El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, continúa estirando los límites del poder ejecutivo en el país. El mandatario ha anunciado esta pasada madrugada el despido «inmediato» de la gobernadora de la Reserva Federal, Lisa D. Cook. Con este movimiento, Trump abre fuego en la guerra fría que mantenía desde el inicio del mandato con el presidente de la institución, Jerome Powell.
Cook, la primera mujer negra en el cargo y nombrada por la administración Biden, estaba en el centro de la polémica por una acusación de fraude hipotecario. Había sido acusada de dar «información falsa» en la documentación para solicitar un préstamo inmobiliario: supuestamente, había indicado en dos instancias diferentes, una en Michigan y una en Georgia, que la casa que quería adquirir sería su residencia principal. La acusación, con poco fundamento legal según los analistas locales, le ha llegado de un aliado de Trump, el director de la agencia federal de financiación de la vivienda, el ultraderechista Bill Pulte. El mismo Pulte, cabe decir, ya había utilizado este mismo método para atacar sin éxito a la fiscal general de Nueva York, Letitia James, y al senador demócrata por California Adam Schiff, en ambos casos sin éxito. Los precedentes del conservador, unidos a la ausencia de denuncias oficiales contra Cook, provocan que la oposición considere este un caso de lawfare.
Trump ha utilizado esta acusación para justificar el despido, dado que el precedente legal establecido por el Tribunal Supremo no permite que el presidente despida a discreción a dirigentes de las diversas agencias federales -un obstáculo que ha bloqueado, hasta ahora, que desplace al mismo Powell, con quien mantiene una larga batalla por los tipos de interés-. En su carta a Cook, que también ha lanzado en las redes sociales, considera que la acusación de fraude hipotecario es suficiente para motivar su salida de la Fed. En un comunicado en respuesta, la gobernadora asegura que Trump «no tiene autoridad» para ejecutar su mandato, y asegura que no dimitirá: «continuaré llevando a cabo mis tareas para ayudar a la economía americana, como lo hago desde 2022», ha remarcado. Para ello, ha contratado al abogado Abbe Lowell, una figura muy conocida en Washington, famoso por haber defendido a clientes de alto perfil, como el hijo de Joe Biden, Hunter Biden, o el yerno de Trump y exasesor de la Casa Blanca, Jared Kushner.

Tiemblan la «independencia» del Banco Central
El mercado ha recibido con pánico el anuncio de la intervención de Trump, que no tiene precedente histórico en la jerarquía institucional de los Estados Unidos. En las primeras horas después del anuncio, el dólar ha perdido siete puntos básicos de valor, mientras que los inversores han comenzado a vender los bonos de la deuda estadounidense, provocando un aumento del precio en cuatro puntos básicos.
El mundo financiero sufre especialmente por la amenaza que el entrismo del presidente supone para la «independencia» de la Fed. La guerra con Powell, de hecho, se mueve en el mismo eje: la Casa Blanca quiere tipos de interés bajos, para incentivar el crédito y mejorar la mala percepción que el público tiene de su inquilino; mientras que el gobierno de la Reserva no ve motivos técnicos para rebajar el precio del dinero. De esta manera, los inversores temen que las decisiones políticas de Trump se impongan por encima de los criterios económicos. La respuesta del capital se conocerá a las dos y media de la tarde -las 9.30, hora de la Costa Este-, cuando la bolsa de Nueva York abra sus puertas.