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Andorra apuesta por la fiscalidad para mantener la atracción del tabaco y la gasolina  

Durante décadas, cruzar la frontera y «subir a Andorra» ha formado parte del imaginario de muchas familias catalanas: un viaje a la montaña que tenía una parada obligada para llenar el depósito y, en muchos casos, comprar tabaco. Pero también para hacer la compra en el supermercado -con productos franceses y más económicos que en Cataluña-, adquirir perfumería, ropa o electrónica. Este modelo no ha desaparecido, pero ha cambiado. Si bien Andorra recibe hoy más visitantes que hace una década, el perfil se ha diversificado y el país ha dejado de depender tanto del comprador que iba y volvía a casa el mismo día. Solo en dos productos especialmente vinculados al antiguo turismo de compras, el tabaco y los carburantes, el diferencial de precios sigue siendo una herramienta comercial y fiscal de primer orden para el Principado de Andorra.

De hecho, este mismo verano el gobierno andorrano ha movido ficha para mantener el gancho. En julio de 2026, aprobó medidas fiscales temporales porque los precios de los hidrocarburos habían perdido competitividad respecto a los países vecinos, especialmente con España y Cataluña. El objetivo declarado es recuperar esta competitividad comercial, y la fórmula consiste en devolver el impuesto especial sobre los carburantes vendidos durante los meses de julio, agosto y septiembre a las empresas distribuidoras, que a su vez se comprometen a aplicar una rebaja adicional al consumidor. Todo ello conlleva una reducción de 15 céntimos por litro en la gasolina y de 10 céntimos en el gasóleo respecto al precio que habría sin la medida. En la práctica, el precio medio de la gasolina a 15 de agosto en Andorra es de 1,289 euros por litro, y en Cataluña el mismo producto asciende hasta los 1,604 euros por litro.

Con el tabaco, la estrategia es aún más estructural. Andorra estableció en 2019 un sistema de precios mínimos de venta tras analizar más de 1.700 referencias, y estableció un diferencial medio de aproximadamente el 30% respecto al precio español. Entonces justificó la medida tanto para garantizar la estabilidad del sector como para mantener su competitividad y evitar que diferencias excesivas favorecieran el contrabando. El sistema sigue vigente y los precios mínimos de los cigarrillos se actualizaron nuevamente el 1 de julio de 2026, fijándolos el mínimo legal por paquete, según la marca, en un rango de 3,70 euros (Fortuna y Ducados ros) y 4,6 euros (Malboro). Si el precio medio de venta de un paquete de 20 cigarrillos en Cataluña es de 6,95 euros, en Andorra baja hasta los 4,85 euros.

Andorra ya tiene tradicionalmente una fiscalidad más baja, pero el gobierno interviene también cuando considera que el diferencial se ha reducido demasiado y puede perder una capacidad de atracción que durante décadas ha contribuido a convertir las fronteras andorranas en un destino habitual de los compradores de los países vecinos.

Elaboración propia MÓN ECONOMIA

Más visitantes, pero menos dependencia del comprador

En cualquier caso, la realidad comercial de Andorra es mucho más amplia que el tabaco y la gasolina. En 2024 el Principado recibió 9,65 millones de visitantes, de los cuales 4,17 millones pernoctaron al menos una noche y 5,48 millones entraron y salieron el mismo día. El número total de visitantes ha crecido un 23,7% en una década, pero el aumento se explica sobre todo por los turistas que se quedan en el país: los visitantes con pernoctación han crecido un 76,3% desde 2014, mientras que los de un solo día se han mantenido prácticamente estables.

Los datos del Observatorio del Comercio de la Cámara de Comercio confirman que las compras siguen siendo importantes. El 90% de los visitantes encuestados compra durante su estancia. El material deportivo es el producto más adquirido, con un 38,7%, seguido de la perfumería, con un 38,1%, el tabaco, con un 32%, y la alimentación y las bebidas sin alcohol, con un 22,7%. Pero solo un 46,4% afirma que las compras forman parte de la experiencia de su estancia, un dato del estudio que retrata bien el cambio: comprar sigue siendo habitual, pero ya no es el motivo principal para visitar el país. La diferencia también se ve en el gasto: los turistas que pernoctan en el Principado gastan de media 190 euros en compras, frente a los 107,30 euros de los visitantes de un solo día.

Es en este contexto que el tabaco y los carburantes adquieren un significado especial. No son necesariamente los únicos motivos por los cuales se visita Andorra, ni siquiera los productos más comprados, pero son dos ámbitos en los que la diferencia fiscal sigue siendo especialmente visible y en los que la Administración puede actuar directamente para preservarla. Son dos ejemplos especialmente gráficos de la relación entre fiscalidad y modelo comercial en un país con una estructura tributaria propia que le permite ofrecer precios más bajos en determinados productos, y cuando la ventaja se reduce, tener margen para modificar impuestos o mecanismos de precios para intentar recuperarlo.

Una gasolinera en Andorra de Repsol, que pertenece al grupo Becier

Durante décadas, la visita al Principado acababa con una parada en el supermercado para cargar quesos, chocolate, café, conservas, licores, perfumería o detergentes, productos que parecían lo suficientemente más baratos como para justificar su compra y convertirlos en una especie de recuerdo útil del viaje. El ritual era sencillo: llenar el depósito, comprar tabaco y hacer la compra antes de encarar la frontera de regreso. Aquel paisaje comercial, tan habitual para varias generaciones, se ha ido diluyendo a medida que las diferencias de precio se han reducido y la oferta se ha homologado. Andorra sigue vendiendo, pero ya no vende exactamente lo mismo: el maletero regresa un poco más vacío y el viejo turismo de compras ha dado paso a un visitante que busca otros atractivos, sobre todo experiencias de naturaleza y deporte.

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