MónEconomia
La letra pequeña de los volantines de Sánchez

El desalojo de Maricarmen en Madrid ha contenido todos los elementos dramáticos que lo han convertido en un punto de inflexión. De inflexión, no de ruptura. Las imágenes del traslado de la inquilina en camilla sacudieron las conciencias. Todas, hasta llegar a la ONU, salvo la de la presidenta de la comunidad autónoma, que debe tener café con leche en lugar de cerebelo.

Después del drama y del revuelo que ha derivado, la empresa propietaria del inmueble, Urbagestión, ha llegado a un acuerdo con la inquilina desalojada. Con las mismas condiciones que antes. A buena hora. Si Maricarmen viviera en Estados Unidos, sus abogados habrían exigido a la arrendadora una habitación con vistas a los Alpes.

Urbagestión se dedica a “aumentar el valor de edificios después de comprarlos, vaciarlos de inquilinos y hacer reformas”. Una actividad tan brutal como cualquier otra entre las bestias. Si los señores que controlan esta empresa supuestamente inmobiliaria llegaran a imaginarse por un segundo las consecuencias de la acción judicial que ellos mismos impulsaron, seguro que se habrían ahorrado el serial. Un serial que tendrá consecuencias –aún sin determinar– para todas las empresas del sector y los particulares propietarios de pisos en alquiler.

En los tiempos de tanto CEO, tanto SEO, tanto Chief Communications Officer y tanta mandolina desafinada, no se entiende que una empresa que se dedica a trastocar conciencias, por muy pequeña que sea, no tenga detectores de riesgo social. Señores de Urbagestión, donde sueltan, recogen, y ya veremos cómo se las arreglan ustedes.

El drama personal de Maricarmen y la movilización de gente escaldada económicamente o motivada políticamente ha forzado a Pedro Sánchez a hacer una de sus habituales filigranas. Si Sánchez no gana las próximas elecciones, el gremio de funambulistas debería mantenerlo sin pagar la cuota de asociado.

Una vez más –y van dos–, el presidente del gobierno español ha ensayado la doble finta. Dos decretos leyes aprobados a la vez y en tiempo de descuento para intentar contentar a sus socios de gobierno y que no le hagan aún más amargo el regreso al curso. El gobierno aprobó ayer, pues, dos decretos Maricarmen que luego deberán pasar las baquetas del Congreso.

El primero determina una prórroga de dos años de los contratos de alquiler que terminan antes del 31 de diciembre de 2028; una ampliación de la protección contra los desalojos hasta 2030, que impide expulsar a familias que no tengan otra alternativa, y la prohibición de la compra de viviendas por parte de los fondos buitre hasta 2028. Veremos cómo se las ingenia el gobierno del estado para definir ante el Constitucional qué es un buitre y qué un mirlo.

Este primer decreto está pensado para discutirlo en el trámite parlamentario con el PNV y con Junts, que lo han recibido con cara presbicia y que han respondido que no tomarán ninguna decisión hasta que no se miren “la letra pequeña”. Que cuiden las gafas. Las letras pequeñas de Pedro Sánchez escupen.

El segundo decreto aborda la renovación automática de los contratos de alquiler. Los arrendadores estarán obligados a aceptarla manteniendo las condiciones. Este decreto atendería poco o mucho, con el permiso de la letra pequeña, a la demanda de Sumar y de los sindicatos para establecer los denominados alquileres de renta antigua o de por vida. Esto será mucho más difícil de negociar con los otros grupos parlamentarios, pero parece que ha apaciguado a las socias de Sumar.

Desde el comienzo de la legislatura Pedro Sánchez arrastra una pena de mayorías parlamentarias impracticables. Es bastante difícil combinar los intereses de Junts –los inmobiliarios y los otros– con los de Sumar. Y aún más con los de los cuatro diputados de Podemos. El presidente del gobierno español ha hecho todo lo posible para salir adelante, pero la dura realidad le ha roto la bancada casi siempre.

La letra pequeña y la grande de Sánchez pueden dejar esta vez los dos decretos sobre alquileres en la estacada. Aún salvarán el cuello los señores de Urbagestión. Si la tropa que respalda al PSOE en el Congreso no es capaz de entenderse, el hábil Pedro Sánchez debería explicar bien explicado si vale la pena volver a presentarse a las próximas elecciones. En letra grande, por favor

Nou comentari

Comparteix

Icona de pantalla completa