de precio que en el mismo mes de 2025. El salto del 4,9% tiene, por tanto, una componente importante de efecto base. Esto significa que una parte del incremento interanual no responde solo a una nueva aceleración de los precios respecto de agosto, sino también al hecho de que la comparación se hace con un septiembre de 2025 en que los combustibles se habían abaratado. En términos mensuales, el IPC ha aumentado un 0,3%, cuatro décimas menos que en agosto. Esto no quita, sin embargo, importancia al cambio de tendencia. La inflación general se encuentra ahora claramente por encima de los niveles de principios de año y también por encima del objetivo del 2% del Banco Central Europeo (BCE).

La autoridad monetaria europea ha advertido que el conflicto en el Próximo Oriente y la evolución de los precios energéticos pueden mantener la inflación por encima del objetivo durante un período prolongado. En su última previsión, publicada en septiembre, el BCE situaba la inflación media de la zona euro en el 3% para el conjunto de 2026. Un elemento especialmente relevante para determinar si el repunte es puntual o si puede acabar arraigando en el conjunto de la economía es la inflación subyacente. Este indicador, que excluye los alimentos no elaborados y los productos energéticos y permite observar mejor las presiones de precios más persistentes, ha subido dos décimas en septiembre, hasta el 3,1%. A pesar de quedar 1,8 puntos por debajo del IPC general, el movimiento indica que el encarecimiento no queda completamente circunscrito a la gasolina y el diésel. La diferencia entre las dos tasas es significativa. El 4,9% refleja en buena parte el choque energético, mientras que el 3,1% de la subyacente apunta a una presión de precios más moderada pero aún superior al objetivo de estabilidad de precios del BCE.

Imagen de archivo de una pareja comprando en un supermercado / DIA
Imagen de archivo de una pareja comprando en un supermercado / DIA

El riesgo para la economía es que el encarecimiento del combustible acabe repercutiendo en los costos de transporte, logística, producción y servicios y genere los llamados efectos de segunda ronda. El BCE ya ha señalado que la intensidad y la duración del choque energético serán determinantes para saber hasta qué punto se traslada al resto de precios. En Cataluña, el último dato disponible, correspondiente a agosto, ya mostraba una presión especialmente elevada de los componentes energéticos. El IPC catalán se situaba en el 4%, mientras que los productos energéticos registraban un incremento interanual del 14,8%. Los servicios subían un 3,6% y los alimentos no elaborados un 4,5%, lo que evidencia que la presión sobre los precios ya era más amplia que la derivada exclusivamente de los combustibles. Para las familias, la consecuencia es una nueva erosión del poder adquisitivo si los ingresos no evolucionan al mismo ritmo que los precios.

El impacto tampoco es homogéneo: los hogares que dependen más del vehículo privado sufren directamente el aumento de la gasolina y el diésel, mientras que el encarecimiento de los costos de transporte puede acabar afectando indirectamente a otros bienes y servicios. Para las empresas, especialmente las más intensivas en transporte o energía, el repunte de los combustibles supone un aumento de los costos que puede acabar trasladándose a los precios finales o reduciendo márgenes. Esta es precisamente la principal incógnita de los próximos meses: si el choque energético se mantiene concentrado en los combustibles o si acaba generando una inflación más persistente. El contexto internacional continúa siendo determinante.

El encarecimiento de la energía está vinculado a las tensiones geopolíticas en el Próximo Oriente y a los problemas de suministro, mientras que la situación del mercado del diésel también se ha visto tensionada por los problemas de refinamiento. El Ministerio de Economía atribuye al choque energético derivado de la guerra en Irán buena parte del aumento, junto al efecto base de los combustibles. El repunte llega, además, después de que el IPC ya hubiera subido hasta el 4,3% en agosto.

En solo dos meses, la tasa interanual ha aumentado 1,3 puntos. Septiembre deja así una fotografía diferente de la que dibujaba la economía española a comienzos de año: la inflación vuelve a ser un factor central para las familias, las empresas y la política económica, con la energía como principal foco de riesgo. El INE publicará el 14 de octubre los datos definitivos del IPC de septiembre, que permitirán conocer con más detalle la evolución de los diferentes componentes de la cesta de consumo.

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