L'escapadeta
La única comarca de Europa continental donde crecen mangos, aguacates y chirimoyas está en España: microclima subtropical, pueblos blancos y playas de aguas templadas

La cesta de la compra ha cambiado, y no es una ilusión. De repente, los productos exóticos se han convertido en la norma, trayendo sabores tropicales que antes parecían imposibles a nuestro paladar diario. Hablamos del mango, el aguacate, la chirimoya.

Frutas que viajaban miles de kilómetros, desde Asia y Sudamérica. Ahora, la realidad es otra. Un cambio radical que ha reducido su precio y, sí, también la huella de carbono. Pero hay un secreto detrás de esta revolución. Un lugar donde este milagro es posible.

No es una ilusión, ni un truco de magia agrícola. Solo hay una comarca en toda Europa continental capaz de recrear las condiciones originales de estos cultivos tropicales. Un rincón que desafía la lógica, en la provincia de Málaga. Aquí tenemos su nombre: La Axarquía.

Esta joya andaluza es la clave. Su ubicación, en el extremo oriental de Málaga, esconde un microclima subtropical único. Un auténtico tesoro natural que garantiza inviernos suaves y más de 300 días de sol al año. Condiciones perfectas para mangos que nada tienen que envidiar a los del Caribe, aguacates con una carne sabrosa y chirimoyas que maduran a la perfección.

La Axarquía se ha catapultado como uno de los principales exportadores de estas frutas, con sabores que sorprenden en todo el mundo. Un impulso económico brutal para la región, con cifras de exportación que no paran de crecer. Una solución a la demanda, pero con un precio oculto.

La cara B del paraíso tropical en casa

Porque, como todo en esta vida, hay un reverso. Este cultivo tan especial, tan deseado, tiene una demanda de agua colosal. Y aquí es donde surge el problema. Las sequías, cada vez más frecuentes e intensas, ponen en peligro esta prosperidad.

El año pasado, las sequías provocaron una caída de casi 40 millones de euros en la facturación agraria de mangos y aguacates. Un aviso urgente que no podemos ignorar. Los ecologistas ya lo dicen: gastar tanta agua en estos cultivos es insostenible a largo plazo. Una alerta roja para nuestro futuro.

Nos encanta tener frutas tropicales de proximidad, claro que sí. Pero debemos ser conscientes del coste real, de lo que no se ve en la fruta. El agua es un bien demasiado precioso.

Pero La Axarquía es mucho más que una fábrica de fruta tropical. Es un territorio que conserva sus raíces mudéjares, con pueblos blancos que parecen sacados de un cuento.

Es un mosaico de campos de olivos, almendros y viñas, con huertos de limoneros y naranjos en los valles de los ríos Vélez, Benamargosa y Guaro. Una escapada imprescindible para descubrir la tradición y la cultura.

Rutas y tesoros de una comarca única

Treinta y un municipios forman esta comarca, con más de 230.000 habitantes. Desde el interior hasta la costa, cada pueblo tiene su encanto particular. Y la mejor manera de descubrirlo es a través de sus rutas.

La Ruta del Aceite y los Montes nos lleva por Riogordo, Colmenar, Alfarnate, Alfarnatejo, Periana, Alcaucín y La Viñuela. Aquí, la oliva es la verdadera protagonista. Un viaje por la esencia de la tierra.

Al pie del Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, la Ruta Mudéjar es un viaje en el tiempo. Arenas, Árchez, Salares, Sedella y Canillas de Aceituno, donde la belleza del arte mudéjar se revela en cada esquina.

Y no podemos olvidar su litoral. Más de 50 kilómetros de playas entre Málaga ciudad y Nerja. Arenales espectaculares como los de Torre del Mar, Torrox Costa o el Rincón de la Victoria. Aguas tranquilas del Mediterráneo, perfectas para disfrutar del sol o sumergirse en sus fondos marinos.

Este rincón de Málaga nos demuestra que lo exótico puede estar cerca. Pero también nos recuerda que todo beneficio conlleva un compromiso. La Axarquía es un ejemplo de prosperidad, pero también de un reto urgente que nos afecta a todos. Una lección de viaje que va mucho más allá del destino.

Una historia de sabores, de paisajes y de sostenibilidad. Vale la pena investigarlo, ¿no crees?

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