Sin bolsas abiertas en Europa por las festividades, el mercado inicia la sexta semana de guerra en Irán conteniendo la respiración. Durante las primeras horas del lunes, los futuros de Wall Street mostraban una imagen ya conocida por los inversores al salir del fin de semana. El domingo por la noche, medios afines a la Casa Blanca se movilizaron para dar voz a los mediadores internacionales, que han llegado a proponer un alto el fuego de 45 días entre las partes. Los selectivos Dow Jones, S&P 500 y Nasdaq prometían rendimientos alcistas; pero la realidad en el Oriente Medio ha aniquilado la buena fe de los accionistas: a primera hora de la mañana, las autoridades iraníes han informado de un bombardeo sobre la planta petroquímica del yacimiento de South Pars, la segunda zona de extracción de gas más activa del planeta. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha hecho olvidar cualquier acercamiento entre bandos, y los listados estadounidenses -con la excepción del Nasdaq, que acelera un modesto 0,2%- anclados por la amenaza que supone la nueva escalada del precio del petróleo. A raíz de las nuevas agresiones, el barril Brent ha vuelto a rozar los 109 dólares, mientras que el West Texas Intermediate supera los 111 dólares. Más agudo aún ha sido el encarecimiento del gas natural, que se ha encarecido un 1,5% y amenaza las facturas de la luz de los hogares europeos.
Durante las primeras semanas del conflicto, la referencia europea en el mercado de futuros petroleros oscilaba con fuerza, hasta el punto que el sector gasolinero no sabía cuándo ni cómo comprar producto para las estaciones de suministro. En la primera mitad del mes de marzo, el Brent rebotó entre máximos próximos a los 120 dólares y mínimos alrededor de los 80 dólares. Tras mes y medio de agresiones, sin embargo, la espiral del crudo parece haberse estabilizado alrededor de los 110 dólares, un incremento de más del 40% respecto del precio anterior a los primeros bombardeos sobre Irán, cuando se mantenía anclado en los 60 dólares por barril.
Según los principales expertos financieros, la detención del balanceo del crudo en niveles por encima de los 100 dólares -ya de por sí poco favorable para los bolsillos de los ciudadanos- podría esconder una nueva realidad, mucho más peligrosa. «El conflicto en Irán erosiona uno de los pilares clave del orden global: la confianza en los EE.UU. como garante de las rutas marítimas», reflexiona el analista de mercados Manuel Pinto. Las estridencias trumpistas, de hecho, podrían ser el último clavo en el ataúd del dominio del dólar sobre los mercados energéticos. «El equilibrio geopolítico podría trasladarse hacia Pekín, reforzando el rol de Xi y su capacidad para ejercer más influencia sobre las rutas comerciales globales», razona Pinto. Un giro global hacia China como centro de poder sería la ironía definitiva para el Despacho Oval; que ha priorizado en su expansión militar ataques sobre centros estratégicos para el suministro petrolero chino -y, aún más, para su proyecto de desdolarización internacional-, como son Irán y Venezuela.

La OPEP teme una crisis global
Que el sector petrolero espera cambios de fondo se ha hecho evidente con los últimos movimientos de la OPEP+. La organización de exportadores de crudo que lidera Arabia Saudita había mantenido el silencio ante la crisis energética que los Estados Unidos han guardado bajo la manga desde finales de 2025. Con los ataques sobre Caracas, la asociación establecida en Viena decidió mantener estática la salida de petróleo. Mantuvo la posición en las primeras semanas de guerra en Irán, incluso ante los temores internacionales a una hipotética crisis de suministro de hidrocarburos. Fuentes del mercado han reiterado a Món Economia, a lo largo de las últimas semanas, que los productores guardaban el derecho a abrir el grifo de crudo para un momento de verdadera tensión, cuando aumentar la oferta fuese un imperativo inexcusable.
Este domingo, tras su encuentro mensual, la OPEP+ ha anunciado un aumento de las salidas de unos 206.000 barriles a partir del mes de mayo, un incremento modesto, que opera más como gesto que como aportación al mercado. Los ministros de energía de los 23 países participantes se han mostrado especialmente preocupados por los ataques sobre infraestructuras energéticas en la región. También alertan de una «disrupción a escala global» en caso de que el estrecho de Ormuz, que canalizaba antes de la guerra el 25% del crudo mundial, continúe cerrado a largo plazo. El banco estadounidense JP Morgan se ha expresado en un sentido similar, y alerta que si el conflicto se alarga hasta mediados de mayo, los barriles Brent y WTI podrían dispararse hasta los 150 dólares, su máximo histórico
Trump pierde voz
Ante esta crisis permanente, los analistas comienzan a ignorar los discursos estadounidenses, que han querido condicionar el sentimiento de los mercados con noticias positivas antes de las aperturas. Pinto, de hecho, identifica un patrón claro que han seguido los parqués financieros las últimas seis semanas: «optimismo al inicio, corrección al final». Con las filtraciones de la Casa Blanca y los discursos, a menudo más optimistas de lo debido, del presidente Donald Trump, los inversores se apresuran a tomar posiciones financieras en las primeras horas del lunes. Cuando las promesas de paz no se materializan, salen despavoridos, rebajando de nuevo el rendimiento de los valores. La semana pasada fue un ejemplo claro: «hasta mediados, el mercado descontaba un final próximo del conflicto, lo que impulsó las subidas. A medida que avanzaban los días, sin embargo, el tono cambió y volvieron las dudas».
El último día de actividad, el Ibex-35 cerró con un retroceso de una décima y media, con los principales bancos del Estado en caída libre y las energéticas con subidas de hasta cuatro puntos. Las tendencias opuestas de las acciones financieras y petroleras indican que el capital confía en que los precios del petróleo y el gas se mantendrán elevados durante mucho tiempo, mejorando los balances de los Repsols y Naturgys del selectivo. Una inflación energética excesiva, sin embargo, castiga el conjunto de la economía, lo que hiere la actividad de la banca, un sector marcadamente procíclico. Trump, pues, ya no tiene el poder de manipular los movimientos del capital a su antojo. «Los constantes cambios de postura de las últimas semanas han desmoronado su capacidad, antes infalible, para sacar la bolsa de la crisis», razona Pinto.



