L'escapadeta
Kazajistán: un viaje a la geografía más sorprendente y desconocida del planeta

La tierra oculta secretos que desafían la imaginación. Hablamos de lugares capaces de detener el tiempo, de cambiar nuestra percepción de lo que es posible. Y uno de estos destinos, casi olvidado en los mapas, emerge ahora con una fuerza deslumbrante.

Prepárense para una inmersión total en un país que rompe todos los esquemas. Un viaje donde la historia antigua se fusiona con el futuro más sorprendente. (Sí, nosotros también alucinamos con la magnitud de todo esto).

Estamos hablando de Kazajistán, un gigante misterioso. Esta nación de Asia Central nos ofrece una geografía imposible, paisajes que parecen sacados de Marte o directamente del fondo marino. Una experiencia imprescindible que romperá sus expectativas de viaje.

Mangystau: cuando la tierra cae

La región de Mangystau, en el extremo occidental de Kazajistán, es uno de sus tesoros ocultos. Aquí, la estepa se convierte en un acantilado abismal, que se extiende hasta encontrarse con las aguas del mar Caspio. Es un espectáculo sorprendente, casi irreal.

Pisar la orilla de Zhygylgan, que significa «tierra caída», es una sensación única. Ante nuestros ojos se abre una inmensa depresión de roca blanca, cuyas paredes agrietadas custodian fósiles y restos de animales ancestrales. Un faro de la época soviética vigila este abismo, como el último guía de un mar que se ha convertido en piedra.

La sensación es que la tierra se derrumbó, revelando sus entrañas más secretas. Una imagen que te deja sin aliento y te conecta con un pasado geológico inimaginable.

Para entender este paisaje, es necesario adentrarse en el tiempo. Hace millones de años, gran parte de Eurasia estaba sumergida bajo el mar de Tetis, un océano tropical de la era mesozoica. El movimiento de las placas tectónicas hizo que las aguas retrocedieran, dejando enormes depósitos de sedimentos marinos. Luego, la erosión esculpió este escenario formidable que hoy vemos. De hecho, los cañones Kapamsay y Ybykty son algunas de las grandes cicatrices de este espectáculo mineral. Sus paredes superan los seis metros de altura, atravesadas por arcos naturales.

Esta zona también fusiona la espiritualidad con la geología. La mezquita Sultan Epe, excavada en la roca y ligada a las tradiciones sufíes, es un punto de peregrinación importante. Más adelante, la necrópolis Shakpak Ata nos lleva a galerías subterráneas, donde tumbas directamente perforadas en la roca narran el paso de nómadas y caravanas entre los siglos X y XIII. La necrópolis de Karaman Ata, otro centro de peregrinación clave, emociona con las historias de sus visitantes.

Bolas de gigante y pasteles de roca

Kilómetros y kilómetros de estepa nos conducen a una nueva sorpresa. El paisaje ahora está protagonizado por miles de piedras esféricas. Algunas con pocos centímetros, otras superando varios metros de diámetro. Son como pelotas abandonadas por gigantes, y conforman el cautivador Valle de las Bolas de Torysh.

La travesía continúa hacia Kyzylkup, unas montañas que el turismo italiano, el más presente en la zona, bautizó como «el tiramisú de Kazajistán». ¿La razón? Sus capas alternas de sedimentos en tonos blancos, rojizos y ocres. Un pastel gigante irresistible, especialmente al atardecer, cuando la luz del sol acentúa los contrastes de color.

Aunque estas tierras atraen turistas rusos y franceses, apenas nos cruzamos con nadie. El turismo comenzó a aumentar después de la pandemia, pero aún somos pocos guías aquí. Es un secreto que todavía se está descubriendo.

Antes de que caiga el sol, nos dirigimos a Bozhyra, la máxima expresión de estas perspectivas extraterrestres. Agujas alargadas de piedra caliza sobresalen entre imponentes acantilados blancos. Es la imagen más impresionante de un fondo oceánico fosilizado. Emoción pura.

El punto de partida para explorar este territorio es Aktau. La última ciudad fundada por la URSS, en los años 60, fue creada a orillas del mar Caspio como centro energético. Su trazado soviético nos lleva a un paseo marítimo muy agradable, abierto en 2019. En las playas, los kazajos celebran fiestas, brindando con vodka y té caliente. (¡A nosotros nos invitaron a un cumpleaños! Una experiencia que nos conecta con su gente).

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Astana: la ciudad del futuro

A 1.700 kilómetros de Aktau, las inmensas estepas protagonizan los paisajes del norte. En medio de estos horizontes infinitos, se alza imponente Astana, la capital de Kazajistán desde 1997. Y aquí comenzó su metamorfosis urbana, un proyecto sin precedentes.

Lineal, vanguardista, flamante… los adjetivos para describirla desafían cualquier expectativa. Con una climatología extrema, esta ciudad delineada por torres de vidrio y edificios futuristas, firmados por arquitectos de renombre, se comenzó a construir en tierras recorridas por pueblos nómadas durante siglos. Es un espectáculo arquitectónico que impresiona desde el primer momento.

Para hacernos una primera idea de su magnitud, subimos a la última planta de Bayterek, una torre de 105 metros coronada por una esfera dorada que simboliza el nuevo comienzo de la capital. Desde aquí, se ve la zona gubernamental y las avenidas llenas de centros comerciales.

La arquitectura vanguardista se sucede en edificios como el Palacio de la Paz y la Reconciliación, de forma piramidal; el gigantesco centro comercial Khan Shatyr, cubierto por una estructura transparente y obra de Norman Foster; la enorme mezquita Nur-Astana o el Abu Dhabi Plaza, el edificio más alto de Asia Central, con 311 metros. El Khan Shatyr reinterpreta una yurta tradicional y acoge un parque de atracciones e incluso una playa artificial con arena traída de las islas Maldivas (sí, han leído bien).

Raíces nómadas y caballos salvajes

A pesar de su modernidad, Astana no olvida su pasado. El yacimiento de Botai, cerca, ha revelado las evidencias más antiguas de domesticación del caballo, datadas alrededor del 3500 a. C. Sin estos animales, habría sido imposible la expansión de las rutas comerciales y la vida nómada.

La superficie de Kazajistán es comparable a toda Europa occidental. Un vasto territorio dominado por estepas y paisajes bajo el nivel del mar, cuyo subsuelo oculta una riqueza tan grande que sus recursos naturales casi completan la tabla periódica de los elementos. Debido a su aislamiento, el país desarrolló un sincretismo religioso único, donde el sufismo y un islam místico se mezclan con el paganismo. Una solución cultural fascinante.

Los vestigios de aquellas primeras comunidades ecuestres están rodeados de colinas graníticas y bosques de pinos, como los del Parque Nacional de Burabay, conocido como la Suiza kazaja. Sus refrescantes playas se llenan de vida en verano, ofreciendo un ambiente de descanso e inspiración.

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Almaty: la puerta a las montañas

Después de cruzar las eternas estepas y los oasis boscosos del norte, la geografía da un giro radical al sureste de Kazajistán. El horizonte se alza imponente con cumbres nevadas que crecen desde la misma ciudad de Almaty. Una muralla natural dibujada por las montañas de Tian Shan, de más de 4.000 metros. La altura, provocada por intensos movimientos tectónicos, se puede apreciar subiendo en teleférico a la estación alpina de Shymbulak, el principal punto de esquí de Asia Central. Las panorámicas de Almaty desde allí son impresionantes.

Almaty nació como una posición estratégica en las antiguas rutas comerciales. Su nombre deriva de la palabra local «manzana», en referencia a los extensos bosques de manzanos silvestres, considerados el origen de muchas variedades modernas. La antigua capital del país se ha conservado como el principal centro cultural y económico. En un paseo por sus avenidas arboladas, comprobamos cómo las influencias nómadas, soviéticas y modernas se fusionan a la perfección.

Para mezclarse con la intensa vida de Almaty, la metrópoli más grande de Kazajistán, es imprescindible ir al Mercado Verde. Entre montañas de especias y frutos secos, interactuamos con los locales. Allí conviven más de 54 nacionalidades. El aroma de chocolate nos conduce a Rakhat, una fábrica histórica cuyos dulces son un símbolo para gran parte del continente. ¡Un auténtico descubrimiento!

El Gran Cañón de Asia

Almaty también es la base para descubrir dos de las maravillas naturales más populares del país. Emprenderemos un viaje hacia Kolsay, un conjunto de lagos rodeados de bosques alpinos salpicados de yurtas, y al Cañón de Charyn, una garganta desmesurada. Sus formaciones en torres, arcos y paredes rojizas lo han hecho comparar con el Gran Cañón de los Estados Unidos.

Caminar entre sus paredes, de hasta 300 metros de altitud, es el broche de oro de este viaje. Un viaje dibujado por territorios interminables que desafían la imaginación en un país con miles de secretos por descubrir.

Aún quedan lugares en el mundo capaces de dejarnos con la boca abierta, ¿verdad?

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