L'escapadeta
Només 140 habitantes: así es el pueblo medieval más surrealista de Cataluña, refugio de una musa

¿Imaginas un lugar de la Costa Brava donde el tiempo se ha detenido, un sitio tan surrealista que solo una mente genial como la de Dalí podría haber concebido? Hablamos de un pequeño tesoro escondido, un pueblo medieval con menos de 140 habitantes que guarda un secreto: fue el refugio de una musa, el lugar donde se saldó una deuda de amor que cambió la historia del arte catalán. Una experiencia de viaje que rompe esquemas y que ahora mismo, tú y yo, estamos a punto de desenterrar. (Sí, nosotros también alucinamos con esta historia).

Pero, ¿qué hace que este rincón sea tan especial, tan único, que incluso el maestro del surrealismo tenía que pedir permiso para entrar? La respuesta no es solo arquitectónica, es una historia de amor, de exigencia y de una visión artística que va más allá de cualquier expectativa. Prepárate para el descubrimiento definitivo que transformará tu percepción de la Costa Brava.

Este lugar de cuento de hadas, que parece extraído de un lienzo de Dalí, es el pequeño municipio de Púbol, en Girona. Forma, junto con Cadaqués y Portlligat, el llamado «Triángulo de Dalí», un circuito imprescindible para cualquier amante del arte. Allí, en 1969, Salvador Dalí adquirió un castillo para su amada Gala por un millón y medio de pesetas (unos 250.000 euros actuales), cumpliendo una promesa hecha casi cuatro décadas antes en la Toscana. Una inversión que va mucho más allá del valor monetario, créeme.

La historia comienza en los años treinta, cuando Dalí, en un arrebato de amor, prometió a Gala un castillo mejor que los de la Toscana. Los años pasaron, Portlligat se llenó de aspirantes a artistas y curiosos, y Gala, agotada, reclamó su fortaleza. Lo aceptó, eso sí, con una condición digna del más puro amor cortés: Dalí solo podría acceder con una invitación previa, por escrito y de su propia mano. ¡Imagínate el nivel de excentricidad y devoción! Este fue su mundo propio, su santuario, el lugar donde Gala podía experimentar su propia vena artística y recibir a quien quisiera (recordemos que su relación era abierta).

Púbol: De una ruina medieval al reino de una musa

Lo que hoy es una joya visitable, con su Plaza Mayor como corazón medieval y la iglesia de San Pedro al lado, fue un proyecto colosal. El Castillo de Gala, en su origen, era una ruina del siglo XIV, que había vivido su esplendor durante la baronía de Púbol. Las paredes caídas y los techos hundidos no asustaron a Gala, quien escribió al constructor Emili Puignau una carta advirtiéndole que de aquella ruina podría salir tanto un triunfo como un monstruo. Por suerte, fue lo primero.

Dalí, con una visión compartida, no quiso borrar los estragos del tiempo, sino consolidar la ruina para volcar un mundo de fantasía en el interior. Estamos a punto de dejar atrás la sobriedad de la piedra desnuda y el silencio medieval para adentrarnos en una burbuja surrealista. Un espacio escenográfico donde la excentricidad, las trampas visuales y la acumulación decorativa se convierten en la norma. Un lugar que nos muestra otra faceta del artista y, sobre todo, de su musa.

El primer piso, la residencia de Gala, te llevará por diez zonas musealizadas. En el Salón de los Escudos, está el trono donde recibía las visitas como una auténtica reina. En el techo, vuelan golondrinas, mientras que en el salón del piano cuelgan tapices que evocan los castillos medievales, combinados con el rojo carmesí de los cortinajes. La habitación de Gala sorprende por su atmósfera casi monástica, un contraste fascinante con el resto de la casa. El baño era un centro de belleza total, y en el desván te espera una docena de vestidos de alta costura de marcas como Dior, Cardin o Chanel. En el comedor, con mobiliario eclesiástico, Dalí pintó algunas de sus últimas obras antes de que un incendio en 1984 lo obligara a abandonar Púbol para siempre.

Este es uno de esos viajes que nos conecta con la esencia de una época, una puerta a la mente de un genio y el corazón de su musa. Una experiencia que no puedes dejar escapar si quieres entender el verdadero arte de Dalí.

@balles_bcn Tienes que visitar el Castell de Púbol! #girona #costabrava #emporda #dali ♬ so original – balles_bcn

El final surrealista de una reina

Gala disfrutó del castillo de Púbol hasta junio de 1982, cuando murió a los ochenta y siete años. Incluso su muerte está rodeada de un velo de misterio que encaja perfectamente con su vida extraordinaria. Se dice que Dalí y su chófer la vistieron con su vestido rojo favorito, la sentaron en el Cadillac negro que solían utilizar (y que ahora descansa aparcado en Púbol) y la llevaron a enterrar en la cripta del castillo. Su círculo íntimo aseguraba que el artista, pese a la edad y la pérdida, se encontraba bien. Pero la realidad es que nunca más lo estuvo. Fue el inicio de su propio declive.

En la cripta, al lado de la tumba de Gala, hay un espacio simétrico vacío, el lugar donde deberían descansar los restos de Dalí. Pero la historia quiso que Dalí pidiera ser enterrado bajo la cúpula de su Teatro-Museo de Figueres, su ciudad natal. Un final polémico, un secreto oculto que nos hace pensar: quizás, al final, creyó que no podía volver al castillo sin una última invitación de su amada. Y se quedó fuera, para siempre.

Este viaje a Púbol es mucho más que una simple escapada a la Costa Brava; es una inmersión en la vida secreta de uno de los matrimonios más influyentes de la historia del arte. Una oportunidad imprescindible para entender el «Triángulo Daliniano» desde una perspectiva única, la de Gala. No pierdas la ocasión de pisar este suelo que fue testigo de un amor tan intenso como surrealista. ¿No te parece una decisión inteligente ir?

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