Hay lugares que se descubren caminando entre bosques, otros que se disfrutan dentro del agua fresca de una poza y algunos que revelan toda su magia cuando oscurece. El Taiga Bassegoda Park, situado en Albanyà, en el Alt Empordà, tiene la particularidad de reunir estas tres experiencias en un mismo espacio. Rodeado por los paisajes abruptos de la Alta Garrotxa y las estribaciones pirenaicas, este destino familiar, que abre todo el año, ha logrado construir una propuesta singular donde la naturaleza, el descanso y la divulgación científica conviven de manera natural.
Durante el día, los protagonistas son los caminos que se adentran entre bosques, las rutas de senderismo y las pozas de agua cristalina que salpican el entorno. El río Muga y sus afluentes dibujan rincones ideales para combatir el calor del verano y para reconectar con una naturaleza que aquí se mantiene casi intacta. Familias, parejas y grupos de amigos encuentran en este entorno una alternativa tranquila al turismo de masas, con suficientes actividades para mantener ocupados a los más pequeños y suficiente calma para seducir a aquellos que simplemente buscan desconectar.

Pero es cuando el sol desaparece detrás de las montañas que Albanyà despliega su principal tesoro. Mientras buena parte del país vive bajo un cielo cada vez más difuminado por la contaminación lumínica, aquí la oscuridad sigue siendo una aliada. Es precisamente esta calidad excepcional del cielo la que inspiró la creación del Observatorio Astronómico Albanyà, un equipamiento que hoy se ha convertido en uno de los grandes atractivos de la zona.
El observatorio astronómico de Albanyà
«La propuesta de crear un observatorio nació de la mano de Pere Guerra, fundador del proyecto y gran aficionado a la astronomía, que supo ver el potencial de un entorno donde la ausencia de contaminación lumínica ofrece unas condiciones extraordinarias para observar el firmamento», explica Sergio Ferris, director de el Observatorio Astronómico Albanyà. El proyecto culminó en el año 2017 con la inauguración del equipamiento y, desde entonces, no ha dejado de crecer incorporando nuevas aportaciones tanto desde el ámbito científico como divulgativo.
Ferris advierte que la contaminación lumínica es un fenómeno cada vez más extendido. «No solo afecta nuestra manera de relacionarnos con el entorno, sino también la salud de las personas y de los ecosistemas», señala. Las consecuencias también son evidentes para la observación astronómica. «En muchos entornos urbanos solo se pueden ver los planetas, la Luna y las estrellas más brillantes. Aquí, en cambio, las estrellas son prácticamente incontables».

La diferencia es visible a simple vista. Durante los meses de verano, la Vía Láctea atraviesa el cielo con una intensidad difícil de imaginar para aquellos acostumbrados a los horizontes urbanos. «El cielo se transforma en un auténtico mar de estrellas y nos recuerda que vivimos dentro de una inmensa ciudad estelar: una galaxia», resume Ferris. En las noches más limpias, incluso es posible distinguir sin telescopio otras galaxias, cúmulos globulares y nebulosas que habitualmente quedan ocultas bajo el resplandor artificial de las ciudades.
La divulgación es una de las grandes apuestas del Observatorio. Por ello, buena parte de su actividad se centra en concienciar a los visitantes sobre la necesidad de preservar los cielos oscuros. Y lo hace a través de experiencias pensadas para emocionar. La más popular es el conocido Bautismo Astronómico, una propuesta de una hora y media que permite recorrer el cielo nocturno desde un anfiteatro al aire libre mientras un telescopio equipado con cámara proyecta en directo las observaciones.
La tecnología utilizada multiplica las posibilidades de la experiencia. Objetos extremadamente débiles, invisibles a simple vista, aparecen en la pantalla con un nivel de detalle sorprendente. «Podemos mostrar los colores reales de nebulosas y galaxias, una experiencia imposible de apreciar sin este soporte tecnológico y que sorprende tanto a niños como a adultos», explica el director.
Las reacciones de los visitantes suelen repetirse. Una de las más habituales llega cuando descubren la Vía Láctea. «Muchas personas no son conscientes de que aún existen lugares donde se puede contemplar con esta claridad», comenta Ferris. También despierta fascinación la dimensión temporal de la astronomía. «Cuando observamos una galaxia situada a más de 60 millones de años luz, lo que estamos viendo es cómo era esa galaxia cuando los dinosaurios aún habitaban la Tierra». Una idea aparentemente sencilla que ayuda a entender las inmensas distancias del universo y que suele dejar al público boquiabierto.
La sorpresa continúa cuando los astrónomos señalan los numerosos satélites artificiales que atraviesan el cielo durante una misma sesión. Una muestra visible de cómo la tecnología también ha colonizado el espacio cercano a la Tierra y que invita a reflexionar sobre el impacto humano más allá de nuestro planeta. Para los más pequeños, la experiencia tiene un componente casi mágico. «Quedan fascinados al descubrir un cielo que no imaginaban que fuera tan rico en objetos, historias y misterios», explica Ferris. Quizás porque la astronomía conserva aún la capacidad de activar la curiosidad más elemental: aquella que nos hace mirar hacia arriba y preguntarnos qué hay más allá.
El Taiga Bassegoda Park ha entendido que las vacaciones pueden ser mucho más que una estancia en plena naturaleza. Aquí, una excursión hasta una poza puede acabar convirtiéndose en una conversación sobre galaxias lejanas. Una tarde de baño en su gran piscina puede dar paso a una noche observando la Vía Láctea. Y una escapada familiar puede transformarse, sin casi darse cuenta, en una invitación a redescubrir el cielo.
Desde una parcela a un alojamiento de lujo
El Taiga Bassegoda Park ofrece una amplia variedad de alojamientos adaptados a todos los perfiles de visitantes. Desde las tradicionales parcelas para tienda, caravana o autocaravana, rodeadas de naturaleza y con todos los servicios necesarios, hasta bungalows completamente equipados y opciones de gama superior pensadas para quienes buscan más confort sin renunciar al entorno natural. El complejo dispone también de restaurante, piscina, espacios deportivos, zonas infantiles y una extensa programación de actividades familiares que convierten el camping en un destino en sí mismo. Una oferta que combina el espíritu del camping tradicional con comodidades propias de un alojamiento de vacaciones de primer nivel, en un entorno privilegiado donde la montaña, las pozas y el cielo estrellado forman parte de la experiencia cotidiana.
En un momento en que las experiencias auténticas son cada vez más difíciles de encontrar, Albanyà ofrece una propuesta singular: recuperar la conexión con la naturaleza de día y con el universo de noche. Un lujo silencioso que, en este rincón del Alt Empordà, sigue brillando con luz propia.
