El Banco Central Europeo sigue el camino de la Reserva Federal y conserva sus posiciones monetarias ante la guerra en Oriente Medio. El regulador europeo ha anunciado este jueves que mantiene los tipos de interés intactos por sexta reunión consecutiva. Lo hace a pesar de las escaladas de precios de las últimas semanas provocadas por el aumento incesante del precio del petróleo, que se ha agravado en las últimas horas por los ataques cruzados entre EE.UU. e Irán a las infraestructuras de extracción y refino de crudo y gas natural en la región. En un comunicado emitido tras el encuentro de los gobernadores, el BCE alerta que el conflicto «tendrá implicaciones materiales a corto plazo» sobre la cesta de precios; aunque asegura que los países de la eurozona se encuentran en «una buena posición» para afrontar una espiral inflacionista. «El IPC se ha mantenido alrededor del objetivo del 2%, la inflación a largo plazo está bien anclada, y la economía ha mostrado resiliencia en los últimos trimestres», argumentan; lo que permite mantener la precaución y guardar la carta de las subidas de tipos, cada vez más presente en el debate económico europeo, para entornos de precios más áridos.
En cuanto a reuniones futuras, el consejo de gobierno da cuenta del empoderamiento de los halcones -los banqueros centrales nacionales más conservadores, partidarios de enfrentar los precios altos con una política monetaria muy estricta- en su seno. A diferencia de la actitud regular del organismo que preside Christine Lagarde, deliberadamente fría y neutral para evitar cualquier incidencia en los mercados financieros, el BCE reconoce que tendrá que hacer movimientos si la tendencia de precios se mantiene durante los próximos meses. «La información del próximo periodo de análisis -el mes y medio que viene- ayudará al consejo de gobierno a analizar cómo la guerra afecta la inflación y qué riesgos la rodean», exponen los gobernadores.

Aunque mantienen su «aproximación fundamentada en datos», sí que vislumbran un peligro más que serio en caso de que el conflicto se alargue: con una guerra que dure semanas, si no meses, «la inflación estará muy por encima de las previsiones, y el crecimiento, por debajo». Además, estos agravios pueden volverse estructurales si generan «efectos indirectos o de segunda ronda» que hagan que el choque de oferta sea «más fuerte y más persistente».
Más inflación en 2026
A corto plazo, el Banco Central Europeo ya se ha visto obligado a revisar al alza los objetivos de inflación para 2026. Si al cierre del curso pasado los gobernadores ya veían este año cómodamente dentro de su margen de comodidad, con un IPC medio estimado del 1,9%; en esta reunión han tenido que disparar los cálculos hasta el 2,6%. Por culpa de la guerra, pues, no será hasta 2027 que la cesta de precios en los países de la moneda única se mantenga estable por debajo del 2% que marca el objetivo prioritario del regulador. También han tenido que recortar las expectativas de crecimiento económico, en este caso de forma más moderada: en 2026, Europa se expandirá un 0,9%, tres décimas menos que en el informe del pasado mes de diciembre (1,2%); mientras que en 2027, el crecimiento será una décima más lento que lo que se esperaba (1,3% contra 1,4% en el anterior encuentro general).



