La derecha y la extrema derecha españolas –valga la redundancia– y la presunta izquierda también o más española han llevado una cuestión fragilísima para los contribuyentes al dilema reduccionista. La derecha y la extrema derecha y la presunta izquierda españolas lo reducen todo a la caricatura y a la trinchera.
Por un lado, el gobierno de Pedro Sánchez y la fiel infantería que le da apoyo parlamentario proclaman que el sistema de pensiones en España es seguro y estable, que no corre peligro ni ahora ni más adelante. Que las pensiones continuarán subiendo con el IPC como referencia y que los dioses progresistas –¿existen?– los han puesto a ellos como garantía de éxito. Cuanto más azúcar, más dulce.
Por otro lado, los portavoces económicos y encorbatados de VOX replican que el sistema ya se ha colapsado y que la única manera de asegurar unas pensiones dignas en España es introducir fondos de pensiones privados. Fondos amigos, no hace falta decirlo. El PP calla. No sea que aún se haga daño. Feijóo no abre la boca. Solo lo hace para destripar a Sánchez. Los populares ahora son reactivos y abrasivos. Y poca cosa más.
El problema de la propuesta de VOX es que hasta ahora todos los servicios públicos que ha ido privatizando el PP en paraísos sociales como la comunidad de Madrid o el País Valenciano lo han sido para mayor gloria y más provecho de los amigos del mismo grupo. Con bigote o sin él. El Partido Popular acumula tantos casos de corrupción con la excusa de sanear los servicios públicos, que los ha convertido en servicios de beneficio privado. La sanidad madrileña –como antes la valenciana– es un nido de chismes.
El problema del lema de Sánchez es que es mentira, porque todos los indicadores y todos los analistas con un mínimo de vergüenza insisten en que el sistema de pensiones en España se encamina hacia el colapso. No hace falta ser un genio para llegar a conclusiones obvias. Por un lado, la vida de los jubilados cada vez se alarga más. El número de pensionistas se ha disparado y continúa creciendo rápidamente. Cosas del baby boom. La tasa de natalidad en España es como la de la isla McDonald. Por otro lado, los sueldos de los trabajadores que lo mantienen cada vez son más bajos. No hagamos trampas: no el salario mínimo interprofesional, el salario medio.
La factura mensual de las pensiones ya supera los 14.500 millones de euros mensuales. Se necesitan ambas manos para contar los informes de entidades internacionales solventes que advierten que este costo, con las subidas que se derivarán de las precariedades del mercado laboral futuro, podría elevarse al 16,5 por ciento del PIB y generar un déficit estructural inasumible para cualquier gobierno.
El sistema de jubilación español es de reparto contributivo. Esto significa que cada trabajador y sus empresas no hacen cada mes aportaciones a un fondo que luego les será devuelto, sino que financian directamente las jubilaciones del momento. El buen desempeño de la economía ahora no garantiza alegrías futuras. Pero queda claro que en el momento en que los jubilados futuros no perciban las cantidades que ellos consideran justas después de tantos años cotizados todo saltará por los aires.
Si el gobierno de Pedro Sánchez ha renunciado a la inteligencia natural, podría usar la artificial para proyectar en el futuro jubilatorio inmediato todos los datos laborales y demográficos que tiene. Insistir en que todo va bien y que todo irá mejor es una clara muestra de irresponsabilidad política. Pero, en política, ¿será por irresponsabilidad…? Si ellos tienen una, nosotros tenemos dos.
¿Pensiones españolas? O colapso o corrupción. Qué ganga para el futuro inmediato.

