Cuatro meses después del inicio de la crisis de la peste porcina africana (PPA), el cerdo catalán aún se encuentra en tensión. Según los datos exportadores del ministerio español de Economía, la facturación de la industria porcina en el exterior durante las primeras semanas de 2026 sufrió un retroceso agudo, de más del 17% en términos interanuales. El golpe, sin embargo, ha sido cuestión de precios: tal como ha recordado el consejero de Agricultura de la Generalitat, Òscar Ordeig, en comisión parlamentaria, la erosión en valor se ha producido a pesar de que los volúmenes de venta se han mantenido. La situación económica del porcino, el segmento agroalimentario más importante en Cataluña, sigue detenida desde las primeras semanas de enero, cuando se aceleraron las conversaciones con los países compradores para garantizar la seguridad y salubridad de los productos del Principado. El 83% de los mercados continúan abiertos y activos, con la mayor parte de la actividad concentrada en Europa, y aún no hay avances para recuperar las pérdidas en China, que aceptó la regionalización de las compras y esquiva solo la carne salida de Barcelona. Especialmente, el sector sufre por la reapertura en entornos como Japón o Filipinas, que cerraron de golpe las fronteras comerciales para el porcino catalán. Ante esta incertidumbre, Ordeig ha subrayado la relevancia de abrirse al mundo. «Es importante no perder los mercados tradicionales, pero también aprovechar la crisis para abrir y consolidar nuevos«, ha argumentado.
Según Ordeig, las explotaciones porcinas catalanas han mantenido la resiliencia a pesar del reto que ha supuesto el virus. «Los clientes internacionales han seguido viniendo», ha celebrado; a la salida de un 2025 especialmente activo en la cartera de las exportaciones agroalimentarias catalanas. Cabe recordar que, el curso pasado, el porcino concentró cerca del 72% de las ventas exteriores de la industria cárnica catalana. Ya se notó, cabe decir, un retroceso modesto en el valor de las ventas (-1,1%), especialmente a raíz de las diversas guerras comerciales en las que se vio inmersa la Unión Europea, con China como protagonista. Entonces, sin embargo, fueron las tarifas a la importación de vehículos eléctricos las que lastraron las relaciones con los compradores chinos de derivados del cerdo.

En la comparecencia ante los grupos parlamentarios, Ordeig ha reconocido que el inicio del curso ha sido más duro para los exportadores de cerdo, especialmente por culpa del inmenso valle de precios que han sufrido en las primeras semanas de 2026. Durante las primeras olas de la crisis, cabe recordar, la lonja de Mercolleida se vio a afrontar varias bajadas de la carne de cerdo -tanto del cerdo de engorde como del lechón- que lo llevaron a mínimos: a principios de enero, el kilo de cerdo cayó hasta un euro, de acuerdo con los datos de la Comunidad Profesional Porcina. Desde los primeros días de febrero, sin embargo, comienza a notarse una recuperación, hasta el punto que el consejero ha confirmado que, con datos de esta semana, se igualará el precio previo a la crisis sanitaria. Antes de diciembre, cabe recordar, el kilo de carne se movía alrededor de los 1,3 euros; mientras que en el último recuento, la pasada semana, superó los 1,27 euros. Todo hace prever, pues, que las vendedoras cárnicas catalanas puedan comenzar a ver ciertos brotes verdes en cuanto al valor del producto. Aun así, ha reconocido Ordeig, el valor todavía se encuentra lejos de la primavera de 2025: a principios de abril pasado, de acuerdo con datos de la misma entidad, Mercolleida ofrecía el kilo de cerdo vivo a 1,75 euros, cerca de los 50 céntimos por encima de la cifra actual.
«Descoordinación» con Madrid
Ante la necesidad de recuperar los mercados exteriores y abrir nuevos, los grupos parlamentarios han presionado a Ordeig sobre la efectividad de las medidas del Gobierno en términos de reactivación comercial. La diputada de Junts, Jeannine Abella, ha puesto en duda que los movimientos del ejecutivo, como los cambios en la zonificación de la enfermedad, hayan servido para levantar alguna restricción internacional. «No hemos oído que ningún otro mercado vuelva a confiar», ha criticado la representante independentista; que no solo ha dedicado dardos a la Generalitat. También al ministro de Agricultura, Luis Planas, a quien ha reprochado «tirar balones fuera» en los cuestionamientos en el Congreso y en el Senado. En este sentido, ha señalado la «falta de coordinación» entre las dos administraciones en cuanto a las conversaciones con los compradores extranjeros. «Parece que todo sea cosa de Cataluña, y nos preocupa esta descoordinación», ha señalado Abella.
Críticas «engañosas»
Las pérdidas causadas por la infección en los jabalíes, que el sector ya cifra en los cientos de millones de euros, han abierto la puerta a una multitud de críticas a la dependencia de las exportaciones de derivados del cerdo que sufre la agroindustria catalana. En la misma comisión, lo ha trasladado la diputada de los Comuns, Núria Lozano, que ha llamado a evitar «los errores actuales del sector». Las críticas han venido desde varios sectores: a principios de la expansión del virus, un informe del Instituto de Investigación Urbana de Barcelona (IDRA) resaltó la «fragilidad» de un agroalimentario que gravita excesivamente alrededor de las necesidades del cerdo.
Ordeig, sin embargo, ha rechazado este cuestionamiento, que ha considerado «engañoso». «Todas las actividades económicas tienen externalidades negativas. La solución es más inversión», ha reclamado el consejero. Como ejemplo, ha señalado el avance de Cataluña en la instalación de plantas de biogás, un sector en el cual el país está «a la cola de Europa». «Nos sale el fertilizante por las orejas, pero no avanzamos», ha exclamado. En este sentido, ha negado que la capacidad exportadora del porcino sea un problema económico para el país. «Si el automóvil necesita inversión, pues se invierte. Pero si el porcino exporta, entonces es un problema», ha afirmado.

