L'escapadeta
L’únic Parador fuera de España es un imponente edificio barroco portugués del siglo XVIII

Los Paradores de España se han forjado una reputación casi legendaria, sinónimo de calidad, historia y un servicio que cuida cada detalle. Su red de establecimientos, muchos ubicados en edificios históricos o parajes de belleza inigualable, es un pilar del turismo de calidad en nuestro país. Pero hay un secreto, un pequeño descubrimiento que pocos conocen y que rompe con todas las expectativas que tenemos de esta cadena.

¿Y si te dijera que uno de estos templos del buen gusto y la elegancia se encuentra, en realidad, más allá de nuestras fronteras? No estamos hablando de una franquicia cualquiera, sino de una joya que mantiene toda la esencia y la calidad que esperamos de un Parador. El lugar, por su singularidad, se ha convertido en una parada imprescindible para aquellos que buscan una experiencia de viaje realmente única.

Nos referimos a la Casa da Ínsua, el único Parador que no pertenece a la geografía española y que es una auténtica maravilla arquitectónica. Situada en el municipio portugués de Penalva do Castelo, a solo 25 kilómetros de Viseu y a unos 70 de la frontera con España, esta propiedad es un auténtico tesoro oculto. Su origen barroco y su historia centenaria la hacen un lugar de peregrinación para amantes del lujo y la cultura.

Este imponente edificio de estilo barroco fue erigido en la segunda mitad del siglo XVIII por encargo de Luis de Alburquerque de Mello Pereira y Cáceres, un hidalgo de la Casa Real que también fue gobernador y capitán general del Estado de Mato Grosso en Brasil. Se restauró completamente en 2009 y abrió como Parador en 2015, combinando la majestuosidad del pasado con todas las comodidades modernas. Un proyecto definitivo que demuestra que la visión de Paradores va más allá de los mapas.

La Casa da Ínsua no es solo un hotel; es un viaje en el tiempo, una inmersión en la historia y la cultura portuguesa. Sus 35 habitaciones, suites y apartamentos, cada uno con características únicas y nombres que evocan el pasado del palacio, nos transportan a relatos de propietarios y momentos clave de la historia de Portugal y Brasil. La decoración es una solución brillante para preservar esta memoria, con detalles que dejan boquiabiertos a cualquier visitante.

A veces pensamos que lo hemos visto todo, pero un descubrimiento como este Parador secreto nos recuerda que el mundo de los viajes siempre tiene una sorpresa guardada para nosotros.

Entre sus detalles más notables encontramos la fuente del patio, obra del maestro italiano Nicola Bibaglia, o las piezas de artillería del período de la Reina María Cristina, que recuerdan un pasado de gran relevancia. No podemos olvidar el papel pintado a mano por Gué, que aporta un toque de exclusividad y arte. Los fundadores de la cadena Paradores fueron unos arquitectos de la atención en su tiempo, y hoy en día siguen sorprendiéndonos.

Además de sus estancias de lujo, este Parador de cinco estrellas ofrece una amplia gama de servicios para hacer nuestra estancia imprescindible: salas de lectura y de juegos, un gimnasio para mantenernos en forma y dos piscinas exteriores para relajarnos. El restaurante nos invita a degustar la variada cocina tradicional de la región portuguesa del Dão, con productos de temporada y locales, asegurando una experiencia gastronómica auténtica.

Los jardines, un secreto a plena luz

Pero si hay algo que realmente captura el alma de este lugar, son sus jardines históricos, típicos de la región del Dão, que se convierten en el principal atractivo de este hotel único. Son un ejemplo de cómo la naturaleza y el ingenio humano pueden crear un espacio de belleza casi mística. (De verdad, nosotros también alucinamos con el cuidado de estos espacios).

El complejo dispone de una capilla anterior a la actual Casa da Ínsua, dedicada originalmente a la Virgen María y posteriormente a la Inmaculada Concepción. El escudo de la familia que poseyó la propiedad y su campanario singular con cuatro campanas superpuestas, coronado por una campana independiente de la original, son detalles que añaden un carácter inédito a la visita. Es una inmersión en la fe y la historia de la región.

Frente al edificio principal se extiende el jardín francés, diseñado en 1856 con un patrón geométrico y dos niveles de arbustos que invitan a la contemplación. Aquí, una magnolia monumental de 1842, una rarísima flor de loto y más de 32 variedades de camelias nos muestran la riqueza botánica del lugar. Es un espectáculo de colores y aromas que cambia con cada estación.

Por su parte, el jardín de estilo inglés acoge especies de árboles exóticos traídos de Brasil, un eucalipto colosal introducido por el Marqués de Pombal y cedros del Líbano, entre muchos otros ejemplares. Esta diversidad botánica es un tributo al espíritu explorador de los antiguos propietarios de la finca. Cada rincón es una sorpresa, un nuevo mundo por descubrir.

Un sueño portugués al alcance

En la finca hay, además, una granja donde se produce queso y mermeladas con las frutas cultivadas en el lugar. Desde el Parador se ofrecen actividades como la elaboración de estas delicias, acompañadas de una cata de vinos de la región del Dão. Es una oportunidad para adentrarnos en la tradición local y llevarnos a casa un trozo de Portugal con nosotros. Un error sería no aprovechar esta oportunidad única.

La Casa da Ínsua es una experiencia viral antes incluso de que la visites, un lugar donde cada detalle ha sido pensado para deleitar los sentidos y ofrecer una estancia inolvidable. Este Parador portugués es la demostración de que la excelencia no tiene fronteras y de que hay joyas escondidas que esperan ser descubiertas. La demanda de este tipo de experiencias auténticas está disparándose; no dejes que te lo cuenten.

Decidirte a visitar este lugar no es solo planear unas vacaciones, es invertir en una experiencia de vida, un recuerdo que perdurará. Después de conocer este secreto, tu concepto de Parador no volverá a ser el mismo, ¿verdad?

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