L'escapadeta
El pueblo secreto de Cataluña donde Leo Messi se desconectaba lejos de los focos

Hubo un tiempo en que Leo Messi no necesitaba playas de Miami para desconectar. El astro argentino demostró durante años que su lugar en el mundo, cuando las botas descansaban, era la Cerdanya. Más concretamente, su residencia secreta en Bolvir.

No fue una escapada cualquiera. El delantero del Barça aprovechó aquellos días de descanso del año 2018 para refugiarse en este pequeño municipio, huyendo de la presión del césped pero sin olvidar su gran pasión. Y es que una foto subida por el mismo Leo a sus Instagram Stories reveló lo que muchos sospechaban.

En la imagen, se le veía relajado, descalzo, con ropa cómoda y sentado en una silla que respiraba paz. Pero, si te fijabas en el fondo, aparecía el verdadero lujo: un campo de fútbol privado impecable. Messi no sabía vivir sin el balón, ni siquiera cuando estaba de vacaciones.

Bolvir: el ‘Gotha’ del barcelonismo en la montaña

¿Por qué Bolvir? No era solo por el paisaje. Este pueblo se convirtió en el refugio de las élites de la historia del FC Barcelona. Messi no estaba solo. A pocos metros tenía la residencia de Gerard Piqué y Shakira, creando un núcleo de poder y privacidad casi impenetrable en aquella época.

También la familia Núñez eligió estos parajes hace años. Bolvir no era un pueblo de paso, era una declaración de intenciones: allí se buscaba el silencio que la ciudad robaba. (Sí, a nosotros también nos habría encantado saber de qué hablaban Leo y Gerard cuando se cruzaban sacando la basura).

El detalle clave: La casa de Messi estaba diseñada para la privacidad familiar, pero con ese toque deportivo que lo definía. Su campo de fútbol particular era la envidia de cualquier aficionado.

Un descanso con fecha de caducidad y un reto frente a él

Pero no todo fue relax y pies descalzos. Messi sabía que el reloj no se detenía. Aquel martes a las 11:30 horas, el ’10’ estaba citado en la Ciudad Deportiva para retomar los entrenamientos. ¿El motivo? Una cita vital en el calendario de aquella temporada.

El sábado 20 de octubre, el Sevilla visitaba el Camp Nou. Un partido donde el Barça se jugaba más que tres puntos: se jugaba su imagen en La Liga Santander. Por eso, aquellas horas en Bolvir fueron oxígeno puro para el delantero antes de la tormenta futbolística.

Aquella estancia en la Cerdanya coincidió, además, con el ruido mediático sobre su ausencia en algunas votaciones del Balón de Oro y los preparativos del espectáculo del Cirque du Soleil sobre su vida. En medio de todo aquel caos, la piedra de Bolvir fue su mejor aliada.

Cómo era la vida de Messi cuando nadie lo miraba

En Bolvir, Messi no era la marca global, era el padre de familia. Se le podía ver disfrutando de los paisajes con su esposa y sus hijos, lejos de los flashes constantes de Barcelona. Era su manera de recargar pilas, conectando con la naturaleza sin renunciar a su comodidad.

El hecho de que compartiera ese pedazo de su intimidad en las redes nos recordó que, a pesar de todo, era un hombre sencillo que solo quería un prado verde y un balón. (Y si el prado estaba en la puerta de su casa, mejor que mejor).

En aquellos días, si te movías por la comarca, tenías que abrir bien los ojos. Quizás no lo veías en el campo de fútbol, pero el espíritu de Leo ya formaba parte del paisaje de Bolvir. Una segunda residencia que, más que una casa, fue su verdadero búnker de felicidad durante su etapa dorada en el club.

Finalmente, Messi regresó el martes con las pilas cargadas. El Sevilla, como tantas otras veces, terminó sufriendo las consecuencias de aquel descanso en la montaña.

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