Algo único, casi olvidado por el tiempo, resiste con una fuerza sorprendente muy cerca de nosotros. No es un tesoro escondido, sino un oficio que creíamos extinguido, vive y late en pleno siglo XXI.
Pensábamos que la sombrerería medieval era solo cosa de libros o de grandes producciones de Hollywood. Pero esta historia nos demuestra que la pasión por la autenticidad puede vencer cualquier tendencia efímera.
El último guardián de un secreto artesanal
Es en Santa Coloma de Farners donde reside Lluís Ginestà, el responsable de un taller que es, literalmente, el único de las comarcas gerundenses especializado en sombrerería y vestuario medieval. Una rareza absoluta en el panorama actual.
Ginestà no solo elabora sombreros y boinas de época. Su habilidad se extiende a todo el vestuario medieval, desde capas hasta la recreación de carpas de campamento y decoraciones como damascos y banderas.
Este artesano subraya un detalle fundamental: la documentación histórica es tan vital como la misma confección. (Sí, nosotros también alucinamos con esta dedicación a la precisión).
La gente cree que ciertos sombreros son medievales cuando no lo son. Y al revés, hay muchos que no se conocen y sí formaban parte de aquella época. Este es nuestro gran desafío constante.
El taller de Ginestà es un punto de referencia para trovadores, caballeros y damas de hoy día. Muchos de los diseños y piezas que nos rodean hoy día, beben directamente de la moda medieval.
Hay muchos conceptos erróneos sobre el vestuario de aquella época. Por ejemplo, el típico sombrero de bruja o el de Peter Pan. Lluís lo tiene claro: «No tienen nada que ver con lo que se llevaba entonces». (Una revelación que nos deja pensativos). Lo que sí es cierto es la influencia innegable de aquel intercambio cultural.

El resurgimiento de una época dorada
El auge de las ferias medievales, tanto en Cataluña como en países vecinos como Francia o Italia, ha disparado el interés por su trabajo. Su taller no solo es un punto de venta, sino una fuente de sabiduría histórica práctica.
La calidad de los tejidos es otro de los pilares imprescindibles de su trabajo. Aunque no son 100% naturales como los de la Edad Media (piensen en la lluvia, el sol o el viento), Ginestà opta por tejidos sintéticos o mezclas de lana, algodón y lino que garantizan durabilidad y una estética fiel. (Nuestro consejo: la resistencia es clave en cualquier buen diseño).

Es la prueba definitiva de que los oficios tradicionales, aquellos que parecían condenados al olvido, pueden volver a florecer con la pasión correcta.
Este obrador de Santa Coloma de Farners no es solo un lugar donde se cosen telas; es un espacio donde se teje la historia, se rescatan conocimientos antiguos y se da vida a un pasado fascinante. Una verdadera joya que hay que preservar.
La próxima vez que pasen por Girona, recuerden que hay un punto donde la Edad Media aún nos habla. La persistencia de un sueño hecho realidad.
