La obsesión hemisferista del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que busca romper el orden internacional a favor de la red de billonarios que lo rodean, ha forzado a la Unión Europea -y con ella, a Cataluña- a mirar más allá de sus vías comerciales tradicionales para sobrevivir. Ya con el inicio de la guerra comercial, en abril del año pasado, las principales entidades empresariales del Principado preveían que sería necesaria una diversificación de mercados; desinvertir en unos EE.UU. que ya son testimoniales para los negocios catalanes y dar saltos exportadores por todo el mundo. Este martes, Bruselas ha abierto una nueva vía, aún pequeña en términos del comercio exterior catalán, pero que se encuentra entre los mercados con más potencial en los últimos análisis de la agencia para la competitividad de la empresa de la Generalitat, Acción: India. La Unión Europea ha escenificado con el gobierno de Narendra Modi la firma de un tratado comercial que llevaba 20 años negociando, y que elimina o reduce un gran número de barreras comerciales del tercer entorno de consumo del planeta, con unos 300 millones de compradores potenciales, según los organismos internacionales. En el caso catalán, las transacciones con empresas indias generan un negocio que a ambos lados suma unos 3.000 millones de euros, con poco menos de 625 millones en exportaciones y más de 2.200 en importaciones -una balanza comercial muy desequilibrada a favor de los asiáticos-. «Es la madre de todos los acuerdos comerciales», ha celebrado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
La lista de las exportaciones catalanas al país incluye algunos de los productos industriales de más valor añadido que genera el sistema productivo del país. El principal subsector exterior hacia India, con cerca del 14% de las ventas, es el de la maquinaria industrial. Se trata de un mercado que alcanzó los 85 millones de euros en el año 2024, a pesar de una carga arancelaria importante, con impuestos de más del 44%. Estas tasas, sin embargo, se reducirán gradualmente hasta desaparecer por completo, lo que facilitará sustancialmente las relaciones entre las empresas del ámbito. En el 2025, según los últimos datos del Idescat, se mantuvo un buen ritmo de operaciones, si bien era de esperar una ligera desaceleración interanual: hasta noviembre, el último mes con registros completos, la industria catalana de bienes de equipamiento facturó a India unos 60 millones de euros, un ritmo que dejaría el curso alrededor de los 70 millones. Se puede esperar que, a partir de la aplicación del tratado, esta cifra acelere.
Vale decir que también hay cierta actividad en cuanto a la maquinaria de consumo: los productos agrupados en este ámbito generaron una facturación de unos 25 millones de euros en 2024 y, hasta noviembre, ya habían superado esta marca, con unos 28 millones en los primeros 11 meses de 2025. Cataluña iba, de hecho, camino de un máximo histórico con India en este tipo de aparatos y material, que alcanzó el pico en el año 2022 con cerca de 31 millones de euros vendidos.

La química y el plástico, dos insignias catalanas
Junto a la maquinaria industrial, el segundo clasificado entre los exportadores catalanes hacia India es la química, el gran sector exterior del Principado. En 2024, el último año con un cálculo completo, el Ministerio de Economía registró más de 30.000 millones de euros en facturación exterior para la química catalana. El negocio con los compradores indios, centrado mayoritariamente en la química orgánica, supone un porcentaje ínfimo de esta estructura empresarial, si bien la cifra no es nada despreciable: un 13,1 del total de las exportaciones, poco por encima de los 89 millones de euros hace 12 meses. Como en el caso de los bienes de equipamiento, el 2025 apuntaba hacia un retroceso interanual: la base de datos del Idescat mostraba una desaceleración hasta noviembre que había dejado el valor vendido en unos 72 millones de euros; y las proyecciones dejan el monto para todo el curso en unos 80 millones. Sería, al menos, el segundo año histórico con un volumen de negocio más elevado para la química catalana en India, por encima de 2023 (79 millones de euros). Cabe decir que las exigencias arancelarias para viajar al mercado asiático eran mucho más moderadas, de un 22%. Esta barrera desaparecerá también una vez entre en vigor el tratado.
El podio catalán en India lo completan los derivados del plástico, con un pico de facturación cercano a los 77 millones de euros, alcanzado en 2024. Se trata de poco más del 12% del conjunto de la actividad exportadora hacia el país, también bajo el yugo de una tasa comercial del 22%, que será eliminada completamente una vez el acuerdo internacional esté en marcha. La desaceleración este año, en plena guerra comercial, ha sido aún más acusada, con un retroceso cercano a los 20 millones de euros en 12 meses debido a la mala atmósfera que ha generado la Casa Blanca. A pesar de ello, ambas administraciones esperan solucionar los problemas que está generando Washington con «una nueva relación fructífera», en palabras de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Importaciones: volúmenes incomparables
No serán, sin embargo, los exportadores catalanes los que se ahorren la muralla arancelaria con más frecuencia. La balanza comercial de Cataluña con India está a favor del país asiático por un factor cercano a cuatro -es decir, las importaciones catalanas desde el país asiático multiplican por cuatro las ventas que se efectúan-. Y el sector, con cierta diferencia, más activo será la química. En 2022, el máximo histórico en las compras de productos químicos orgánicos a empresas indias, el Idescat registra un volumen de cerca de 584 millones de euros. En 2024 se notó una reducción importante, hasta los 450 millones; si bien este sector continúa generando uno de cada cinco euros en compras desde el Principado. El segundo capítulo importador no ha podido añadirse, sin embargo, a la celebración: según datos recogidos por la Agencia Catalana de Noticias, los combustibles agrupan el 19,8% de las compras catalanas a India, que sobre los 2.200 millones adquiridos el curso pasado, ascenderían a cerca de 444 millones de euros. La energía, sin embargo, ha quedado fuera de las conversaciones, en tanto que los oficiales europeos han tenido que hacer concesiones en algunas de las trincheras que el gobierno de Modi no estaba dispuesto a abandonar.


