Amb curiositat
Musk rompe los límites con su nueva apuesta espacial que desafía la física y sacude Wall Street

Elon Musk nos tiene acostumbrados a retos que parecen sacados de la ciencia ficción. Pero su última obsesión espacial, la que ahora mismo está sacudiendo los cimientos de Wall Street, va mucho más allá de lo que podemos imaginar.

No estamos hablando de un simple avance, sino de una apuesta que desafía la física conocida y, al mismo tiempo, promete reescribir las reglas de la economía digital tal como la conocemos.

Esta vez, Musk no se limita a lanzar cohetes o a soñar con colonias marcianas. Su nuevo objetivo es llevar los centros de datos directamente al espacio. Sí, lo has leído bien, una infraestructura masiva en órbita.

¿Por qué esto es tan trascendental? Porque podría catapultar la inteligencia artificial a una nueva era de rendimiento inigualable, dejando atrás los sistemas terrestres.

La revelación es contundente. El proyecto se llama Starmind, una iniciativa de SpaceX con una inversión proyectada de un billón de dólares. Su propósito es nada menos que lanzar millones de satélites equipados con chips de IA a la órbita terrestre.

SpaceX, que salió a bolsa el pasado junio, ya ha comenzado a convencer a los inversores. La compañía planea iniciar los lanzamientos de estos centros de datos orbitales el año próximo. Su imponente cohete Starship, de 124 metros de altura, es la pieza central de este plan maestro.

Estos satélites no solo serán propulsados por energía solar. Estarán equipados con potentes chips de IA. La idea es crear un mercado totalmente nuevo de centros de datos en el espacio. El beneficio estrella es claro: dominar un sector clave de la creciente economía de la inteligencia artificial.

Elon Musk fue tajante con los inversores este mismo mes: «Esto no es algo lejano ni del futuro». De hecho, ha publicado en X (antes Twitter) que los primeros satélites con IA, equipados con chips de Nvidia, se lanzarán el cuarto trimestre de 2027. Tienen planes para una «cantidad significativa» en 2028.

Esta apuesta de Elon Musk no solo revoluciona la carrera espacial. Está sacudiendo Wall Street y plantea una competencia feroz con los centros de datos terrestres. Es una auténtica carrera contra el tiempo y la capacidad tecnológica.

El gran secreto: La arquitectura del problema que Musk debe resolver

Los documentos de la empresa, los informes técnicos y las entrevistas con ingenieros aeroespaciales revelan tres problemas interconectados que SpaceX debe resolver. Sin éxito en estos frentes, la ambición colosal de Starmind podría quedar en papel mojado.

La frecuencia de lanzamientos: Un reto sin precedentes

El primer obstáculo es la capacidad de lanzar cohetes de manera económica y con una frecuencia inaudita. Christopher Smith, ingeniero aeroespacial de la Universidad de California en Berkeley, lo explica con claridad.

Para mantener una constelación de un millón de satélites, la empresa necesitaría lanzar más de nueve cohetes Starship al día. Esto supone que los chips deberían reemplazarse cada cinco años y cada cohete transportaría unos 60 satélites.

El Starship, diseñado para transportar muchos más satélites que los vehículos anteriores, aún no ha demostrado su plena reutilización. Ha fallado en varios vuelos de prueba. Hasta ahora, solo ocho lanzamientos han sido exitosos, mientras que el Falcon 9, el cohete más prolífico de SpaceX, realizó 165 lanzamientos el año pasado, uno cada dos días.

SpaceX ha declarado en su folleto de salida a bolsa que podría «alcanzar miles de lanzamientos de Starship al año». Pero no han especificado cuándo lograrían esta cifra. El tiempo corre.

Refrigeración en el espacio: El paradójico vacío helado

El segundo gran reto es mantener refrigerados los centros de datos en órbita. El espacio es extremadamente frío, alrededor de los -27 °C. Pero es un vacío casi perfecto, y eso significa que no hay partículas para conducir o convectar el calor.

SpaceX ha publicado una maqueta de los satélites. Indican que utilizarán radiadores desplegables con una superficie total de 160 metros cuadrados. Esto equivale a la superficie de dos campos de bádminton. (Sí, nosotros también alucinamos con las dimensiones.)

La magnitud de la potencia generada por cada centro de datos de IA, hasta 250 kilovatios, requiere una configuración robusta. Planean utilizar bombas y un circuito de refrigeración líquida para transportar el calor hacia los radiadores, similar al sistema de la Estación Espacial Internacional.

McKenzie Sandberg, ingeniera térmica que trabajó para SpaceX, asegura que «lo que se propone es una versión con un rendimiento muchísimo mayor, pero es factible». La concentración de los chips en una unidad central tiene un propósito: proteger los componentes de la radiación cósmica. La radiación puede causar daños significativos, desde confusión de datos hasta fallos informáticos.

Reemplazo y residuos: El legado tóxico de la ambición

El tercer problema crucial es el reemplazo periódico de los satélites. Tanto para mantenerse al día con los avances tecnológicos terrestres como para retirar aquellos que fallan.

Hasta ahora, en su programa Starlink, SpaceX ha reemplazado satélites después de unos cinco años. Los desorbita para que se desintegren en la atmósfera. Pero crece la preocupación de que la incineración contamine el medio ambiente con metales, cuyos efectos aún no se entienden del todo.

Jonathan McDowell, experto en lanzamientos de satélites, advierte: «Surgen grandes interrogantes sobre el impacto en la atmósfera de los programas de lanzamiento actuales de SpaceX». También alerta sobre el creciente riesgo de la basura espacial, ya que los paneles solares de los centros de datos orbitales son como «un colector de basura de 700 metros cuadrados».

El futuro que depende de millones de satélites

Incluso si todos estos problemas de ingeniería se resuelven, SpaceX aún debe demostrar que la rentabilidad es viable en comparación con los centros de datos terrestres. George Lordos, del MIT, subraya que el éxito del plan depende de su viabilidad económica.

Históricamente, SpaceX ha conseguido reducir costos controlando su cadena de suministro. Ahora quiere hacer lo mismo con Starship y los centros de datos orbitales. Han comenzado la construcción de un gasoducto de ocho millas hasta su plataforma de lanzamiento en Texas para agilizar el transporte de combustible.

El Starship utiliza unos 3,4 millones de litros de metano líquido por lanzamiento. Esto equivale a más de una piscina olímpica de combustible por cada salida. Actualmente, se transporta en camiones. La nueva infraestructura podría ser una solución crucial.

SpaceX también trabaja en la «Fábrica de Gigasats», una nueva instalación en Texas para producir «miles de satélites con IA a partir de finales de 2027». Colaboran con Tesla e Intel en una planta de fabricación de chips de 17.000 millones de dólares, también en Texas.

A pesar de todo, el folleto de salida a bolsa de la empresa deja claro que dependen de «nuestra capacidad de acceder a un número suficiente de chips de IA, significativamente mayor que el que tenemos disponible actualmente». Por ahora, continuarán adquiriendo una parte importante de su material de proveedores externos.

Algunos expertos cuestionan si instalar centros de datos en órbita es la mejor manera de aumentar la capacidad informática. Christopher Smith, ingeniero aeroespacial, lo resume así:

Parece una locura. El reto logístico de poner millones o cientos de miles de grandes naves espaciales en órbita a un costo comparable al del mismo proyecto en tierra parece inmenso. Pero sería una insensatez descartar el plan por completo. Elon ya ha roto estas convenciones antes.

Elon Musk ya nos ha demostrado que lo que hoy parece imposible, mañana puede ser una realidad. Hemos desgranado los retos más grandes de un plan que podría definir la próxima década de la IA y el espacio.

Ahora que ya tienes la información clave, ¿te atreves a pronosticar si Musk volverá a cambiar las reglas del juego?

Comparteix

Icona de pantalla completa