L'escapadeta
Parece Menorca, pero está en la Costa Brava: el pueblo donde probar las mejores anchoas del Mediterráneo

A veces no es necesario tomar un avión para sentir que has cambiado de archipiélago. Existe un rincón en la Costa Brava que, por su luz, sus calas de piedra y su ritmo pausado, podría pasar perfectamente por una postal menorquina. Pero aquí, el protagonista no es la ensaimada, sino un manjar plateado que vuelve loco a todo el Mediterráneo: la anchoa de l’Escala.

Situado en el Alt Empordà, este municipio ha conseguido algo casi imposible en 2026: mantener vivo un oficio artesanal del siglo XVIII sin perder ni un ápice de frescura. Si buscas una escapada que combine historia, arqueología y una gastronomía de aquellas que te obligan a mojar pan, toma las llaves del coche.

L’Escala: El secreto mejor guardado a 140 km de Barcelona

Llegar allí es un paseo. Apenas una hora y 50 minutos por la AP-7 te separan de la capital catalana. Lo que te espera al final del trayecto es una combinación magnética de playas como la de Riells y pequeñas calas rocosas que invitan a perder la mirada en el horizonte.

Pero l’Escala no es solo playa. A un paso tienes las ruinas de Empúries, un yacimiento único donde griegos y romanos decidieron que el Mediterráneo era el mejor jardín posible. (Sí, nosotros también pensamos que sabían vivir muy bien).

El arte de la salazón: ¿Por qué estas anchoas son diferentes?

¿Qué hace que una anchoa de l’Escala sea «la elegida» por los mejores chefs? La respuesta está en las manos de sus mujeres. Históricamente, ellas han sido las guardianas del oficio, encargadas de limpiar, salar y mimar el pescado con una destreza manual que ninguna máquina puede replicar.

El proceso es pura paciencia. Se colocan en barriles con capas de sal y se dejan madurar casi un año. Pero atención al dato técnico: mientras en otros lugares las prensan con 60 kilos, en l’Escala solo utilizan 20 kilos. ¿El resultado? Una textura mucho menos compacta, más melosa y con el punto justo de sal que le da la tramontana.

Si quieres entenderlo de verdad, debes visitar el Museo de la Anchoa y de la Sal. Por solo 3 euros, descubrirás cómo este pequeño pez levantó toda una economía. Es el plan perfecto si el día amanece nublado.

Ruta por las fábricas: Dónde comprar el «oro azul»

No te vayas sin pasar por las tiendas de las fábricas que mantienen el sello de calidad. Callol Serrats es la más antigua y entrar allí es viajar en el tiempo. También tienes Anxoves de l’Escala (desde 1940) o Solés, que lleva desde 1888 suministrando a las cocinas más exigentes.

Lo mejor es que muchas de estas fábricas te permiten ver el proceso de cerca. Ver cómo filetean a mano cada pieza con una precisión quirúrgica es, sencillamente, hipnótico.

Gastronomía: De la fábrica al plato

La experiencia no está completa sin sentarse a comer frente al mar. Restaurantes como El Roser 2 elevan el producto de proximidad a otro nivel, mientras que en La Caravel·la puedes disfrutar de la anchoa en elaboraciones que te sorprenderán.

Nuestra recomendación: pide una tapa de anchoas con pan con tomate y un vino blanco del Empordà. Es la combinación definitiva para entender por qué este pueblo es el refugio preferido de quienes saben disfrutar de la vida sin prisas.

L’Escala es ese destino que te reconcilia con el turismo de calidad. Es artesano, es cultural y, sobre todo, es auténtico. Esta primavera de 2026, deja que la Costa Brava te sorprenda con su sabor más salado.

¿Te animas a descubrir el yacimiento de Empúries después de un buen banquete? Es el paseo ideal para bajar la comida antes de regresar a casa.

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