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Compte atrás climático: la ONU explica por qué rozar los 1,5 ºC antes de 2030 no es un fracaso

Durante años, la cifra de 1,5 ºC ha funcionado en nuestro imaginario colectivo como una línea roja. Cruzarla equivaldría a perder la batalla climática de forma definitiva.

La amenaza de este umbral nos persigue. Parece que el final se acerca, que la cuenta atrás ya casi ha terminado. Pero la ONU nos da ahora un giro inesperado que cambia la narrativa. Un detalle que lo cambia todo.

El secreto para entender el cambio

La verdad es más compleja de lo que nos han hecho creer. No es un «todo o nada» absoluto. Entender este matiz es vital para no caer en el fatalismo ni en conclusiones precipitadas. (Y sí, nosotros también tuvimos que releerlo).

La pregunta clave no es si cruzaremos este umbral, sino durante cuánto tiempo lo superaremos y hasta qué altura. Aquí radica el secreto para no dar la lucha por perdida.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha hablado. Su informe ‘Global Annual to Decadal Climate Update 2026-2030’, publicado en mayo de 2025, nos lanza una realidad incómoda pero llena de matices que debemos comprender.

Hay un 75 % de probabilidad de que la media de temperatura global del periodo 2026-2030 supere los 1,5 ºC respecto al periodo preindustrial (1850-1900). Y un alarmante 91 % de probabilidad de que al menos uno de estos años sobrepase temporalmente esta marca.

Son cifras contundentes, sí. Pero hay que entender qué miden exactamente antes de sacar conclusiones apresuradas. No es el final que imaginábamos. (O el final, todavía no).

El secreto para entender el cambio

La regla de los 20 años (y el error que cometemos)

Cuando hablamos de estos 1,5 ºC, no nos referimos a la temperatura de un día caluroso de verano, ni tampoco a una anomalía en una región concreta. Estamos hablando de la media de temperatura global comparada con el periodo preindustrial.

Esta media, utilizada por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), combina océanos, casquetes polares, continentes y zonas tropicales en un único número. Es como si el planeta tuviera un idioma común, pero mil dialectos.

Interpretar el aumento de 1,5 ºC como si fuera el termómetro de casa es un error. Es un valor global que se manifiesta de formas muy diversas.

Un aumento planetario de 1,5 ºC puede traducirse en incrementos mucho mayores en tierra firme. Especialmente en el Mediterráneo, donde el calentamiento avanza más rápido que la media mundial. Esto es crucial.

El Acuerdo de París nos pide mantener el aumento de la temperatura media mundial bien por debajo de los 2 ºC. Y seguir los esfuerzos para limitarlo a 1,5 ºC. Pero este objetivo climático se interpreta como una tendencia a largo plazo.

No es una fotografía de un año solo. El IPCC evalúa el nivel de calentamiento global mediante promedios de aproximadamente 20 años. Esta distinción es la que explica la paradoja que nos ha alarmado.

El 2024 fue el año más cálido del registro instrumental, con una anomalía alrededor de 1,55 ºC según la OMM. ¿Esto significa que ya hemos superado el objetivo de París? No de forma definitiva.

Un año aislado está influido por la variabilidad natural, como el fenómeno de El Niño. No es suficiente para determinar que el calentamiento sostenido durante décadas haya sobrepasado el umbral. (La ciencia requiere paciencia, no reacciones rápidas).

La regla de los 20 años (y el error que cometemos)

El peligro del sobrepaso (y la solución)

La clave para entender la advertencia de la ONU es una palabra técnica: el «sobrepaso» (overshoot, en inglés). Describe un periodo en que la temperatura puede superar temporalmente los 1,5 ºC para después descender de nuevo por debajo.

No es un interruptor que pase de «seguro» a «peligroso» en una fecha concreta. Es más bien un cuenta acumulativa. Cada año adicional con temperaturas elevadas incrementa la exposición a olas de calor, la pérdida de hielo y el daño en ecosistemas. Esto es imprescindible de entender.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) considera probable este sobrepaso temporal. En una trayectoria de acción climática ambiciosa, el máximo del calentamiento podría aproximarse a 1,8 ºC antes de comenzar a descender.

Con políticas insuficientes, superaría los 2 ºC. La diferencia entre un escenario y otro no es simbólica. Cada décima de grado adicional multiplica los riesgos y dificulta nuestra adaptación.

Volver por debajo de los 1,5 ºC tras un sobrepaso es posible, pero exigiría emisiones netas negativas y una retirada masiva de dióxido de carbono de la atmósfera.

Estas técnicas tienen límites de escala, costos elevados y riesgos ecológicos. No sustituyen la reducción directa de combustibles fósiles. El ahorro aquí es de futuro. Según el PNUMA, se debería reducir las emisiones mundiales aproximadamente un 55 % en 2035 respecto a 2019.

El caso español: una advertencia urgente

La alerta global se vuelve especialmente concreta en la península ibérica. Según el Informe sobre el estado del clima de España 2025, elaborado por la AEMET y publicado por el MITECO, la temperatura media en nuestro país ha aumentado alrededor de 1,75 ºC desde 1961.

Esta es una señal muy superior a la media planetaria. Los doce años más cálidos se han concentrado en el siglo XXI. España figura entre los territorios europeos más expuestos al calor extremo, la sequía y los incendios forestales. Esto es urgente.

El impacto más medible es sanitario. El Plan Estratégico de Salud y Medio Ambiente (MITECO y Ministerio de Sanidad) estima que el calor extremo de 2003 causó en España un exceso de mortalidad de unas 6.600 muertes.

Calcula un incremento medio de la mortalidad del 9,9 % por cada grado que la temperatura supera el umbral térmico local. (Sí, es un riesgo real para nuestra salud).

A todo esto se suma el estrés hídrico sobre una agricultura ya tensionada, la presión sobre el Mediterráneo y episodios de incendios de gran extensión. En 2022 se quemaron en España 267.946 hectáreas forestales.

La lucha no está perdida

Frente al fatalismo, la ciencia insiste en un mensaje que puede sonar contraintuitivo después de tantas cifras alarmantes. Cada décima de grado que se evite sigue reduciendo los daños. El esfuerzo climático no se anula por el sobrepaso; al contrario, se hace más urgente.

La diferencia entre un máximo de 1,8 ºC y otro por encima de los 2 ºC se decide, en buena medida, en esta misma década. Este margen depende de decisiones concretas que tomemos ahora.

Reducir el consumo de combustibles fósiles, electrificar el transporte y la industria, mejorar la eficiencia energética, rehabilitar edificios e impulsar el transporte público. No será una hazaña única, sino un proceso gradual y de acumulación. (Como la base lunar, paso a paso).

En paralelo, la adaptación resulta imprescindible. En España, esto va mucho más allá de las defensas contra inundaciones. Implica planes de salud ante olas de calor, más sombra y arbolado urbano, y cultivos menos vulnerables.

También una gestión inteligente de la demanda de agua y la revisión de infraestructuras. Diseñadas con estadísticas de un pasado que ya no describe el presente. Nuestro futuro depende de esta solución combinada.

La advertencia de la ONU no proclama que la lucha climática esté perdida. Ni que el Acuerdo de París haya fracasado. Al contrario, nos recuerda que estamos entrando al territorio del sobrepaso y que su alcance, cada año y cada décima, aún se está escribiendo con las decisiones de hoy. (¿Lo tienes claro ahora?).

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