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La caída del precio del petróleo golpea a Neom: el problema inesperado de Arabia Saudita

Imagina una ciudad que desafía las leyes de la física, una utopía de espejos gigantes en pleno desierto. Arabia Saudita soñó con Neom, un proyecto faraónico de miles de millones de dólares.

Esta visión, que debía redefinir el futuro urbano global, ahora se tambalea con fuerza. Un problema inesperado y silenciosamente letal amenaza con borrar su ambición más grande. Hablamos de dinero, de poder y de la dura realidad global.

La gran amenaza inesperada

No es una nueva guerra. Tampoco una caída repentina de los mercados tecnológicos. La razón por la que uno de los países más ricos del mundo debe recortar drásticamente sus aspiraciones es mucho más fundamental.

Es la ironía del destino, un giro inesperado. Su propio salvavidas económico se ha convertido en una carga imprevista. Y esta crisis silenciosa nos impacta a todos, directa o indirectamente. (Sí, nosotros también alucinamos con su dureza).

El culpable es el precio del petróleo. Aquella fuente inagotable de riqueza ahora es un lastre que pone en peligro el futuro de una nación entera. De superar los 100 dólares el barril en 2022, apenas ahora llega a los 70 dólares en marzo de 2025.

Esta caída es un golpe brutal al corazón financiero de Arabia Saudita. Su impacto es definitivo sobre proyectos que parecían intocables. La realidad se ha impuesto a la fantasía de Neom.

Un déficit que lo cambia todo

La Visión 2030 de Arabia Saudita tenía un objetivo clarísimo. Querían dejar atrás su dependencia histórica del crudo, diversificar la economía y construir un futuro sostenible. Pero el mercado global ha tenido otros planes.

Ni los esfuerzos intensos de la OPEP+ para aumentar la producción han conseguido revertir la tendencia a largo plazo. La geopolítica, el auge imparable de las energías renovables e incluso bloqueos como el del estrecho de Ormuz han contribuido a su fragilidad.

El precio del barril se ha mantenido obstinadamente estable entre los 70 y los 90 dólares. Una cifra que es insuficiente para sus proyectos. A pesar de algunos altibajos, la recuperación esperada ha sido lenta y, finalmente, ineficaz. Este es un error de cálculo que ahora pasa factura.

Esta caída de ingresos tiene un impacto directo y brutal en el presupuesto del país. Se estima un recorte del gasto de más del 3,7% anual para 2025. Una cifra que nos recuerda la magnitud real del problema financiero.

Las autoridades sauditas habían proyectado ingresos mucho más altos para financiar sus planes ambiciosos. ¿El resultado? Un déficit significativo de 27.000 millones de dólares en las cuentas públicas, que aumenta con cada barril vendido.

Para entender la magnitud, el gobierno había presupuestado un gasto de 342.000 millones de dólares para 2025. Esperaba recuperar unos 315.000 millones solo de ingresos petroleros. Lo que ha pasado es que no se ha llegado ni de lejos a esta cifra.

Lo que nadie esperaba es que la misma fuente de la riqueza acabara siendo la gran amenaza. Esto es un problema mayúsculo para cualquier proyecto.

Monica Malik, economista en jefe del Abu Dhabi Commercial Bank, ya lo advertía claramente en el Financial Times. Una caída más «pronunciada y sostenida del precio del petróleo» requeriría «una reducción más profunda del gasto gubernamental».

También anticipaba «un ajuste y recalibración adicionales en los planes de inversión fuera de presupuesto». Estas palabras no son vacías. Implican una revisión total de las expectativas. Nuestro mundo está cambiando más rápido de lo que pensamos.

Es un claro aviso. Incluso los planes más ambiciosos pueden ser desmantelados por fuerzas económicas invisibles. La era de la bonanza sin freno se ha acabado para Neom. (Y los grandes proyectos también lo notan).

Recortes y nuevos compromisos

No es la primera vez que Neom ve cómo sus ambiciones se modifican drásticamente. Ya hace un año, las expectativas de construir un edificio de 170 km de largo, conocido como The Line, se redujeron a solo 2,7 km para 2030.

En aquella ocasión, también se canceló la construcción de una planta desalinizadora que debía garantizar el agua potable de la nueva ciudad. Aquellos primeros cortes venían del mal rendimiento financiero del Fondo Público de Inversión saudita, según el Wall Street Journal, y por ciertas «maniobras de contabilidad creativa».

Ahora, la situación es mucho más crítica y generalizada. Con un montón de obras a medio construir y unos ingresos comprometidos por la caída del petróleo, el gobierno saudita tiene una única vía: atraer la máxima cantidad de inversiones externas posibles. Es una verdadera huida hacia adelante.

De esta necesidad desesperada surgen los compromisos para convertir a Arabia Saudita en sede de grandes eventos. Hablamos de los Juegos Asiáticos de Invierno en 2029 (ahora pospuestos sin fecha), la Expo 2030 en Riad y la Copa Mundial de fútbol en 2034. Estas son decisiones de riesgo.

Estos nuevos grandes compromisos, paradójicamente, forzarán aún más recortes en los proyectos turísticos más emblemáticos de Neom. Los recursos ahora se desviarán de la ciudad del futuro hacia la construcción de los estadios e infraestructuras futuristas necesarias para el Mundial.

La solución a un problema de liquidez acaba creando un nuevo problema de prioridades. Los grandes edificios futuristas deberán esperar, o directamente cambiar su propósito original. Los equipamientos ya construidos se reorientarán a otros usos. Es la dura realidad de una economía global.

El futuro incierto de Neom

El tiempo se agota para Neom tal como lo conocíamos. La visión original, aquella utopía del desierto que nos fascinaba a todos, se desvanece ante nuestros ojos. Los recursos que sostenían el sueño ahora se desvían por una nueva prioridad ineludible.

Estamos observando una recalibración masiva de la visión de todo un país. Las prioridades han cambiado radicalmente y con una urgencia que no admite dudas. El futuro de Neom depende ahora de factores que Arabia Saudita ya no puede controlar directamente.

Esta es una lección imprescindible sobre la volátil economía global. Los sueños más grandes, los proyectos más faraónicos, son vulnerables a las fuerzas del mercado. Hoy, la realidad ha golpeado con una fuerza implacable. Los planes deben cambiar.

Has descubierto el secreto detrás de la frenada de uno de los proyectos más ambiciosos de la historia. Ahora entiendes la verdadera fuerza que mueve (o detiene) nuestro mundo. ¿Qué significará esto para otras megaconstrucciones en el horizonte global?

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