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Luis Vallbona, veterinario: «Dejar que los perros olfateen no es un capricho, es una necesidad propia de la especie»

Todos pensamos lo mismo. Tomamos la correa, abrimos la puerta y, por fin, nuestro perro se desconecta del encierro en casa. Creemos que cuanto más tiempo corra o más parque pise, mejor será su estado de ánimo al regresar.

Pero hemos estado viviendo en una mentira. Un reciente análisis del veterinario Luis Vallbona ha puesto sobre la mesa una verdad dolorosa: muchos de nuestros perros vuelven a casa con un nivel de estrés superior al que tenían antes de salir.

El mito de los kilómetros infinitos

Existe la creencia generalizada de que un perro «cansado» es un perro feliz. Este es nuestro primer gran error de cálculo. No se trata de la cantidad de ejercicio físico, sino de la calidad de la estimulación durante el recorrido.

Cuando obligamos a nuestra mascota a seguir un ritmo que no es el suyo, o cuando la exponemos a entornos cargados de estímulos negativos sin descanso, lo que hacemos es sobreexcitar su sistema nervioso.

Vallbona es tajante respecto a esto: el paseo debería ser un momento de alivio, no un maratón de tensión acumulada. (Sí, nosotros también hemos pecado de querer que se «cansaran» rápido para que durmieran la siesta).

El estrés acumulado durante un paseo mal gestionado no desaparece al entrar a casa; se transforma en conductas destructivas, jadeo excesivo o incapacidad para descansar.

El olfato, la clave perdida

¿Qué es lo que realmente necesita tu perro allá afuera? La respuesta está en su nariz. Muchos propietarios arrastran a sus compañeros de un punto a otro, impidiéndoles olfatear, que es, en realidad, su principal herramienta para entender y gestionar su entorno.

Un paseo donde el perro no puede detenerse a explorar es un paseo inútil. Es como si nos llevaran a un museo pero nos obligaran a correr por los pasillos sin mirar ni un solo cuadro. La frustración es inevitable.

La clave no es caminar diez kilómetros, sino permitir que el animal marque el ritmo durante ciertos tramos. Es él quien debe decidir qué le interesa olfatear y cuánto tiempo quiere dedicarle a cada rincón.

La trampa de los entornos hostiles

No todos los parques son iguales. A veces, llevamos a nuestros perros a zonas donde el exceso de ruido, otros perros agresivos o el tráfico constante los mantienen en un estado de alerta permanente.

Esta hipervigilancia es la causa directa de que lleguen a casa «electrizados». Si el entorno no es seguro, el perro no puede relajarse, y si no puede relajarse, no hay beneficio terapéutico en el paseo.

El experto sugiere que, si notas que tu perro vuelve tenso, cambies radicalmente de zona. Busca lugares más tranquilos, menos concurridos y donde pueda sentirse en control de la situación, al menos por un rato.

¿Cómo saber si el paseo ha sido un éxito?

El indicador es sencillo, casi infalible. Un perro que ha disfrutado de un paseo de calidad vuelve a casa, bebe agua, come un poco y, en cuestión de minutos, busca un lugar cómodo para dormir profundamente.

Si, por el contrario, regresa jadeando, incapaz de tumbarse o mostrando una energía nerviosa que no se apaga, algo ha fallado en la ecuación. Es momento de revisar la duración, el entorno y, sobre todo, nuestra propia actitud al tomar la correa.

Si el paseo se convierte en una lucha de voluntades entre tú y tu perro, no estás paseando; estás ejerciendo una presión innecesaria sobre un animal que solo busca calma.

La lección de Vallbona es un toque de atención necesario para todos los que amamos a nuestras mascotas. A veces, menos es más. Un paseo de quince minutos donde el perro pueda explorar a su aire vale mucho más que una hora de caminata obligada bajo estrés.

¿Te habías dado cuenta de que, quizás, estabas agotando a tu perro en lugar de relajarlo? La próxima vez que salgas, intenta aflojar un poco la correa y deja que sea él quien dicte el camino. Tu mascota te lo agradecerá profundamente.

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