Todo el mundo sabe que su «bombín» y su voz de vidrio roto pertenecen a las noches de Madrid, pero el corazón de Joaquín Sabina tiene unas coordenadas muy claras: 38° 00′ N, 3° 22′ O. El cantautor ha vuelto a declarar su amor incondicional por Úbeda, su ciudad natal, definiéndola como un lugar «maravilloso» y uno de los pueblos más bonitos del mundo. (Y si el poeta de las causas perdidas lo dice, nosotros no seremos quienes le llevemos la contraria).
Úbeda no es solo un punto en el mapa de Jaén; es, junto con su vecina Baeza, Patrimonio de la Humanidad. Visitarla es caminar por un escenario donde el Renacimiento decidió instalarse para siempre. Sabina, que creció entre estas calles de piedra dorada, reconoce que la arquitectura y el espíritu de este rincón andaluz fueron el primer caldo de cultivo de su sensibilidad artística.
La «Flor del Renacimiento» entre olivos
Pasear por Úbeda es, para Sabina, reencontrarse con la «ciudad de las ocho torres». El centro neurálgico de su belleza es la Plaza Vázquez de Molina, un conjunto arquitectónico que muchos expertos consideran el más puro del Renacimiento español. Aquí, la Sacra Capilla del Salvador y el Palacio de las Cadenas crean una armonía visual que parece sacada de una ciudad italiana del siglo XVI.
Pero la Úbeda de Sabina también es la del ahorro de pretensiones y la riqueza de los detalles. Es la ciudad de la alfarería tradicional, de los talleres donde el barro aún se trabaja con las manos y de las casas con patios escondidos que guardan el fresco de la Andalucía interior. Es este contraste entre la grandiosidad de los palacios y la humildad de la artesanía lo que hace que el cantautor la sienta como algo único.
Dato clave: Úbeda y Baeza fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2003, reconociendo su influencia en la difusión de las ideas humanistas y el diseño arquitectónico en toda América Latina.

El paisaje del alma y el aceite de oliva
Más allá de los muros de piedra, Úbeda está rodeada por un «mar de olivos» que se extiende hasta donde alcanza la vista. Sabina destaca que este entorno rural es lo que da carácter a su gente: una mezcla de sobriedad y hospitalidad. La gastronomía, regada por el oro líquido de Jaén, es el complemento imprescindible para cualquier viajero; probar unos «ochíos» con picadillo o un bacalao a la ubetense es una parte fundamental de la experiencia.
Consejo de oro: Visita el barrio de San Millán, uno de los preferidos del cantautor. Es la zona donde mejor se respira la autenticidad del día a día ubetense, lejos de los circuitos turísticos más convencionales y donde la poesía aún se encuentra en cada esquina.

Un refugio de cultura y memoria
Para Sabina, Úbeda no es un museo, es un refugio de memoria viva. La ciudad ha sabido conservar su legado sin perder el pulso del presente, convirtiéndose en un centro cultural de primer orden en Andalucía. Invertir unos días en perderse por sus calles es una forma de reconciliarse con el tiempo, entendiendo que la belleza más auténtica es aquella que sabe envejecer con dignidad y orgullo.
¿Sabías que cada año se celebra en la ciudad un festival dedicado a la figura de Sabina? El «pueblo maravilloso» cuida a su hijo más ilustre de la misma manera que él cuida la imagen de su tierra en cada canción.
Mañana, cuando escuches «Pongamos que hablo de Madrid», recuerda que el hombre detrás de la letra comenzó a soñar entre los palacios de Úbeda. ¿Por qué no preparas una escapada para descubrir qué vio él en aquellas calles?
Prepárate para la luz de Andalucía y el silencio de las piedras con historia. ¿Estás lista para descubrir por qué Sabina dice que su pueblo es el más bonito del mundo?
