Imagina ganar más de 3.000 euros al mes, tener una carrera consolidada como encofrador y, aun así, sentir que tu vida es una jaula de oro. Eso era exactamente lo que vivía Bernat antes de que un giro drástico lo cambiara todo.
Hoy, a sus 40 años, no busca nóminas ni hipotecas. Su despacho es el Pirineo, su casa está hecha de palets reciclados y su felicidad, según asegura, cuesta apenas 150 euros al mes. (Sí, has leído bien: menos de lo que muchos gastan en una cena de fin de semana).
Del infierno del narcotráfico a la paz de la montaña
La historia de Bernat no es el típico cuento de «regreso a la naturaleza». Antes de encontrar su refugio entre árboles, recorrió un camino oscuro. Tras una infancia aislada en una masía, la adolescencia le trajo malas compañías: el consumo y la venta de cannabis y cocaína se convirtieron en su rutina. «Inversioné nueve mil euros en cocaína y me enganché rápido», confiesa.
La espiral terminó en los calabozos de los Mossos d’Esquadra tras nueve meses de vigilancia policial. Paradójicamente, la prisión fue su primera ventana a la lucidez. Fue allí donde comenzó a valorar el silencio y el tiempo, lejos de la presión por el dinero y el consumo de sustancias. Sus primeras sensaciones de estar preso fueron de paz y tranquilidad, ya que allí se reencontró consigo mismo.

El día que lo dejó todo
Al salir, intentó volver a la vida normal. Ganaba un sueldo envidiable, pero la sombra de las viejas adicciones volvió a aparecer. Fue entonces cuando tomó la decisión que hoy inspira a miles de personas en las redes sociales. «Le dije a mi jefe: renuncio ahora mismo, me voy a hacer el GR 11». No era una huida, era una búsqueda de propósito.
Hoy, su estilo de vida es una lección de autosuficiencia radical. Se levanta a las 5:30 de la mañana, camina tres horas por la montaña y cuida de sus animales, con los que comparte su cabaña de materiales reciclados. Su dieta y su bienestar dependen del entorno, aprovechando la recolección de setas y plantas medicinales para financiarse.

¿Es posible vivir fuera del sistema?
Bernat no está solo en su aventura. A través de su perfil en las redes sociales y sus actividades para grupos de excursionistas, transmite un mensaje claro: existen otras formas de existir. Mientras muchos persiguen el éxito tradicional, él ha encontrado el suyo en lo que llama «coste cero» y una desconexión total del ruido urbano.
No ha vivido siempre así, vivía normal, siendo encofrador. Pero, ¿para qué quieres un chalet si lo estás pagando y no lo disfrutas? Esta es la pregunta que constantemente se hace en su soledad escogida. Su historia nos recuerda que, a veces, lo que consideramos «necesario» es solo un lastre que nos impide ver lo que realmente nos hace vibrar.
Él ya no corre detrás del semáforo ni las llaves del coche; ahora, el tiempo es su único activo valioso. Y tú, ¿has sentido alguna vez que, si pudieras, te irías a vivir a una cabaña en medio de la nada? La vida de Bernat demuestra que la puerta siempre está abierta, solo hace falta la valentía para cruzarla.

