Imagina un lugar donde el concreto no existe, donde el olor a pino eclipsa el del protector solar y donde el agua es tan transparente que parece sacada de una postal del Pacífico. No necesitas buscar vuelos a Honolulu. Este rincón secreto está en Tarragona y los locales lo llaman, con razón, Waikiki.
Hablamos de Cala Fonda, una joya de apenas 200 metros que se ha convertido en el último bastión de resistencia contra la masificación turística. Mientras el resto de la Costa Dorada se llenaba de hoteles, este arenal permanecía intacto, protegido por un muro de acantilados y un bosque legendario.
El premio a la pureza: una playa «virgen» real
No es una manera de hablar. Cala Fonda ha sido distinguida oficialmente como una de las mejores playas vírgenes de Cataluña. Este galardón, otorgado por grupos ecologistas, reconoce su valor inalterado en un litoral a menudo castigado por el ladrillo.
Aquí no encontrarás chiringuitos, ni hamacas de alquiler, ni duchas. (Y sinceramente, no los necesitas). La experiencia es radicalmente salvaje: solo tú, la arena fina dorada y una pendiente suave que te invita a sumergirte en un azul turquesa que confunde los sentidos.
La letra pequeña importante: Al no tener servicios, es obligatorio ir bien provisto de agua y comida. Si olvidas algo, te tocará deshacer el camino de 20 minutos por el bosque.
El legado de la Marquesa: por qué este paraíso sigue vivo
¿Cómo es posible que un lugar así no tenga un resort encima? La respuesta tiene nombre de mujer: Caridad Barraquer de Borràs. En los años 60, en pleno boom especulativo, la propietaria de estos terrenos se negó rotundamente a vender.
Gracias a su firmeza, hoy podemos cruzar el Bosc de la Marquesa, un espacio natural protegido donde habitan especies de aves y reptiles imposibles de ver en otros puntos de la costa. Es el pulmón verde que abraza la cala y que permite realizar experiencias de «baños de bosque» para desconectar del estrés digital.
Barro medicinal y libertad absoluta
Si visitas Waikiki, verás algo curioso: gente cubierta de barro de pies a cabeza. Los asiduos aprovechan el barro que se desprende de los acantilados, al que se atribuyen propiedades beneficiosas para la piel. Es el spa natural más barato y efectivo de la provincia.
Además, su difícil acceso y la privacidad que brindan las rocas lo han convertido en uno de los puntos preferidos para quienes practican el nudismo. Aquí la libertad es la norma y la conexión con la naturaleza, el único objetivo.
Para llegar, tienes dos opciones: un sendero de unos 20 minutos desde la Platja Llarga o atravesar el frondoso bosque desde el norte. Elijas la que elijas, el esfuerzo vale la pena tan pronto como divisas el azul del Mediterráneo rompiendo contra la arena virgen.
Consejo de experto: La ruta senderista que une La Móra con la Punta de la Creueta es el plan definitivo para los amantes del trekking costero. Son 5,8 kilómetros de vistas de infarto que te harán olvidar que el lunes tienes que volver a la oficina.
¿Estás preparado para descubrir que el paraíso estaba mucho más cerca de lo que pensabas? Prepara las zapatillas, el protector solar y deja las prisas en casa. La Hawái mediterránea te está esperando.
