El mundo empresarial catalán se ha puesto en alerta por los estragos que está causando en el mercado petrolero la guerra en Irán. Las oscilaciones del precio del crudo en los últimos días, que han vuelto a llevar el barril Brent por encima de los 100 euros en algunos momentos de este jueves, amenazan la estabilidad de precios en el país, ya débil en los últimos meses. La patronal de las pequeñas y medianas empresas del Principado, Pimec, ha puesto sobre la mesa una reducción temporal de los impuestos a los carburantes profesionales -los que consumen las empresas y autónomos para llevar a cabo su actividad económica- para «contener el aumento de la inflación» que podría derivarse de la crisis energética. Según la organización, la presión en los hidrocarburos podría «trasladarse al resto de la economía» si no se toman «medidas de amortiguación» de estos aumentos.
Más vehementes han sido las demandas de algunas organizaciones sectoriales del país: el presidente de la Unión Patronal Metalúrgica, Jaume Roura, ha alertado que la mala situación energética ya está «frenando inversiones» en Cataluña por «el incremento de costos y la inseguridad total» que ya se nota en el territorio. En este sentido, el líder empresarial de la industria del metal ha planteado suprimir el IVA a los carburantes -no solo a los profesionales, sino al conjunto de los consumidores- con celeridad. A su parecer, se necesita una «reacción inmediata» por parte de las administraciones para evitar que el Principado pierda más oportunidades económicas.

También apuesta por rebajas fiscales Unió de Pagesos. La organización más grande del campo catalán asegura que, en las últimas semanas, el gasóleo agrario ha experimentado un encarecimiento superior al 8%. Hasta ahora, denuncian que el litro de diésel agrario está a 1,22 euros el litro, 11 céntimos por encima del punto más alto de 2025, registrado durante el mes de junio. Además, alertan que las rupturas en la cadena de suministro global podrían provocar aumentos también en otras «partidas» esenciales para el sector primario, como los fertilizantes; o incluso en la factura de la luz, uno de los gastos que más pesa sobre el bolsillo del mundo agrario catalán. En este sentido, reclaman al gobierno español una «rebaja de los impuestos aplicados al gasóleo agrario», armonizándolo con los vecinos europeos con un tipo de IVA reducido, entre otras cuestiones. Además, instan a «garantizar el cumplimiento de la Ley de la Cadena Alimentaria» para asegurar que las cadenas de gran distribución «compensen adecuadamente» a los productores por los incrementos de costos acumulados.
Sin repercutir ganancias
Al igual que los agricultores, la industria y la logística catalana se encuentran en una situación límite: según Pimec, las empresas más intensivas en el uso de la energía están «asumiendo incrementos de costos que no pueden repercutir a los clientes ni financiar». En este sentido, piden una revisión a la baja de la carga fiscal sobre las partidas afectadas. Además, denuncian que la indexación de los contratos industriales al precio de los hidrocarburos -unas cláusulas que elevan la retribución a las empresas cuando la gasolina o el diésel suben más de un 5%- «no se están aplicando correctamente», lo que sitúa a los proveedores en una situación de desventaja. El agravio es especialmente grave, apuntan desde la organización que preside Antoni Cañete, en los contratos del sector público, que están excluidos de estas cláusulas porque la normativa institucional «no permite revisiones tan inmediatas».
Roura, por su parte, se ha mostrado pesimista con el avance natural del mercado. Por ahora, según ha establecido en declaraciones a la Agencia Catalana de Noticias, es la «incertidumbre» lo que hace temblar la industria. Ahora bien, «la repercusión vendrá en unos días» en forma de aumentos de precio, en unos mercados intermedios que aún están procesando el alcance de la tragedia. «Si se encarecen automáticamente los costos, esto lleva a repercusiones en cascada a todos los productos», alerta el presidente de la UPM; lo que tensaría la inflación al alza. Además, señala, las crisis concatenadas no han permitido tomar aliento a muchas empresas del sector. «Salimos de una crisis y nos metemos en otra. Todo esto es malo para la sociedad en general, no solo para la parte industrial, porque al final toda la industria acaba yendo al consumo finalista», reflexiona el empresario.



