La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) ha decidido este domingo mantener inalterada su producción petrolera, en la misma tendencia que ha marcado su actividad en los últimos meses. Lo ha hecho, sin embargo, a pesar de la crisis en Venezuela, en pleno cambio radical de la correlación de fuerzas con el ataque de Estados Unidos y la detención y encarcelamiento del presidente Nicolás Maduro. Los miembros de la organización, según ha adelantado la agencia estadounidense Bloomberg y ha ratificado Reuters, consideran que el mercado tiene, por ahora, un exceso de crudo en sus manos, como constata la caída sostenida del precio de los barriles Brent y West Texas acumulada durante el 2025, de un más que reseñable 18%, la más acentuada desde la pandemia.
De esta manera, los países más relevantes de la cadena de valor petrolera, como Arabia Saudita o Rusia, mantendrán su ritmo de producción intacto durante todo el primer trimestre del 2026. Lo han hecho a pesar del impacto que supone la transición política en Venezuela, esperando que los efectos sobre la capacidad productiva del país no sean especialmente perniciosos para el conjunto del sector, en tanto que sus infraestructuras han permanecido intactas. Aun así, las fuentes consultadas por las dos agencias advierten que el desarrollo de los hechos en el país caribeño en los próximos tres meses marcará la decisión que se tome entonces.

Venezuela produce menos de lo que podría
Para los principales exportadores, Venezuela es una pequeña gota dentro del conjunto de la industria petrolera global. Aunque el país ostenta las reservas de crudo más grandes del planeta, con el equivalente a unos 303.000 millones de barriles, solo logra extraer y vender al exterior una cantidad equivalente a entre un 1 y un 3% de la demanda global. En su máximo reciente, el verano de 2023, la República Bolivariana aportaba al mercado poco más de 783.000 barriles diarios, apenas un 2,9% de todas las compras. Ahora, la capacidad productiva se ha reducido a un tercio, por el mal estado de las infraestructuras y la cuestionable gestión de las autoridades nacionales al respecto. En valor generado es, de hecho, el cuarto país de la OPEP por la cola, con unos 13.000 millones de euros anuales. Se encuentra a años luz de Arabia Saudita (248.000 millones) o Irak (102.000 millones); y supera solo a los exportadores más pequeños, como el Congo o Guinea Ecuatorial.

