Veu del Consumidor
Alberto Pizarro, barman: «El consumo de alcohol cae un 60% y se retrasa la edad de ir al bar»

El consumo de alcohol en España se ha desplomado casi un 60% entre los jóvenes en menos de dos décadas. Sí, lo has leído bien. Los datos del Ministerio de Sanidad son una señal clara de que nuestra forma de socializar está en plena revolución, y no podemos cerrar los ojos ante esta realidad que redefine nuestros hábitos y, sí, nuestro día a día. Pero atención, porque esto va más allá de una simple estadística, es un cambio profundo que Alberto Pizarro, uno de los barmans más reconocidos, nos descifra con una claridad que sorprende.

¿Quién hubiera dicho que los cubatas tradicionales se convertirían en un recuerdo lejano para las nuevas generaciones? La caída es brutal: si en 2006 un 43,8% de los jóvenes entre 15 y 24 años consumía alcohol habitualmente, en 2023 la cifra se redujo drásticamente hasta el 17,9%. Esto es una pérdida de casi dos tercios del consumo habitual en esta franja de edad, un auténtico terremoto que sienten los bares y discotecas de nuestro país.

Pero esta tendencia no es exclusiva de los más jóvenes. En el conjunto de la población, el consumo semanal también ha caído en picado, pasando de un 48,4% a un 31,1% en el mismo período. Es un panorama que las ventas de bebidas alcohólicas confirman año tras año, tanto en supermercados como en el sector de la hostelería. Ante estos datos, la pregunta es obligada: ¿Qué está pasando realmente con nuestros bares y nuestra forma de entender el ocio?

El dinero y los nuevos hábitos, detrás de la caída

Alberto Pizarro, el alma de ‘Bobby Gin’ en Barcelona, una coctelería de referencia, pone el dedo en la llaga. La caída del consumo de alcohol no es un hecho aislado, sino parte de una disminución general del consumo de ocio. Nuestro presupuesto familiar, nuestro «bolsillo» como decimos nosotros, tiene cada vez menos margen para salidas y caprichos, y esto afecta directamente la frecuencia con que vamos al bar. (Una verdad incómoda, ¿verdad?).

Pero la cuestión no es solo económica. Hay un cambio profundo en las prioridades y los hábitos. Las nuevas generaciones están retrasando la edad de ir al bar y buscando alternativas. No se trata de que los locales estén llenos de gente que toma bebidas sin alcohol, sino que hay menos gente que va al bar en general. La industria, por tanto, debe adaptarse, como bien señala Pizarro, a estos nuevos modelos de ocio que tal vez no siempre pasan por las cuatro paredes de un establecimiento tradicional.

Uno de los fenómenos que explica este cambio es el «tardeo». Antes, la noche era la reina, pero ahora las socializaciones más tranquilas y conversacionales del atardecer ganan terreno. La música más calmada y la posibilidad de tener una actividad al día siguiente sin tener que sufrir las consecuencias de una noche de exceso, son elementos clave. No es solo un cambio de horario, sino un reflejo de una nueva mentalidad de consumo sosegado y funcional. (Un verdadero truco para disfrutar sin remordimientos).

Mi consejo es que la moderación es siempre lo primero. Y para minimizar la resaca, hay un truco definitivo: beber agua. Mucha agua.

La presión social de pedir alcohol también se desvanece. Si antes pedir algo sin alcohol era un tabú, ahora es una opción cada vez más valorada y de moda. No se trata de que el gin-tonic clásico o el whisky de malta dejen de ser populares, sino que las bebidas que cumplen una función –como la hidratación o los aportes nutricionales– ganan un espacio vital. Pensar en infusiones o tés como parte de la coctelería sin alcohol, por ejemplo, es una innovación que responde a una demanda real.

Las grandes marcas han notado el movimiento y están lanzando versiones 0.0 de sus productos, intentando conectar con este nuevo público. Es una tendencia imparable, pero Pizarro alerta que la validación y el ajuste de estas nuevas categorías requieren tiempo. Las regulaciones en la comunicación con el cliente hacen que llegar al consumidor sea más difícil que antes. El mercado cambia, pero la paciencia y la inversión en comunicación son más imprescindibles que nunca.

El dilema del garrafón y el secreto para la resaca cero

En medio de estos cambios, un viejo fantasma del pasado resurge en la conversación: el garrafón. Pizarro es categórico: el garrafón, entendido como la sustitución de una marca por otra de peor calidad o, aún peor, por un producto tóxico, es un delito y es perseguido. Por suerte, su presencia es mucho menor de lo que la gente piensa. Lo que a menudo se confunde con garrafón es el uso de destilados de menor prestigio cobrados a precio de marca reconocida. Aquí no hay engaño directo de salud, pero sí una calidad inferior. (Cuidado, nuestro paladar lo nota).

La pregunta del millón para muchos es: ¿cómo podemos disfrutar de una copa sin sufrir una resaca terrible al día siguiente? La solución, según Pizarro, es clara y rotunda: moderación. La moderación es personal y se adapta a nuestras circunstancias, pero siempre debería evitarnos perjuicios físicos o económicos. Y el truco de oro para combinar con cualquier bebida alcohólica es siempre, y repito, siempre, el agua. Es nuestra mejor aliada para un consumo responsable. (Toma nota, es definitivo).

¿Y qué pasa con las temidas bebidas energéticas con alcohol, tan populares entre los jóvenes? El barman lo tiene claro: depende del contexto. Si pensamos en un trabajo de consultoría para una discoteca de Ibiza, puede ser la bebida más adecuada para el ambiente. Pero si hablamos de sabores exquisitos, la combinación no es la mejor. Volvemos a la moderación como mantra. Una bebida energética tiene su lugar en el mercado por la demanda de cafeína o energía extra, como el café, pero, como con la sal, un exceso puede ser peligroso. (El secreto es el equilibrio, como en todo en la vida).

El complejo mundo de los bares sin alcohol y nuestro futuro

¿Podrían triunfar en España los bares sin alcohol, como ya lo hacen en ciudades como Londres o Nueva York? Pizarro matiza. En España ya existen muchos locales sin alcohol, a menudo con licencias diferentes y más enfocados al café u otras mezclas. Pero su experiencia es diferente de la que entendemos como coctelería. El mundo del bar sin alcohol es mucho más complejo de lo que parece a simple vista.

No es solo sacar el alcohol de la carta. La decoración, el servicio, el horario, la música… todo debe responder a un nicho de necesidades diferentes. La socialización alrededor de un cóctel sin alcohol no es la misma que la de una copa de vino. Los consumidores de bebidas sin alcohol tienen motivaciones diversas: no beben alcohol nunca, solo los días laborables, por motivos médicos… Se necesita un análisis más profundo para entender su éxito. (Aquí reside la verdadera solución para la nueva hostelería).

El paisaje del consumo está cambiando a una velocidad de vértigo, y comprender estas tendencias es imprescindible para cualquiera que quiera anticiparse al futuro. Lo que parecía una anécdota hace unos años, hoy es una realidad contundente que modela nuestra sociedad y nuestro ocio. La manera en que nos relacionamos con el alcohol y con los espacios sociales ya no es la misma. ¿Cuál será la próxima gran transformación en nuestra manera de desconectar?

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